Matador: "“En un país de matones yo elegí matar de la risa"

Este es el caricaturista de moda. Un hombre relajado que no cambia por nada su Pereira del alma. Todos los días compite con más caricaturistas por salir en las páginas editoriales de El Tiempo... y por lo general gana. Sus dibujos mantienen a más de uno en la raya.
Matador: "“En un país de matones yo elegí matar de la risa"

Julio César González llega todos los días a las siete de la mañana a su pequeña oficina en el piso 17 del edificio Diario del Otún, el más alto de Pereira; lee los periódicos, oye las noticias y luego hace sus rayones y los deja reposando sobre su escritorio custodiado por una foto de Fontanarrosa, su héroe, y otra de su hija Sara, su heroína.

Hacia el mediodía almuerza con su mamá Alicia –los privilegios de vivir en una ciudad pequeña– y vuelve a la una de la tarde a escanear su caricatura, le hace los retoques finales y a las tres la envía a los correos pertinentes en la Dirección de El Tiempo. Al día siguiente compra el periódico como quien lo busca para saber si se ganó la lotería; la suya es aparecer en las páginas editoriales, cosa a la que ya nos tiene acostumbrados. Julio César en realidad es Matador, un hombre de 40 años que descarta de tajo venirse a vivir a Bogotá y que con su humor gráfico todos los días se mete en la cabeza de los colombianos. Matador de alto calibre.

El personaje más bonito que ha dibujado

Una Mafalda embarazada. Hace años violaron a una niña como de 9 ó 10 años y quedó en embarazo, entonces me dije: ¿cómo hago para decirle esto a la gente?, y salió una Mafalda embarazada.

El más feo

El más feo, Fabio Valencia Cossio, el ministro del Interior y de Justicia.

¿Qué es la creatividad?

La creatividad por lo general son dos ideas que usted une y que supuestamente no deberían unirse. La semana pasada, por ejemplo, estaba la noticia de que la Corte dijo que no podía penalizar la dosis personal y, por otro lado, está la idea latente de la reelección de Uribe. De ahí sale un Uribe dándole duro a la droga... de la reelección.

Bueno, ¿cómo se dibujaría usted en palabras?

Matador es un pendejo que hace matachos. El hijo no reconocido de Roberto Fontanarrosa.

¿Qué quería ser de niño?

A los 7 años nosotros nos fuimos a vivir a una casa vieja de bahareque de dos pisos. Enseguida vivía uno de mis mejores amiguitos de la infancia, que tenía unos libritos que se llamaban Enciclopedia del Humor. Cada vez que iba los miraba. Eran caricaturas, muchas no las entendía porque a los 7 años hay cosas que uno no entiende, pero al final encontré una reseña de Roberto Fontanarrosa, “rosarino –decía–, caricaturista y publicista”, desde entonces quise ser como él.

Su diagnóstico sobre el oficio.

El caricaturista en Colombia no digo que haya perdido vigencia pero no es tan contundente como el de antes con un Rendón o un Adolfo Samper. Como la moral del país se prostituyó, ahora uno hace una caricatura de un político corrupto y lo que pasa es que el político pide que uno se la firme. Yo no entiendo, la moral cambió, todo se volvió más relajado.

¿El mensaje no está llegando como llegaba antes?

Exacto, se está diluyendo. Es como decirle a la gente: “Vea, hermano, estas son las tragedias de este país”, y el lector se ríe pero no le presta mucha atención.

¿Qué sería lo ideal? ¿Cuál sería la reacción ideal del lector frente a sus caricaturas?

Sin ser pretencioso, uno queda muy bien pagado con que alguien lo pare en la calle y le diga “esa caricatura me hizo reír pero el tema me indigna”.

Le percibo un tono de insatisfacción frente al que mira sus caricaturas.

Yo creo que ese tipo de pretensiones uno no debiera tenerlas, sería ideal que una caricatura le cambiara la forma de ser a las personas, pero no es así y el colombiano, en el fondo, sabe que tiene que gozarse las caricaturas y tiene que gozarse la realidad porque nada va a cambiar. Hay una cierta esperanza y desesperanza en todo colombiano.

En un país de amenazas, ¿lo han amenazado?

