!Que viva Frida!

México tiene muchas caras, mucha historia, mucha música, cine y literatura. En México la cultura hace parte de la cotidianidad. La moda,

La pintora más importante que ha dado ese país, Frida Kahlo, generó todo un movimiento con sus lienzos, que comenzaron como un desahogo de su terrible estado físico. Hoy esas imágenes de una mujer partida por el dolor y la desesperación son una reflexión acerca del coraje, del amor por la vida y el buen humor.

Su vida comenzó el 6 de julio de 1907, tres años antes de la revolución mexicana, y terminó a los 46 años, el 13 de julio de 1954, a tres días de la primera exposición en su ciudad, adonde pidió que la llevaran en su cama.

Como la rosa, fue la cama su cuna y su sepulcro, fue su refugio, su lugar de desahogo. Su casa azul en Coyoacán es el museo que guarda su obra y recuerdos como las fotografías de sus héroes: Mao, Stalin, Pancho Villa.

Después de escribir su diario durante 10 años con las más extraordinarias ilustraciones, su última página decía: “Espero que la partida sea alegre porque no pienso regresar”.

Su estilo y su moda, además de su indiscutible talento, regresarían como todo un legado. Sus características cejas pobladas, y sus trenzas llenas de cintas de colores y de flores, son un ícono. Fue el amor de su vida Diego Rivera, quien después de enamorarla y casarse con ella en 1929, le aconsejó que vistiera las vestimentas del folclor mexicano: blusas, faldas de china poblana y rebozos bordados de colores; joyas exóticas precolombinas en piedras como el jade, el coral y la turquesa. Hoy toda esa moda étnica es imitada por miles de mujeres y su huella es indiscutible. Los jóvenes necesitan de sus ídolos y Frida Kahlo es uno de ellos.

En las grandes superficies donde se vende ropa masivamente para todos los gustos y bolsillos, o en las más sofisticadas boutiques, siempre habrá una referencia a estos años de rebeldía y surrealismo encarnados en esta mujer, que militó en el partido comunista desde muy joven y se vistió, bebió y fumó como hombre en una época en que no era bien visto que las mujeres usaran pantalones.

Sus pintas coloridas, encajes, listones, faldones y cintas, siempre reflejaron el profundo amor por sus raíces, por la legendaria Malinche, la indígena, la “lengua” que guió y enamoró a Hernán Cortés; por los huipiles precolombinos y las joyas de mayas, aztecas y toltecas. Siempre se pintó los labios de rojo fuerte aunque estuviera convaleciente. Y siempre escondió su cuerpo torturado y su pierna seca bajo maravillosas faldas campesinas en materiales étnicos que hoy no tienen precio. Siempre se adornó el pelo y se llenó las manos con anillos de plata de distintos tamaños, aretes y cadenas, que sonaban tanto, que anunciaban su llegada antes de que su cojera hiciera su entrada. Siempre coqueta y sensual, llena de humor y de amantes de ambos sexos.

Mitad mexicana mitad húngara, comenzó su vida con la polio a los 6 años, y a los 18 un accidente de tránsito la convirtió en una inválida que vestiría corsés de yeso el resto de su vida. Hoy, esos corsés han sido la inspiración de los grandes diseñadores, en lino blanco o negro como en las últimas colecciones de Lacroix o McQueen.

Las jovencitas llevan en la calle su rostro en una mochila bordada en chaquiras o en un botón en la solapa; o se hacen el mismo peinado. La fridamanía se ha acentuado con películas como la que produjo y protagonizó su coterránea Salma Hayek, quien además confiesa que el espíritu de esta seductora y ambigua mujer se le metió en los huesos.

Frida mostró siempre un simbolismo surrealista en su arte, pintando lo familiar, lo corriente y lo extraño; se vestía de la misma manera, mostrando su alma a través de excentricidades. “Necesito pintar y pinto todo lo que se me pasa por la cabeza sin reflexionar”, dijo, y así se comportó durante toda la vida. Ahora su obra le ha hecho el honor de no dejarla morir y se ha multiplicado por el mundo entero. Una herencia de la que la moda no podía quedar exenta.

Temas relacionados