Renace el Continental

Después de ser el centro de la vida social y política capitalina durante varias décadas, y de sufrir su cierre por 17 años, el Continental vuelve convertido en hotel boutique.
Renace el Continental

El 9 de abril de 1948, pasada la una de la tarde, Jorge Eliécer Gaitán salió de su oficina, ubicada en el edificio Agustín Nieto, sobre la carrera séptima, invitado por Plinio Mendoza a almorzar al Hotel Continental. Pero los comensales nunca llegaron a su destino. En ese momento el caudillo fue asesinado y la ciudad colapsó bajo la ira del pueblo.

El hotel era centro de atención de la sociedad bogotana porque acababa de abrir sus puertas. Su restaurante había ganado en pocos días gran reputación por la comida francesa, que ofrecía en un amplio mezanine que daba sobre la avenida Jiménez. No era extraño que Plinio Mendoza quisiera convidar a sus amigos a este sitio, que por esos días albergaba a decenas de delegaciones internacionales que participaban en la IX Conferencia Panamericana.

De hecho, la edificación había sido diseñada como sede de oficinas y comercio, pero se convirtió en hotel por orden del presidente Mariano Ospina. Era, sin duda, el más moderno de la ciudad, que en ese momento contaba con una pobre oferta hotelera.

Nadie se explica por qué este lugar sobrevivió a la hecatombe, que dejó 136 edificaciones destruidas en la ciudad, pero el Continental no sólo quedó en pie sino que siguió abierto al público ese día y, según se dice, sirvió muy puntual el té de las cinco de la tarde.

Después del ese fatídico 9 de abril, el hotel siguió atendiendo a los invitados internacionales y, en adelante, se convirtió en el hotel de moda.

El Regina y el Atlántico, dos de los mejores de la ciudad, no habían sobrevivido al ‘Bogotazo’. En consecuencia, las instalaciones del Continental fueron las más modernas de su tiempo. Contaba con 145 habitaciones entre sencillas, dobles y apartasuites, cuyo valor oscilaba entre 16 y 26 pesos la noche. Una de las grandes novedades era que tenía teléfono en cada habitación y les ofrecía a sus selectos clientes el servicio de secretaria.

Así comenzó la historia de este hotel, que fue protagonista de la convulsionada vida bogotana de mitad de siglo, y luego decayó por la cambiante dinámica de la ciudad hasta terminar en ruinas, alojando indigentes y drogadictos durante varios años. Ahora ha renacido de sus cenizas para convertirse en uno de los más arriesgados proyectos urbanísticos del centro.

El nuevo Hotel se llamará Continental Oll Suites. Tendrá 120 apartamentos estilo loft, modernos y espaciosos, que pretenden emular la modernidad que en su momento le imprimieron los propietarios del antiguo edificio, los italianos Sergio Cozza y Aldo Salvino, y el arquitecto Vicente Nasi, encargado de la construcción. La diferencia es que estos apartamentos están concebidos para largas estadías y están equipados con cocina, implementos, vajilla, horno y hasta lavadero, para que hombres de negocios que vienen del exterior, o familias de turistas que no quieran un hotel tradicional, puedan vivir cómodamente varios meses. Algunos de ellos ya fueron vendidos como residencia permanente.

El proyecto hace parte de la recuperación del centro de Bogotá y ofrece como atractivo una ubicación estratégica, cerca de 15 universidades, 30 museos y sitios históricos como el Chorro de Quevedo, Monserrate y la Academia de Historia, entre otros. Cada apartamento estará dedicado a un lugar tradicional y turístico de la ciudad, con obras de arte y textos alusivos a cada sitio.

Fueron necesarios cerca de 30.000 millones de pesos en la restauración del edificio, que conserva la fachada original y que albergará también 30 locales comerciales. Tal vez sin la suntuosidad de los años 50 y 60, cuando el Continental ofrecía, además de su restaurante principal, con capacidad para 500 personas, el Salón Venecia, y el Grill El Greco, el Continental de hoy tendrá una zona de comidas con oferta internacional y una discoteca con ambientación de los años 60.

En su época dorada, el Continental fue el hotel obligado de visitantes ilustres. En su suite se alojó, por ejemplo, Guillermo León Valencia pocos días antes de posesionarse como presidente en 1962, y también Alfonso López Michelsen en diferentes momentos de su vida. Ahora, seguramente, albergará a presidentes de multinacionales o diplomáticos en tránsito de quedarse. Lo importante es que Bogotá ha recuperado de muy buena manera uno de sus más preciados símbolos arquitectónicos.