No, no, no. Lo peor pasó cuando trabajaba en La Tarde, en medio de la ola de escándalos por pederastia en la Iglesia yo saqué una caricatura en la tarde que decía: “Padre, acúsome que a mí me gustan los hombres”, y entonces el padre le decía: “Reza diez padrenuestros y déjame tu teléfono”. Al otro día en la misa, en la antigua iglesia de guadua, unos párrocos dijeron desde el púlpito, en resumidas cuentas, que yo era el demonio.

¿Cómo fue su proceso en El Tiempo?

Cuando empecé en el 2003, salían por ahí diez caricaturas mías al mes, pero después salían más, más y más, hasta que me fui convirtiendo en caricaturista diario. Ahí pasó la publicidad en mi vida al segundo puesto y lo que era el hobby me ocupó todo el tiempo.

¿Por qué no se ha ido para Bogotá?

Porque a mí me apabulla mucho la ciudad grande y esto lo puedo hacer aquí, lo puedo mandar por internet, no necesariamente tengo que estar en Bogotá. Para mí Bogotá es como un vestido demasiado formal y yo para la corbata soy muy malo.

Está cotizado en El Tiempo.

No me la va a creer, pero nunca he pedido un aumento de sueldo. ¡Nunca! Me están pagando lo mismo que cobraba hace seis años cuando empecé.

¿No tiene un mánager?

¿Un mánager? No. Y sí que lo necesito para que me organice porque yo lo que sé es hacer rayas.

¿Su peor embarrada en la vida?

Cuando me echaron en cuarto semestre de Publicidad en la Universidad Católica de Manizales, con el esfuerzo que hacían mis papás para pagarme la U, me recibieron con un taxi destartalado de un primo, un Fiat Zastava modelo sesenta y pico, y duré casi dos meses “voltiando”. Qué paradoja, me dieron coche para que viera que la vida no era ir en coche.

¿Y después lo volvieron a poner a estudiar?

Ya me tocó pagarme a mí la Universidad trabajando como creativo en una agencia.

Hábleme de sus papás.

Ovidio, zapatero, y Alicia, su gran compañera. No terminaron la primaria. Ambos venían de El Dovio, en el Valle del Cauca, desalojados por la violencia, y aquí en Pereira, por cosas de la vida, se conocieron y se casaron. Tuvieron 4 hijos. Yo soy el primogénito.

¿Su papá lo apoyó en eso de ser caricaturista?

Una de las cosas que me impulsaron más a dibujar fue que mi papá me decía: “Deje esas güevonadas de estar haciendo muñecos a toda hora, más bien póngase a hacer algo útil” .

¿Rebelde desde chiquito?

Con él siempre fui muy rebelde. Él es como esos papás viejos criados a la antigua, y como nos criamos en una zona empresarial venida a menos, junto al parque La Libertad, donde había bares y putas y había crímenes, entonces él fue muy fuerte para que no me pasara lo que les pasó a muchos de mis amigos, que se desviaron en las drogas y en otras malas vueltas.

¿Cuál era el de la frase que más le machacaba su papá?

Mi viejo me decía: “Al hombre pobre la cama lo mata, si tiene mujer se acaba de joder, si tiene moza peor la cosa”.

Un personaje de la vida real difícil de dibujar.

Sergio Fajardo.

¿Por qué, qué es lo difícil de dibujar a Fajardo?

Porque es muy simétrico, es más fácil dibujar las personas con rasgos fuertes. Igual de difícil que caricaturizar a las reinas con esas naricitas tan perfectas.

¿Cuanto más monstruo el personaje, mejor?

Mejor, Juan Lozano es delicioso dibujarlo con esa nariz tan larga.

Un personaje que ya dibuje de memoria, hasta dormido.

El presidente Uribe y Chávez.

La caricatura que le haya causado más gusto.

La de Uribe inyectándose la reelección.

¿Uribe le ha mandado decir algo?

No, no, no, nunca, porque, supuestamente, él dice que no lee medios nacionales.

¿Personalmente se conocen?

Yo no lo conozco.

¿Qué es lo más cerca que ha estado de Uribe?

Lo más cerca como a 100 metros, la vez que el periódico La Patria cumplió 30 años. Él vino y estaba ahí pero no más. La sensación mía es como de asco porque el poder es como una pila de mierda y por muy correcto que usted sea, usted pasa por un ladito y algo se le unta. Yo no le creo al poder.

