María Cecilia Sánchez desnuda su talento

"Me gustaría dejar de trabajar para otras personas, empezar a hacer cosas para mi y tomarme la vida con un poco más de calma" María Cecilia Sánchez, actriz de El Arriero.
María Cecilia Sánchez desnuda su talento

Habla pausado, como queriendo recuperar el tiempo que, dice, se le ha escapado por andar trabajando. Mientras recuerda a sus maestros de la escuela de Bellas Artes de Cali, deja ver una sonrisa, al tiempo que cuenta uno por uno los taches de su pantalón de mariachi mexicano, que consiguió en un mercado en Guadalajara. "Mi pasión escondida es el diseño de ropa; me encanta intervenir en cada prenda que voy a usar en una grabación".

María Cecilia Sánchez nació en Santander de Quilichao, en el Cauca. Lo suyo definitivamente es el arte, pues se defiene como "negada" para el cálculo, la química y todas las ciencias exactas. "Cuando me fui para Cali, a estudiar a Bellas, artes todavía debía logros que tuve que recuperar en un bachillerato acelerado", comenta sin pudor.

No le teme a nada, no le avergüenza nada, no se cohíbe con nada. Precisamente por eso, en su actuación en la película El Arriero no tuvo ningún problema en desnudarse en varias escenas, lo que no significa que no tenga algunas objeciones respecto al uso recurrente del recurso en la cinta. "Los desnudos son como las historias: hay un inicio, nudo y desenlace. Eso quizá no pasa en El Arriero, el hecho de que a los cinco minutos de iniciada la película se muestre un desnudo es demasiado explícito". Su papel de Lucía, una valluna-española, le significó además de los constantes desnudos el esfuerzo de manejar tres acentos.

¿Cuál es esa mística que tiene el cine que hace que todos los actores de este país quieran hacer una película?. La respuesta es sencilla y casi obvia para ella, "el cine es arte, es lo más cercano a un capricho artístico que puede tener un actor. La televisión le da a uno la subsistencia, el cine te llena de arte". Y entonces, una sonrisa nerviosa se apodera de su rostro, porque sus declaraciones le parecen atrevidas, pero no lo suficiente como para descargar unas cuantas apreciaciones más sobre la televisión nacional y afirmar que es necesario que en Colombia existan más de dos canales. "Hay millones de hogares colombianos donde el único medio de entretenimiento que tienen es la tv, no hay libros, no hay revistas, no hay computador; por lo tanto lo único que ven es lo que presentan estos dos canales y por si acaso Señal Colombia. Esto no puede seguir así".

Llega un cliente al restaurante donde se realiza la entrevista, la saluda por su nombre. Ella agradece que la recuerden como María C,  la de La Isla de los Famosos o la de Bailando por un Sueño, dos realities en los que ha participado. Disfruta la reacción amable de la gente y  que no le suceda lo que a muchos de sus  colegas, que los reciben con carterazos o insultos porque los asocian inmediatamente con algún papel antagónico que realizan en una novela.

¿Puede llegar a esto a ser contraproducente si se piensa que el público identifica a una mujer que participó en dos realities y no a una actriz? Sí, -responde con determinación- "ha sido una lucha con todo el mundo. Después de mi salida de los realities tuve que rechazar muchos proyectos porque no quería que el público pensara que estaba aprovechando mi cuarto de hora. Por eso me alejé un poco de lo medios. Demostrar que uno tiene talento, que estudió y que es una apasionada es muy jodido", dice dejando escuchar su acento caleño.

Se escucha como caleña, cambiando las "s" por "j", aún siendo caucana, acento que  consiguió en su paso fugaz por la capital del Valle. Estudiaba teatro y trabajaba con el fotógrafo Miky Calero, quien se encargó de mostrarle el mundo de la publicidad, con el que pudo hacer un capital económico considerable.

Para ese entonces el movimiento cultural en Cali se concentraba en diferentes lugares, entre ellos bares como Plaza Sésamo, donde María Cecilia se juntaba con los integrantes del grupo Superlitio, y con varios amigos más, a hablar de cine y a cantar.

Añora a Cali como añora tener tiempo libre para hacer lo que le plazca, para hacer su propio arte, para trabajar para ella y no para los demás. Y con una voz más pausada que la del inicio de la entrevista, más tranquila y más sonriente asevera: "ya llegará el momento de la calma en mi vida".