Yamid Amat Jr, " A mí me gusta botarme de abismos"

Este publicista metido en la radio cree estar superando el inri de “Hijo de Yamid” para ser Yamid Amat Serna. Un homenaje a su segundo apellido y a su mamá, quien le inyectó el arte en las venas.
Yamid Amat Jr, " A mí me gusta botarme de abismos"

Desde hace cuatro años trabaja en la radio, y desde el 2009 dirige un programa de noticias positivas en RCN, de 5 a 8 de la noche, que ahora se llama RMÁS, una manera romántica de poner a viajar a los oyentes a través de las emociones más personales. Esa es la actualidad que le interesa. 

Por lo que exhibe en su sala y en todas las paredes de su apartamento, da la impresión de ser un galerista, alguien profundamente afectado por el arte. Parecen los tesoros de un artista cautivo en la indecisión de serlo y que deja por ahí huellas de sus atrevimientos, como esa pequeña y delgada vitrina negra, junto a su cama, donde guarda una cadena de 7 hombrecitos de madera y tela, una obra suya titulada El Silencio. Pero él no es de apellido Garcés, Pradilla, Serrano o Zea.

Ahora bien, ya en su ropero –que más parece un mausoleo– otra es la sensación: sus 200 camisas debidamente colgadas en degradé del blanco, pasando por los colores y cerrando con el negro, y sus 30 pares de zapatos, son el indicio de otra persona, un hombre de la farándula y el espectáculo. Pero tampoco pertenece a la saga de los clones de Jorge Barón.

Ya frente a frente, la sensación es de un pequeño Napoleón vestido de negro con aires de latin lover –por la camisa bien abierta en el pecho– y banquero, por la sencillez que intenta demostrar sin éxito.

Sin embargo, hay algo en este personaje, algo que invita a quedarse en su fiesta, más allá de que sea el hijo de uno de los dioses del Olimpo del periodismo y de que, como tal, muchos quisieran ver en él más poderes que los de un simple mortal. Con 37 años, una deuda vieja de estudiar Bellas Artes y un diploma de Publicidad de la Tadeo, este hijo de Amparo Serna y Yamid Amat tiene mucho que contar. Empezando por eso de que los hijos de los famosos nacen con una importancia prestada, que por el camino se puede convertir en un poderoso motor fuera de borda o, por el contrario, en una pesada ancla. Ser Yamid Amat Jr. tiene más ventanas y puertas por abrir que las obvias vitrinas ya abiertas por la maledicencia y la envidia. Esta cita puede ser con el que dicen que tiene muchas ínfulas o que heredó sólo el mal genio palestino, pero también con el que me recibió en su casa, bacán, confiado y dispuesto a darme su versión de su propia vida.

¿Cómo le habría gustados llamarse?

Me habría gustado llamarme como mi nombre, que realmente es Yamil Ahmad. Me parece un nombre bonito y poderoso, ese es el original. El nombre árabe es Yamil, por eso hay Yamil y Yamile.

Los hijos de los famosos nacen con una importancia que no se han ganado, ¿eso es una trampa?

Sí, total, una importancia que, además, uno no elige.

¿Esa importancia prestada qué le dio?

No sé, seguramente algún reconocimiento en algunos espacios públicos más que en otros y algunas oportunidades en la vida, cosa que uno recibe con agradecimiento. Pero para mí fue más lo que me quitó que lo que me dio. Porque los beneficios que me dio fueron ficticios, una ilusión del mundo exterior, y los que me quitó fueron muchos, empezando por luchar por hacer presencia con una personalidad propia.

¿Otros lo definieron antes de haberse definido usted mismo?

Sí, exactamente, ya me definieron. Recuerdo que cuando entré a la radio a trabajar con Julio, él me preguntó: “¿Cómo quieres que te nombremos en la promoción?”, y yo le dije: Yamid Amat Serna. Y hoy creo, después de cuatro años de haber ingresado a la radio, que la gente conoce mi segundo apellido... Y eso es, primero, un homenaje a mi madre y a mi abuelo y, segundo, es un gran desprendimiento.

¿Entonces esa importancia ya no cuenta?

