Puro tilín tilín y nada de paletas

Que te extraño, que te pienso, que quiero verte, que ya te caigo, que ahora vuelo... y uno ni cae, ni llama, ni vuelve.

Esa es la típica parlanchinea colombiana, exclusivamente de terreno criollo, porque vaya usted y dígale a un inglés –o hasta a un vecino ecuatoriano– que ya regresa y él sí se queda sentadito esperando, mientras nosotros ya estamos en otra parranda. Es como una eterna blujeaniada de esas de la adolescencia que dejaban con blueballs de los 12 a los 14 años.

Y así es para todos los encuentros… “Mi amor, me hubiera encantado que estuvieras aquí conmigo”. ¿Por qué no la llevó al paseo? Y entonces cuando Ramón le dijo a Julieta que se moría por verla, pues ella tomó el primer avión y salió a verlo. Luego de esperar horas en el aeropuerto, logró que la montaran en el vuelo, aterrizó a tiempo, se montó en un taxi, se retocó y se puso perfume y cuando no lo encontró en el cuarto, le preguntó por chat dónde estaba. “Pensándote en el bar del hotel”, y Julieta entró al bar para encontrarse a Ramón, ebrio, con una chica de su trabajo. Por lo menos ella se arriesgó; existen otros soñadores masoquistas que se quedan esperando cual María a que Efraín le mande una carta a favor del amor, ¡pero qué novela tan aburrida! Y no es pura cuestión masculina, porque las mujeres también se la pasan botando renglones coquetos por el chatberry, insinuando un encuentro… ¡pero a la hora del té no hay galletas!

En respuesta está surgiendo una nueva modalidad en contra del endulzamiento severo, una modalidad que inmoviliza el teclado si su fin no es llegar a un epílogo contundente. (Esta modalidad tomó varias conversaciones abiertas, varios mensajes insinuantes y un par de salidas demasiado esporádicas para formarse y ya tiene su fanaticada) ¿Por qué y hasta qué momento debe sonar y sonar la campana si en el carrito no están ofreciendo nada? Retomo la blujeaniada, la cual era perfecta en su momento porque dejaba a ambos esperando, pero era una actitud social más que de ganas, se sabía que al cabo de meses o años, llegaba el premio. Pero, ¿y ahora? ¿Hasta cuándo se debe jugar el funny game si ambos, o al menos uno, sabe que de mensajitos no va a llevar a nada? Si no quiero verle la cara, si evito a toda costa un encuentro, si la lista de disculpas ya no da abasto, se cierra la conversación y se lo manda a limited profile.

Y la segunda vez que sucedió un episodio similar, Julieta no reaccionó, y el room service que tenía Ramón fue a parar al corredor, y sus blueballs se incrementaron y más la deseó y ahora, cuando le decía que quería verla, en serio quería verla, pero llegó un poco tarde para cambiarle las reglas del juego y Julieta ahora le cerró la conversación y está chateando con uno que la primera vez que le dijo “me encantaría verte” y ella le respondió que a ella también, él tomó un vuelo y a cenar junto a ella. ¡Ah cursi y rosa!, parece sacado de la Vanidades, pero qué va, es romántico, y todos, incluidos los sietemujeres, persiguen su romance.

“Acción es carácter”. Lo dice McKee, es lo que debe hacer el personaje para que la historia tenga trama. Entonces si va hacer sonar esas campanas, lo recomendado es tener el carro cargado. Paletas de coco, de limón, de leche, porque… ¿para qué hacerse desear tanto?