Un viaje al fondo del Red Seal

Este whisky de mucha personalidad es la máxima expresión de la casa Buchanan’s.

Casi siempre, una conversación con un master blender o un embajador del whisky deja la sensación de que, tras un misterio, hay otro que, muchas veces, se torna más complejo e inasible. De por medio, hay una cuestión de sabiduría intuida que no se explica con facilidad, especialmente si el mensaje se transmite en inglés de Escocia, enriquecido con una buena dosis de expresiones gálicas de indescifrable pronunciación.

Pero debo admitir que un reciente encuentro con el venezolano Omar Obregón, embajador del whisky Buchanan’s Red Seal para Latinoamérica, arrojó luces sobre muchos detalles. Con su guía, hicimos un viaje al fondo de Red Seal, la máxima expresión de la casa Buchanan’s, cuya marca ha echado piso firme en los mercados de Colombia, Venezuela y México.

Quizás la facilidad con la que Obregón se mete en los vericuetos de las maltas y las destilerías radica en su profesión de economista y en su antigua posición como alto ejecutivo del Banco Central de Venezuela. Porque, ¿quién entiende la cosa económica si no se explica de manera simple y directa?

Al describir la curiosa botella de Red Seal, Obregón relata una serie de anécdotas sobre sus orígenes, que, a su vez, reflejan el espíritu idealista de la marca. En verdad, todas las botellas de Buchanan’s tomaron como modelo la cantimplora que llevaban los soldados y el personal médico en los conflictos bélicos europeos. Han sido pocas las modificaciones que ha introducido a lo largo de la historia, aunque es válido señalar que la botella de Red Seal es la más aristocrática de los otros dos productos del portafolio: Buchanan’s de 12 años y Buchanan’s de 18 años.

Pero como la esencia de un buen whisky radica en sus aromas, Obregón inicia siempre su descenso con una explicación de los ingredientes utilizados en la mezcla, que son, en últimas, los que determinan su personalidad.

Antes resulta necesario destacar que, a diferencia del vino, los whiskies son limitados en expresiones aromáticas. La uva, por ejemplo, encierra, en cada una de sus variedades, un arsenal de fragancias que trascienden al fermentado, hasta expresarse con alcurnia en la copa.

¿Pero de dónde provienen, entonces, los aromas y sabores a los que Obregón hace frecuente referencia? El gran escritor de whiskies —también venezolano— Alberto Soria señala que “el whisky escocés trabaja mucho en obtener aromas. Lo hace con esfuerzo y tiempo, después de 10 años de envejecimiento en roble. Salvo el agua, los buenos whiskies de malta pura tienen pocas cosas a mano”. En realidad, un buen whisky de mezcla deriva su paleta de fragancias de dos grandes grupos o familias: los de la producción y los de la maduración”. Los primeros se dividen en cuatro categorías; éstas, a su vez, se subclasifican en otra serie de asociaciones aromáticas: heno y bosques, perfumes y frutas, cuero y tabaco, y turba y alquitrán. Las cuatro familias de los aromas de maduración incluyen trazas a Bourbon, Jerez y Oporto, avellana y mantequilla, miel y vainilla, y resinas, mina de lápiz y sensaciones amargas.

En el caso del Red Seal, Obregón destaca la sensación de entrada de frutas dulzonas, un paladar medio ahumado (o de turba), y un retrogusto ligera y coquetamente amargo.

Si se quiere tocar fondo con las descripciones organolépticas de este whisky, es necesario hablar y describir los orígenes de las maltas presentes en la mezcla. La primera de ellas es la correspondiente a la destilería de Mannochmore (región de Speyside), caracterizada por sus aromas dulces y sus especiados. La segunda malta proviene de Glen Mhore (Speyside), que aporta tonos herbáceos y cítricos. Y, finalmente, el toque ahumado de la malta lo entrega Talisker (Isla de Skye).

“El ahumado envuelve, el afrutado se percibe en la mitad del paladar y el toque amargo se desliza hacia la parte de atrás. Este último es el que más me enamora”.

En cuanto a los secretos de la preparación, Obregón cuenta que lo que hace único al Red Seal es la utilización de barricas de roble doblemente añejadas.

“Originalmente, las maltas se envejecían en barricas de roble americano, donde antes hubo Bourbon. Luego el contenido se vierte a barricas de roble europeo, como la del Jerez. Esta combinación mejora las características especiales del producto”.

Tanto o más que los valores intrínsecos del escocés, el momento de consumo es otro factor básico para el buen disfrute. Para Obregón, la magia está en saber abrir la botella ideal para cada ocasión. Por ejemplo, al Buchanan’s de 12 años lo ve perfecto para un evento social de amigos y desconocidos. El de 18 años funciona mejor con la gente cercana. El Red Seal, según Obregón, debe reservarse para el dueño de casa.

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