Tiempo de fútbol, mujeres a la banca

No hay que alarmarse por perder al marido durante el mes del Mundial de Sudáfrica. Déjelo disfrutar de sus pasiones deportivas. Al final, él retornará tranquilo a su regazo.
Tiempo de fútbol, mujeres a la banca

Ella lo ha venido siguiendo. Primero usó a su hijo y lo envió al supermercado a comprar monas del mundial. Luego lo sorprendió con el álbum tratando de memorizar los nombres de los jugadores. Más tarde lo escuchó hablando con sus compañeros de colegio, planeando reunión de ex alumnos para ver un partido. El miércoles llegó tardísimo después de estar con los colegas de la oficina armando la polla mundialista.

Definitivamente está raro, hablador y alegre, parece que toda la testosterona del mundo se le subió a la cabeza. Todo indica que tiene otra pasión. Se la pasa mirando el calendario, esperando que sea 11 de junio.

Ella, mientras tanto, planea estrategias para llamar la atención de su marido en los tiempos que se vienen y así impedir que la dejen en “la banca”. Decide ver y vivir el Mundial. Finge interés en seguir los pronósticos, hace todo lo que puede, aunque no entienda, con tal de no perder su matrimonio. Pone en práctica lo que ha leído con respecto a la importancia de compartir en pareja. Se da ánimos, trata de motivarse, de seguir el cañazo de que también está emocionada y ansiosa. Teme ser desplazada a una verdadera cuarentena, a los “rapiditos” de los entretiempos, pues él amenaza con sucumbir a la enajenación de otras piernas, las de los jugadores, y los deseos de otro orgasmo: el del gol.

¿A aguantarse las ganas?

Sí, nada que hacer. La atención masculina estará dirigida a lo atinados que sean los tiros libres en la cancha y no en el fuera de lugar que su mujer le decrete en la cama. Sí, señoras y señoritas, la fuerza de la testosterona de sus amantes estará dirigida durante un mes a las “llegadas” al arco, y no a las que se provoquen bajo las cobijas.

Pero no se preocupe, no arme una crisis matrimonial donde no la hay. Seguramente su marido volverá a “verla” con mayor atención tan pronto uno de los equipos se declare campeón. Después del vacío existencial que provocará el término del Mundial, volverá a ser el mismo de antes, sin que haya necesidad de llevarlo a terapia ni a hipnosis regresiva. No pretenda robarle este bocadote de divertimento que el pobre sólo saborea cada cuatro años.

Ni la depilación definitiva láser recién ejecutada, ni un cambio de tinte en el pelo, ni un disfraz de conejita, ni una pataleta de niña insatisfecha harán que él deje de fascinarse con el televisor de 42 pulgadas que acaba de comprar, y en el que por estos días sólo verá fútbol. No se desgaste en una lucha estéril por jalonar a su marido. Esté tranquila, más pronto que tarde él estará de vuelta después de la euforia, manso, lóbrego y reducido a comentarista nostálgico.

No aparente que ama el fútbol

Tampoco se esfuerce por acompañarlo, no vale la pena martirizarse tratando de aprender los conceptos futbolísticos. No se amarre al sofá junto a su marido como muestra de entrega. Con mucha probabilidad, él no va a apreciarlo; de hecho, ni siquiera lo espera. Él sólo quiere que usted le dé libertad absoluta para gozarse el Mundial, para vivir esta infidelidad colectiva.

Póngase en sus zapatos: imagínese tres semanas de descuentos escandalosos en las más prestigiosas tiendas de ropa y artículos de su interés. Seguramente para usted no sería muy cómodo que su marido se le colgara del brazo, “actuando” que disfruta acompañándola mientras usted se mide 21 pares de zapatos. ¡Vamos, confiéselo! usted preferiría irse sola con sus amigas, y que él no le dañe el plan con su cara de satisfacción mal disimulada. Sólo que la recoja y que le ayude a cargar las bolsas al final de su jornada de disfrute femenino. Ahora es tiempo de que usted haga lo propio, déjelo en paz por cuatro semanas, tómelo como unas vacaciones, como una especie de mes sabático.

Los amigotes no son tan malos

La reunión alrededor del fútbol permite a los señores volver al clan, al grupo de hombres que buscan exaltar la masculinidad. Es una necesidad que, cuando hacemos pareja, ignoramos y pretendemos hacer desaparecer.

Cuando un hombre establece una relación con una mujer, pone en el escenario de juego su masculinidad, y es allí, en medio de ese dar y recibir, que más temprano que tarde es necesario “recargar” esa energía masculina en un grupo de pares, es decir de hombres. Y qué mejor que un juego de fútbol para poner a circular de nuevo su hombría. Sin embargo, muchas pretenden, desde su necesidad afectiva, acapararlo, negarle ese espacio entre sus pares. No lo siga, haga planes alternos y, más bien, prepárese para ese reencuentro feliz al final del partido.

Los hombres, a tercer tiempo

Pero ojo, señores, el Mundial no es un pretexto para argumentar falta de tiempo. Incluso un hombre de fútbol, el médico del equipo argentino, Donato Villani, ha dicho en relación con la práctica deportiva, que el sexo no le viene mal a nadie: “El sexo forma parte de la vida social de todos y en sí no es un problema, los inconvenientes aparecen cuando aparecen los excesos “. Si hasta los jugadores pueden echarse una canita al aire, usted, que está en casa sobre un sofá, comiendo crispetas, seguramente tendrá un tercer tiempo para responder a las necesidades de su esposa. Si no quiere sexo, señor, a echarle la culpa a otro, el Mundial no tiene la culpa.

 

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