Por su culpa por su gran culpa

Motivos para tomarse un trago son muchos, tantos como remordimientos tiene una tragedia. El libreto es el mismo.

Imaginemos al abogado Fernando Abello como a todos los que celebran, con la copa muy en alto. Brindis va, brindis viene, la música sube, sube la confianza, suben las conversaciones, se relajan el cuerpo y la mente. No hay mejor estuche para una mente ebria que un cuerpo anclado que se cree una pluma.

Cree que puede volar pero en realidad es lo más parecido a una piedra. El cree planear pero la verdad es que apenas rueda. Por el camino del alcohol nuestro personaje se aleja de la realidad que lo espera del otro lado de la puerta. El libreto es el mismo. “A mí no me pasa nada” es su lema. “¿Está bien?”, es la pregunta obligada.

Arrastra las palabras, le pesa la cabeza, las manos caen pesadas. No se puede manejar, las cuerdas de este títere están desmadejadas, y sin embargo él quiere salir por su cuenta. Se despide. “A mí no me pasa nada” es su lema. A nadie en el fondo le interesa. Su mente está bloqueada o por lo menos en cámara lenta es visible toda su torpeza.

Cruza lo que tenga que cruzar buscando la salida y no hay nadie que lo pare. Suelta unas últimas palabras incoherentes y no hay nadie que le quite las llaves. Los ojos están perdidos y no hay nadie que detenga a este ausente, a esta fachada de persona sin nadie responsable adentro que responda. ¡Alguien por favor que lo mande en un taxi! ¡Alguien que entienda que lo que sale por esa puerta es tan peligroso como una bala! ¡Alguien que la descargue! “No está tan mal”, dice alguien para calmar su conciencia. Afuera el mundo sigue su orden.

Los carros corren por las vías. Se prenden las cautelas de la noche. El rojo de los semáforos parece más fuerte. “A mí no me pasa nada” es su lema. Mete la llave y enciende su carro. Ahora toda su torpeza se alimenta de muchos caballos de fuerza. Se convierte en la ficha negra de un juego macabro de ruleta. Viaja en su propia pesadilla, pero no en su cama sino en plena autopista. ¡Alguien que lo detenga! Avanza como una maldición. “A mí no me pasa nada” es su lema. Hasta que se estrella salvajemente contra la vida inocente.

En su confusión acabó con la vida de la señora Zoila Rosa Pardo de Zafra y dejó muy mal herido a Daniel Klug, un joven de 17 años, como también a otras 4 personas. Y ahora pide perdón a sus víctimas. ¡Que alguien le diga que lo que hizo no se puede reparar! ¡Que alguien le diga que merece un castigo! ¡Que alguien le diga que por su culpa a varias familias les cambió la vida! ¡Que alguien le diga que no es inocente!