Para mí no, uno tiene que saberse orgulloso de las personas que lo rodean, y yo estoy orgulloso de mi madre Amparo Serna y de mi hermana Adriana, aunque sean anónimas; orgulloso de mi abuelo, Rafael Serna, aunque ya no viva; orgulloso de mi padre, aunque sea un hombre reconocido, y me siento muy tranquilo con mi vida. Yo me desvelo por otras cosas porque mi mente es así, porque soy nocturno, pero no por ansiedad.

Pero el mundo concluye que usted va de la mano de su papá…

¡Ahhh! El mundo exterior concluye que entré a Caracol Radio por mi papá y a la W por mi papá y a RCN por mi papá. La gente tiene derecho a pensarlo porque desconoce la realidad. Yo no vivo con la angustia pegada a la espalda de tener que superar a alguien, algo que pasa mucho en otros periodistas.

¿Si no fuera el hijo de Yamid usted cree que estaría en los medios?

Sin duda. Y estaría en los medios, y estaría como voy a estar en las galerías, y estaría como estuve en la música, y estaría como estuve en la publicidad, y estaría como voy a estar en la calle haciendo medios con la gente.

¿En qué cree?

Yo creo mucho en la palabra.

¿Y en qué no cree?

¡Nooo! Yo creo en todo. No hay nada en lo que yo no crea. Creo en la mentira, creo en la falsedad, creo en la hipocresía, creo en la verdad, creo en Dios, creo en el demonio, creo en las energías, en todo creo.

¿Hombre de muchos amigos?

No, pocos, muy pocos amigos.

¿Soltero?

Desde chiquito.

¿Qué virtudes heredó de su papá?

La pasión, sin duda alguna.

¿Y qué no heredó de su papá?

La disciplina. Él es un hombre muy disciplinado, estrictamente disciplinado. Yo soy mucho más díscolo, me hubiera gustado tener esa disciplina, soy más etéreo.

¿Dónde quisiera verlo su papá?

Eso tiene que preguntárselo a él, no lo sé.

¿Pero qué quería él? ¿Nunca le dijo: yo veo que tienes habilidad para esto o aquello…?

No, porque, además, él desconocía mis habilidades. No era fácil conocer mis habilidades porque no había un conocimiento permanente del ser que está cerca.

¿Hoy son amigos?

Desde hace mucho tiempo y profundamente amigos. Y los amigos sueñan con el bienestar de sus amigos pero sin ninguna imposición de querer vernos en algún lugar.

¿Qué le falta para ser feliz?

No busco el estado de la felicidad porque creo que no existe, creo que la felicidad son momentos y procuro que esos momentos aparezcan con cierta frecuencia.

A usted siempre lo identifican con su papá pero su mamá es muy anónima.

¡Claro! Yo soy hombre hijo de madre. Desde los tres años viví la separación de mis padres. Recuerdo mi casa con mi mamá Amparo, mi hermana Adriana, y mi abuelo Rafael Serna, que siempre estuvo presente. Mi vínculo con mi madre es exageradamente excepcional, a ella le debo lo que soy como persona, no como comunicador o periodista. Ella ha instalado en mí los “síes”, nunca los “noes”. Es una mujer gigantesca, es un ser humano que vale oro. Ella es silenciosa. Ella es para ella y para quien ella quiere.

¿Un papá presente o ausente en su juventud?

Creo, sin duda alguna, que hay ausencia. Porque los tiempos del hijo Yamid Amat Serna, adolescente, eran los mismos tiempos del papá Yamid Amat que se convertía en un hombre muy importante en el mundo de los medios de comunicación y eso le exigía toda su atención. Obviamente era más lo que lo oía que lo que lo veía porque lo oía a diario en la radio.

Pero no hablando con usted. ¿Usted quería hablar con él?

Yo quería hablar siempre, siempre, y a veces los espacios se agotaban, entonces por eso yo tenía una interlocución muy importante con mi madre, que es librepensadora, y con mi abuelo.

En esa época, ¿qué no pudo hablar con su papá?

Muchas cosas no se hablaron.

¿Qué cosas?

Yo creo que las simples.

¿Como cuáles?