¿A quién le cree Matador?

Yo le creo a una pobre vendedora en el barrio La Churria, de Pereira, que se gana un mínimo y que tiene tres o cuatro pelaos, a ella le creo.

¿Por qué el seudónimo de Matador?

Por la canción de los Fabulosos Cadillacs.

Matador en un país de matones.

A eso es a lo que voy, en un país de matones yo elegí matar... pero de la risa.

¿Qué siente eso de meterse en la cabeza de los lectores sin que lo conozcan? ¿Eso es como en la lucha libre, lo importante es la máscara?

Sí, es buena analogía, lo que pasa es que yo he sido muy malo para socializar, para esto de las entrevistas.

¿En el fondo qué le da miedo de que lo conozcan?

Me da miedo perder un poco la privacidad.

¿Usted cree que el caricaturista que “socializa” puede ser blanco de más críticas?

Sí, claro. Supongo que Vladdo está más expuesto a la gente que no lo quiere porque tiene más exposición a los medios y está más cerca a los entes del poder. Pero como yo estoy en Pereira, a mí no me gusta nada de la sociedad, ni fiestas, ni agasajos, ni conocer a Pachito porque es Pachito.

¿Qué hay en Pereira que no tenga en Bogotá?

La felicidad de mi hija, mi esposa y el Ron Viejo de Caldas.

Una obsesión que no lo abandona un segundo.

De pronto ser buen papá. Pienso mucho en mi hija Sara.

¿Las caricaturas que no publican, las que quedan en el limbo, por qué se quedan en el cajón?

Antes, cuando no existía el blog, esas se morían, pero ahora todas, incluso las que salen y las que no salen, las publico en mi blog, Matadorcartoons.blogespot.com.

¿Qué hay que hacer con…?

Hugo Chávez:

Mandar a prender inmediatamente un avión Zucoy, montarlo y enviarlo al manicomio más cercano.

Correa:

Regalarle un Rolex o en su defecto un Reyex.

Obama:

Obsequiarle de amor y amistad un tarro de Clorox protección color. Porque se está decolorando muy rápido.

Las Farc:

Al igual que los paras... mandarlos a la gran puta mierda. (Por más grosero que suene, alguien tenía que decirlo en una revista)

Amparo Grisales:

Hacerle el humor.

Uribe:

Obligarlo a dar la cara a los 20 millones de pobres, a los ocho millones de indigentes, a los cuatro millones de desplazados y a los tres millones de desempleados... y después lo mismo que con los paras y la guerrilla.

¿Qué pasa con los caricaturistas con los años? ¿Son como los golfistas, que se cotizan, o como los futbolistas que se cansan más rápido?

Como los golfistas, yo veo a Osuna y es un tipo brillantísimo, tiene el toque mágico.

¿El toque mágico?

Sí, donde pone el ojo pone la pulla.

¿Y la caricatura, para qué?

Pa’ mamar gallo, es para lo único que sirve.

¿Matador a qué le tiene miedo?

De pronto a lo que le sucedió a Fontanarrosa, que por alguna enfermedad no pueda dibujar.

¿De qué sufre Matador?

De enfermedades no, nada.

Por las gafas sobre el escritorio, ¿de pronto un poco de hipermetropía?

Un poco, pero el secreto está en todos los días tomarse un vasito de aguardiente amarillo, es una costumbre de una de mis abuelas. Yo desconfío mucho de las personas que no se toman un trago. Hitler no tomaba y Mussolini como que tampoco y eran personas muy histéricas, en cambio cuando usted se toma un trago relajado, eso como que le da el toque a la vida.

Matador, un consejo para la gente joven que de pronto quiere ser caricaturista.

Lean, esa es la base de todo.

¿Lean qué?

De todo lo que le caiga. Pero que lean.

¿Los caricaturistas están en vía de extinción?

Sí, me temo que sí pues los jóvenes caricaturistas no leen, no se informan, no interpretan. Los dibujos pueden ser hermosos pero no tienen el picante ni el fondo del humor, no dicen nada.

¿Un caricaturista, en el fondo, no es un artista frustrado?

No, en mi caso no, porque yo no tengo formación artística, nunca he dibujado nada serio, todo han sido mamarrachos.

¿Una caricatura para su epitafio?

“Qué bajo he caído”.

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