Simon Cowell, con su show a otra parte

El juez más odiado de American Idol dejó el concurso para producir en 2011 la versión estadounidense de El factor X. Un buen negocio para este inglés que lanzó a Il Divo, Leona Lewis y Susan Boyle.
Simon Cowell, con su show a otra parte

El duro, el cruel, el ácido, el temible, el cínico, el malo. Así y con otras fuertes palabras definen a Simon Cowell, el inglés más odiado de la televisión gracias a su implacable papel de juez en American Idol, el concurso de talento donde los aspirantes a estrellas podrían ser calificados por él como el peor cantante del mundo. Pero Cowell acaba de dejar el show, aburrido después de ocho años y la pasada temporada fue la última aunque los televidentes, los que lo odian y también aman verlo, no se librarán de él.

El temido juez regresará a la televisión estadounidense y lo hará en una fecha que parece pensada para ser inmortal: el 11 de septiembre de 2011, cuando se cumplen diez años del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. Algo memorable para el canal Fox, que contrató a Cowell esta vez como productor ejecutivo de la versión estadounidense de El factor X, show del que este británico es dueño y que lleva varias temporadas en Inglaterra y en otros 20 países. Todo un desafío pues Fox también produce American Idol y tendrá entonces dos concursos parecidos el próximo año.

Pero este es sólo uno de los proyectos de Simon Cowell, una de las personas más influyentes del espectáculo gracias a su olfato para descubrir estrellas desde los años 80, después de hacer una carrera en Emi Music, donde pasó de repartidor de correspondencia a ejecutivo busca talentos. Eran los tiempos de ventas millonarias en la industria discográfica y Cowell hizo un nombre también en otras disqueras como BMG y hasta que creó su propio sello: Syco Music.

Para entonces lanzó artistas sólo conocidos en Inglaterra y dio indicios de su ojo para el éxito cuando fue el primero que grabó famosos que incursionaban en la música, como los Power Rangers, los luchadores de World Wrestling Federation y los Teletubbies. El experimento fue un éxito.

Pero su primer triunfo mundial vendría después de ver un concierto de los Tres tenores, en 2001. Allí se le ocurrió probar con un grupo de cantantes de ópera, pero jóvenes y con música popular. Así nació Il Divo, otro experimento exitoso que ha vendido más de 18 millones de discos en todo el mundo. Ese mismo año debutó en la televisión como jurado de Pop Idol y al año siguiente se iría con su franquicia a Estados Unidos con American Idol.

Esa consagración como el jurado más cruel jamás visto en un concurso le permitió abrir más espacios de shows de talento en su país. Creó El factor X, que no tiene límites de edad en los concursantes y otros formatos como America’s got talent, American inventor, Celebrity duets, Rock Rivals, Grease is the Word y Britain’s got talent. De este último lanzó dos estrellas mundiales y vendedoras: Leona Lewis y Susan Boyle.

Cowell, con el factor x para el negocio, se convirtió en celebridad, en productor millonario y a quien llaman por estos días el verdadero ídolo de American Idol, pues sin él algunos ya vaticinan un descenso de audiencia en la nueva temporada que comienza en enero de 2011. Esto sólo preocuparía la canal Fox pues el inglés podría darse el lujo incluso de fracasar con su fortuna estimada en 196 millones de dólares e ingresos de 75 millones al año.

Pero el hombre al que ridiculizan por su peinado, sus camisetas apretadas para un hombre de 50 años y sus monocromáticos sacos de cachemir, parece regodearse con cierto cinismo, mucha vanidad y algo de humor inglés incluso para provocar a sus detractores, cuando afirma que se llevaría a una isla desierta un espejo: “porque me extrañaría a mí mismo”.