Esas conversaciones simples de caminar por la calle y decir “me gusta una chica mayor” o “me está gustando la noche”, cosas simples, a mí me aburren las cosas trascendentales.

Y la conversada obligatoria con la pregunta de turno: ¿Mijo, qué va a hacer en la vida?

Esa fue más clara, yo quería estudiar Bellas Artes y supongo que en ese momento mi papá asociaba la figura de Bellas Artes a las personas flojas que querían un mundo distinto sin trabajar mucho. Después yo quería Comunicación pero a él tampoco le gustó mucho la idea de que yo, a los dieciséis años, pensara en Comunicación como una fórmula de la vida. Entonces yo tratando de darle la vuelta a la cosa de manera hábil –porque ni por el putas me iba a ir por una Administración de empresas o una Ingeniería–, le dije Publicidad, que tenía un poco de Arte y un poco de Comunicación.

Y se graduó en la Jorge Tadeo Lozano.

Sí, estudiaba en las mañanas y trabajaba con Christian Toro en las tardes y ahí, pues, ya me metí en ese universo de la comunicación que era lo que quería.

¿Pero su papá estaba convencido?

No, obvio que no.

¿Qué conocimiento tenía hasta ese momento su papá de usted?

Creo que él percibía un ser inquieto, un ser medio rebelde con ganas de decir cosas, un tipo medio desubicado e inconforme, influenciado por el arte… pasión de mi mamá.

Una escena típica de esa época.

Yo de 17 años, todo rapado, con una incipiente cresta punk y mi papá diciéndome que me mirara, que me fijara, que por Dios, que me bañara, que era espantoso.

¿Y en qué terminaban esas discusiones?

No pasaban de ahí, terminaban en un adiós súbito.

¿Qué le reconoce hoy a su papá?

Nobleza, mucha nobleza.

¿Y qué le hizo falta, qué espero de él y nunca llegó?

Una camiseta del Santa Fe. No me la ha regalado y me la ha debido regalar desde que tengo tres años, todas me ha tocado comprarlas, de verdad.

Usted está ahora en la radio, digamos que esa es su profesión, pero ¿cuál es su oficio?

Comunicador, mi oficio es comunicar y yo soy comunicador con la radio, soy comunicador con mis amigos y soy comunicador en mi casa a través de lo que hago, yo no paro de escribir, comunico permanentemente, dibujo permanentemente y me gustan las tertulias.

¿Cuántos años estuvo en la Publicidad?

Como doce años entre Publicidad y Marketing político.

¿Qué faltó para quedarse?

Esa es una buena pregunta. Faltó libertad de la industria, que creo que es evidente. Los publicistas y los creadores estamos sometidos a la aprobación de un tercero, que muchas veces son personas muy preparadas y otra veces no tanto. Entonces mis cajones de cosas que “no se hacían” empezaron a martirizarme.

¿Cuál fue la última imposición de su papá?

No, no la recuerdo.

¿Trabajar en [email protected] fue la última?

No, fue una invitación que yo acepté sin dudar, pero tenía la posibilidad de decir que no.

Pero terminó diciendo que no.

Yo trabajaba en la parte administrativa y en la parte de mercadeo, me gustó montarlo pero después me aburrían los números, me aburría la parte comercial, no me interesaba. Mi posición tenía que ser de un ejecutivo y era un vestido prestado para mí porque yo odio esa vaina.

¿Y qué le dijo cuando se va de [email protected]?

Me dijo “¿Para dónde va, si esta es la casa?”. Le respondí: “voy a ser feliz”. Entonces me dijo: “bueno, perfecto”, obviamente con el malestar de que no me quedara acompañándolo, le parecía que a lo que iba no era una cosa cierta, con toda la razón yo me estaba yendo a botarme de un abismo, es que a mí me gusta botarme de abismos.

¿Después de la Publicidad esta era su segunda renuncia?

Sí, y me voy a otra cosa, a la música, y me reúno con cuatro amigos y dijimos hagamos una disquera, entonces vámonos a recoger talento por la calle. Nos metemos en un estudio y buscamos a alguien y le grabamos un disco.

¿Ahí aparece Anasol?

