Ocho años después

Hace bien Plinio Apuleyo Mendoza en señalar el estado en que queda el país, después de ocho años de "Seguridad Democrática" y de los gastos más grandes de la historia dedicados al Ejército y a la guerra.

Leámoslo a él, que no puede ser sospechoso de estar en contra de Uribe: “Lo cierto es que la guerrilla, hasta ayer arrinconada, hoy da golpes en Nariño, Cauca, Huila, Tolima y Arauca. Aparece de nuevo en las carreteras. Pone explosivos en Buenaventura o Neiva. Y ahora, en una emboscada, da de baja en el Caquetá a nueve infantes de marina. Simultáneamente, mueve en las ciudades sus agentes infiltrándolos en las universidades para que, cubiertos con capuchas, disparen a la Policía o les lancen explosivos y, con armas y emblemas del Eln, hagan una parada en la Universidad Nacional”. Tiene razón Plinio en su columna de El Tiempo: esta es parte de la herencia de Uribe, ocho años después del cheque en blanco que le firmamos para que se gastara la mayor tajada del presupuesto en balas, granadas, helicópteros y fusiles.

Si ocurriera el milagro, si se realizara el sueño de que en estas semanas gane la cultura ciudadana (los ex alcaldes Mockus y Fajardo) y pierda la ira rural (el uribismo terrateniente), tenemos que recordar en qué estado queda el país, citando, para que no haya dudas, las palabras de Plinio. O recordando cómo, por ejemplo, en el bajo Cauca antioqueño y parte de Urabá son las mafias, los ex paramilitares, los neo-narcos, quienes se apoderan de las tierras y quienes aterrorizan y desplazan a los campesinos. Pregunten cómo queda el país en las hermosas tierras de Caucasia, después de ocho años de gobierno “a favor del campo”. Sí, a favor del campo de los mafiosos y la contrarreforma agraria de los paramilitares desmovilizados.

Que no digan, cuando entre el nuevo gobierno (si este sueño se cumple), a la primera incursión guerrillera en Nariño, Cauca, Tolima, Huila, Arauca, o a la primera masacre en el Bajo Cauca o en Urabá, que antes, con Uribe, todo era paz y color de rosa. La culebra sigue vivita y coleando, ocho años después de quitarle a la educación, a la salud, al empleo, a la alimentación y a la vivienda los ingentes recursos que se fueron para la seguridad. El caldo de cultivo de todas las violencias se sigue incubando en la miseria de las ciudades, de los pueblos, y en los millones de desplazados del campo. Que no digan que nos dejan en herencia un país paradisíaco. La muerte, el desempleo y la ignorancia siguen campeando aquí, porque con balas es muy difícil que entre el mensaje de que “la vida es sagrada” o de que “la educación es lo primero”.

No soy optimista. Las mentiras contra Mockus están calando en muchas mentes ingenuas: que es un Chávez disfrazado de oveja, que quebrará a los médicos, que será débil con la guerrilla, que subirá los impuestos y acabará con la inversión. Más aún, como dijo un macabro columnista de mente retorcida: que apoya la pederastia. Los mentirosos y embusteros harán lo que sea para que el filósofo, el matemático y el educador parezca un monstruo. Con una maldad satánica, no le dicen Antanas, sino Satanás. Si consiguen desfigurar así a este hombre íntegro, y si los ciudadanos se creen todavía estas mentiras infames, querrá decir que todavía no nos merecemos tener un gobierno digno. Seguiremos matándonos otros ocho años; y después de ocho años de gobierno de Santos, si estamos vivos, para que el pueblo vuelva a elegir a su delfín, y para poder llegar a otra embajada en Europa, Plinio volverá a decir —metiendo miedo— que todavía hay ataques guerrilleros en Nariño, Huila, Cauca, Tolima, etc., y que la guerrilla está infiltrada en la Universidad, por lo cual necesitamos más años de la misma medicina, encarnada en algún gran apellido. Cuanto más mal estemos, más recursos serán necesarios para el Ejército y más duros gobiernos vamos a necesitar una vez más, porque se supone que a los malos solamente se los combate con ira y con maldad.