Tendencias del más allá

Nuevas conclusiones sobre el consumo del vino. ¿Qué está ‘in’? ¿Qué está ‘out’?

En un país como el nuestro, donde el hábito de descorchar una botella de manera cotidiana comienza apenas a moldearse, quizás esto de las nuevas tendencias del consumo del vino no nos digan demasiado todavía. Por ahora, estamos inmersos en una etapa de encantamiento. Nos impresionan los vinos de marca; nos dejamos llevar por la reputación de enólogos y la tradición de las más antiguas y reconocidas casas productoras; ponemos a un lado los vinos jóvenes y frutados, y sólo prestamos atención a bebidas densas y potentes, preferiblemente si su contenido está envasado en botellas de vidrio pesadas y señoriales, compradas a precios a veces inverosímiles. La sentencia que se suele escuchar cuando apreciamos vinos de estas características suele ser muy corta y contundente: “Qué vinazos”.

Pero en países con una más larga experiencia de consumo, estos productos corresponden a exclusivos gozos de nicho. Lo que los bebedores toman a diario, en términos generales, es más simple y sencillo. Porque es allí donde está la vida o muerte de productores, importadores y comercializadores, y donde las compañías definen su futuro económico. El consumo más habitual de estos ejemplares está casi restringido a ejecutivos y altos empresarios.

El tema de cuáles son los vinos y estilos que se imponen en el mundo es apremiante para quienes administran los negocios. Por dicho motivo, el tema fue objeto de un interesante análisis por parte de 12 Masters of Wine de tres continentes, reunidos en la cuarta versión del Argentina Wine Awards, en Mendoza, la semana pasada. Lejos de tratarse de visiones académicas y encumbradas, los argumentos vinieron de profesionales que trabajan como compradores para monopolios estatales, grandes cadenas de supermercados, tiendas especializadas, clubes de vino, sistemas de venta directa y consultores de célebres hoteles y restaurantes. ¿Qué está in y que está out? Estas son las conclusiones principales del simposio.

OUT

Crianza prolongada

Rosemary George (MW), reconocida escritora y consultora británica, dice que las crianzas prolongadas en barricas de roble están en desuso. El consumidor de hoy busca vinos frescos y frutados, para tomar en cualquier momento y no necesariamente sólo para comidas complejas y situaciones especiales. Quienes más asignan importancia al carácter joven de los vinos son los nuevos consumidores, quienes, a diferencia de los más veteranos (que, en general, asocian el consumo con la gastronomía), abren una botella para pasar un rato agradable y conservar. “Sería contraproducente condenarlos a beber vinos intensos, tánicos y de gran extracción”, dice Sebastian Payne (MW), de Londres, jefe de compras de The Wine Society, un club de compras cerrado que se aproxima a sus primeros 140 años de vida.

Botellas gruesas y pesadas

“Por amor al medio ambiente, acabemos con las botellas sobredimensionadas y terriblemente pesadas”, recalca Rosemary George. El tema ha llegado a tal punto que la crítica y escritora inglesa Jancis Robinson instó hace poco a sus lectores para que le escribieran denunciando a aquellos productores que abusan de estos poderosos envases. La premisa era boicotear su compra. El argumento central es que los envases gruesos y pesados demandan mayor consumo de recursos y energía, y, por ende, son antiecológicos. Como contrapartida, una cantidad creciente de productores está volviendo a envases más ligeros.

Vinos demasiado ácidos o amargos

“Los consumidores de hoy buscan menor acidez, menor amargor y poca extracción y concentración”, enfatiza Dirceu Vianna, el único Master of Wine hombre de Latinoamérica, y agrega: “lo único que consiguen los vinos recargados es ahuyentar al consumidor”.

IN

Frescura y pureza

En su mayoría, este grupo de especialistas internacionales sugieren que, para un consumo más estable y continuo, se necesitan vinos “equilibrados y sin aristas”, como los cataloga Sheri Sauter Morano, la mujer estadounidenses más joven en obtener su título de Master of Wine. “Hoy el mercado se inclina por vinos más ligeros, delicados y elegantes”, dice. Por su parte, la inglesa Jo Ahearne (MW) complementa este opinión diciendo que las tres nuevas palabras clave son “pureza, simplicidad y equilibrio”. Si se dan estas variables, añade, cada copa producirá siempre una “agradable sensación de placer”.

La onda orgánica

Todos estuvieron de acuerdo en señalar que la preocupación creada por el calentamiento global está llevando a los consumidores a preferir, cada vez con más frecuencia, aquellos vinos sustentables, elaborados a partir de prácticas orgánicas y biodinámicas. Aunque en la actualidad los compradores no buscan de manera específica productos que lleven el “sello verde”, en un futuro cercano su demanda crecerá.

Variedades innovadores

Si bien es cierto que cepajes clásicos como Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay y Sauvignon Blanc siguen vigentes, las posibilidades de éxito son mayores si se ofrecen vinos a partir de cepas como Cabernet Franc, Petit Verdot, Bonarda, Torrontés, Viognier, entre otras.

Twitter y turismo

Sheri Sauter Morano dice que las redes sociales han abierto un nuevo capítulo en la formulación de opiniones sobre el vino, ayudándole al consumidor a expresar sus sensaciones sobre el vino sin temor a hacer el ridículo. Por su parte, Sebastian Payne señala que en la actualidad, más que un líquido en una botella, el consumidor esperan comprar, al mismo tiempo, una historia o anécdota entretenida y una invitación sensorial a visitar las zonas productoras para vivir más de cerca la experiencia de hacer un vino. “Hay que multiplicar estos vínculos románticos”, dice.

Temas relacionados