Mirando como ella

Unas cuantas horas en el cuarto oscuro de una base aérea en Filipinas (donde su padre fue asignado durante la guerra de Vietnam en 1967), fueron suficientes para que Annie Leibovitz se enamorara de la fotografía.
Los retratos fueron su primer experimento y, curiosamente, con el tiempo se convertirían en una marca registrada por la que revistas como Vanity Fair, Vogue y Rolling Stone le pagan hasta dos millones de dólares al año.

Insólitas, bellas, emocionantes, originales, estéticas, atrevidas, impactantes... estas son sólo algunas de las críticas que sus fotografías han recibido, calificativos por los que en 1984 la Asociación Estadounidense de Editores le otorgó el título de Fotógrafa del año, y por los que seis años más tarde fue nombrada ‘Leyenda viviente' por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos'.

A sus 59 años, Leibovitz ha reunido por primera vez lo mejor de su trabajo realizado entre 1990 y 2005 y lo ha combinado con imágenes de instantes íntimos y espontáneos al lado de su familia. La fusión ha servido, entre otras cosas, para demostrarle al mundo que todas sus fotografías tienen un origen común. "No tengo dos vidas, sólo una, y tanto mis fotos personales como los encargos son parte de ella".

La exposición, titulada "La vida de una fotógrafa 1990-2005" consta de 200 fotografías que sustentan su profesionalismo y disciplina, y que reflejan, más allá de si forman parte de su inspiración personal o de si han sido encargos para revistas, que son composiciones elaboradas a partir de una relación muy personal con su modelo. La intención no es lograr fotos de gran formato sino instantán

 

Temas relacionados

 

últimas noticias

Cinco curiosidades sobre los zurdos

¿Es malo quedarse en la cama todo el día?