Periódicos, plata, poder

Coinciden en Silvio Berlusconi, el líder de la derecha italiana, tres características que no son contradictorias, sino que más bien parecen obedecer a los tres pasos lógicos de un silogismo:

Es el tipo más rico y gracias a su riqueza el más poderoso y por ende el más corrupto de Italia, empeñado hoy en una sucia batalla legal contra la prensa libre. 

La plata y el poder que quieren ocultar la verdad sobre la plata y el poder, que en este caso no están al servicio de los ciudadanos, sino al servicio de sí mismos: tengo más poder para tener más plata para tener más poder para tener más plata.

Confluyen en la familia Kirchner, marido y mujer, los líderes del populismo argentino, las mismas cualidades, aunque con un orden inverso en las premisas: acumularon un poder dinástico, que se tradujo en más riqueza corrupta y ambas cosas las usan hoy, de manera sucia, para tratar de amordazar y arrodillar, con el arma de ley (el fisco, las demandas por injuria o calumnia, la entrega de la información al “pueblo”, es decir, al Gobierno) a la prensa que los critica.

El coronel Chávez reúne en sí los poderes omnímodos con que soñó Bolívar en su fase cesarista. Si bien no se enriquece él personalmente, permite que se hinchen de plata los hermanos y el resto de la familia. Y usa ese poder, complementado con la cooptación de la justicia, para poner de rodillas (o directamente cerrar) las emisoras que no le simpatizan, los canales de televisión que se oponen a él y los periódicos críticos con su gobierno, que corren el peligro de desaparecer a punta de multas.

 En las democracias aparentes no es necesario matar a los periodistas: basta silenciarlos con demandas que los dejen en quiebra o con sentencias que quiebren su moral, usando para tal fin a los magistrados amigos de la causa política del caudillo de turno. Si en Colombia el silogismo no funciona igual es porque aquí la justicia no ha sido cooptada por el poder (todavía). Se requiere más tiempo —quizá otra reelección— para poder modelar las altas cortes según el amaño del Ejecutivo.

Lo anterior, en Europa y en América, es el espíritu de los tiempos: la plata y el poder son un látigo para domar el prestigio de la prensa. Y estas tres Pes (plata, prestigio y poder) son las que mueven el mundo, al menos el masculino.

A las tres Pes habría que agregarle otra Pe para que la ecuación funcione a la perfección: putas. Este esquema se ve con nitidez en el caso de Berlusconi, el putañero. Pero no crean que en Colombia no ha funcionado. Los agasajos a los banqueros (plata) interamericanos, en Cartagena, no excluían las orgías con muchachas del oficio de la cuarta Pe. Lo cuenta un testigo presencial que tuvo la desgracia de ver —sin querer— las barrigas de los banqueros al aire y sus partes sin calzoncillos. Igual que la Villa Certosa de Berlusconi, pero no en Cerdeña, sino en la Ciudad Vieja.

Habrá quien crea que es envidia mía, si comento esto. Dirán como Berlusconi: “Los que me critican quieren ser como yo”. Pues no, no todos queremos ser como él, y no es envidia: es desagrado, es asco. Los poderosos del mundo, que además son ricos o se vuelven ricos, no soportan verse en el espejo de la prensa (porque viven de la falsa imagen de su aparente dignidad, porque son los campeones de la hipocresía), y por eso son los mismos que con más virulencia persiguen al periodismo independiente.

Berlusconi acaba de amenazar con la quiebra a El País de Madrid, que no recibe ni un euro de publicidad de sus grandes consorcios europeos y que está siendo sitiado por los acreedores. Muchos otros periódicos corren el riesgo de ser estrangulados por las demandas millonarias y la cancelación de los avisos. Cuando no haya periódicos ni emisoras ni canales independientes, estaremos del todo en las manos de estos poderosos con plata. Que ahora, con fraudes y demandas, y ocultando su cara verdadera bajo una máscara hipócrita, quieren apoderarse también de la única Pe que no tienen todavía: el prestigio.

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