¿Por qué Mockus en la portada?

Puede que no pase de un gran reconocimiento popular. Puede que lo suyo no sea sumar votos.

Puede que aún esté verde. Puede que no llegue a la Presidencia. Puede que todavía le falten ruedas para que aterrice desde tan alto en nuestras cabezas. Pero queda en la mente de muchos una puerta medio abierta. Queda la idea de que puede ser posible la política sincera, de lo correcto, sin promesas interesadas, sin mentiras de campañas electoreras.

Que no es suficiente con que alguien nos diga lo que queremos oír para que la política sea efectiva, que también es necesario alguien que exteriorice lo que no nos atrevemos a decir o que nos diga cosas necesarias por más que sean incómodas. Que el psicoanálisis también vale. Que el combate contra la ilegalidad comienza en nuestras conciencias. Que nos enfrente al espejo de nuestras complicidades “rosas” con lo que no está bien. Puede que no gane. Que todavía los colombianos quieran un Presidente del que se esperen cosas y al cual achacarle sus propias culpas y carencias. Autoritario. Que no enseñe, que mande. Pero queda la semilla de que el poder puede tener otra manera de ser. Más filosófica, que nos ayude a vivir todos los días como una sociedad civilizada. Que ponga gran atención frente a las preguntas y los problemas y siembre profundos silencios antes de sus respuestas.

Esté en televisión o en el sofá de su casa. Que nos corrija. Que no sólo sea esperar, que también nos ponga a pensar y que también nos mueva. Que nos diga que esa amistad con el atajo y la gabela debe parar. Que nos diga cómo volver a la cultura ciudadana, a la convivencia con los demás. Que resuelva los problemas pero con transparencia. Que a veces dude o cambie de parecer pero siempre tratando de mejorar su opinión con la opinión del otro. Esa es la democracia. Puede que no aguante una clase de cuatro años, que no tengamos la atención y la paciencia, puede que no pase de una feliz anécdota, pero queda la ilusión de que la política puede ser otra cosa.

Que la astucia puede ser reemplazada por la confianza. Que se pueden rechazar la violencia y el odio –léase Farc– sin más odio. Que “todos”, más que una palabra de cajón en los discursos, es la solución a nuestros monstruos. Más allá de que Mockus gane, nos interesa el fenómeno de un hombre que con la mitad de experiencia política logró calar mucho más que muchos políticos en toda su vida. Más allá de que sea el candidato de todos, quisimos hablar con él porque todos en el fondo tenemos un poco de Antanas Mockus.