Aparece Pato Records en 1999, aparece Anasol, la metemos en el estudio, le grabamos el disco, lo producimos, lo mostramos a los que lo teníamos que mostrar y ahí están sus canciones. No ganamos un peso pero fuimos infinitamente felices.

La pregunta: ¿Qué faltó para que siguiera Pato Records?

Nosotros pretendimos mantener la disquera pero en ese momento viene el problema del mercado del disco, se cierran todas las disqueras medianas y nosotros no podíamos ir en contra de una cosa normal de la industria, entonces listo, dijimos hasta acá llegamos. Pero hay una cosa, ¿sabe además por qué no siguió? Esto es privado pero no me importa: no siguió sobre todo por una cosa, porque mis socios, los Chehebar, por problemas de seguridad tuvieron que irse del país, ellos se van y yo continúo en la Publicidad con énfasis en Marketing político durante otro tiempo.

¿Cuál fue el veredicto de su papá en ese momento?

No lo recuerdo, es que no me importaba, pero no recuerdo de verdad. El “se lo dije” de él fue silenciándose poco a poco. Fui desobediente permanentemente. Cuando vimos que la relación padre e hijo se estaba volviendo “haga y no hago y no haga y hago” entonces nos propusimos tener una relación de amigos.

Si le dieran la oportunidad de experimentar algo radical en su vida, ¿qué haría?

Lo que estoy haciendo ahora en RCN Radio, un movimiento romántico.

¿Y el movimiento romántico en qué consiste?

En lo que trato de hacer en la radio hoy con mi programa RMÁS, todos los días de 5 a 8 de la noche, en volver a rescatar las cosas que aparentemente son simples en la vida, la palabra, la alegría, los sonidos, la nostalgia, la melancolía, el amor, los miedos, en meterse en un viaje de comunicación emocional, en lograr que la gente vuelva a hacer lo que quiera hacer, no lo que el mundo le pida que sea, en que nos volvamos a escribir cartas de amor, en que volvamos a respetar al ser que tenemos al frente, en que la forma de acercarnos y los vínculos sean positivos, sin señalamientos ni juicios, en que el periodismo deje de ser juez… y eso está apenas por hacerse.

¿Pero eso es lo opuesto a lo que ha hecho toda la vida su papá?

Sí. No sé si lo opuesto pero es mi camino.

Ya probó en revistas, en bares, en televisión, en disqueras y ahora está en la radio. ¿Ya tiene claro qué es lo suyo?

Yo soy un comunicador y me falta la comunicación masiva en la calle, y me falta el teatro, y me falta llevar los medios a ser medios cruzados y quiero seguir explorando formas de comunicar y, algún día, por ahí termino comunicando con una tarima en la calle, con dos micrófonos, haciendo radioteatro en vivo. ¿Por qué no? ¿Quién dice que no? Quiero morirme todos los días y nacer todos los días. Siempre he sido un hombre que sabe renunciar, a mí no me aturde irme.

¿De dónde viene esa motivación?

Mi madre siempre me motivaba a eso, a que en la vida hay que realizarse como ser humano y que los tiempos no existen, las cosas hay que hacerlas, no hay que tenerle miedo al fracaso y miedo a asumir la vida como individuo. Entonces yo también tenía ese bombeo permanente que me decía vaya, vuele, equivóquese sin ningún problema, quítese el estigma de que tiene que aceptar eso o aquello. Siempre me decía no, no, no, usted quítese el estigma, haga lo que quiera, lo que sienta dentro de su corazón, hágalo y sea feliz con eso y si no resulta no importa, pasamos la página y vamos a otra.

¿No cree que finalmente va a terminar en lo que pensó en algún momento de su adolescencia, pintando?

Yo quisiera. Mi gran sueño es presentar un circo.

***

Cuando voy de salida, con el anfitrión pisándome los talones, por voltear a decirle algo, rozo con el hombro un pequeño cuadro de Alberto Baraya, y él como un resorte pero con mucha diplomacia, salta y con la mano corrige la posición del cuadro con la seriedad de quien ajusta el péndulo de un reloj. Al final del acto, no se aguanta las ganas de decirlo: “La diferencia con mi papá es que él es malgeniado y de estas vainas no se da ni cuenta, yo en cambio soy neurótico y no las soporto”.