Así fue el aborto clandestino de una colombiana en Argentina

Recordamos este testimonio, de ese momento en el que se sintió temerosa y vulnerable, luego de que el senado de ese país votara en contra del proyecto de ley que buscaba aprobar la interrupción voluntaria del embarazo.

AFP / Manifestaciones en Argentina luego de que el senado votara en contra de la legalización del aborto.

Lejos de tu país, a veces las cosas suelen ser peores. Tenía una pareja estable y vivía en Buenos Aires. Empecé a sentir que me dolía la barriga, mareos, ganas de vomitar. Los síntomas vinieron uno tras otro en el transcurso de una semana. Fui a un médico, que me dijo que estaba sufriendo de colon irritable. Yo intuía algo diferente y me hice una prueba de embarazo, que salió negativa. Pero la regla no me llegaba, por eso tuve que hacerme otra prueba. (También puedes leer: La soledad de la mujer que aborta).

Quedé en shock al enfrentarme al resultado. Unos amigos de mi pareja nos recomendaron una médica. Empecé a deprimirme. Quizás andaba por las seis semanas. Para el aborto la médica me recomendó hacerlo en un plazo de 48 horas y me pasó el teléfono de un especialista. 

En una esquina, acompañada por mi novio, lloré. Él me dijo que hiciéramos lo que quisiera, me dio su apoyo. Era obvia para mí la decisión. No iba a tener un hijo. Jamás consideré indebido interrumpir el embarazo. Soy proaborto. Cuando eso pasó, no había terminado la universidad, estaba en otra ciudad, era imposible proyectar una familia con la persona que estaba a mi lado. (Lee también: Los rostros que dejó la no legalización del aborto en Argentina).

Una situación como esta te voltea patas arriba, te ubica en una realidad innegociable. Es un reto que te mira de frente y no puedes negarte a resolverlo. Es inaplazable. Mi novio y yo fuimos donde el médico del papelito. Llegamos a un lugar en un barrio feo. En un apartamento lúgubre, nos atendieron a las 8:00 de la noche. Me hicieron una ecografía, que, por supuesto, no quise ver. (Te puede interesar: Argentina continúa la lucha por la despenalización del aborto).

Decidimos explorar otras opciones. El tiempo corría, fuimos a otro médico clandestino, en un apartamento grande. El consultorio era rarísimo, ostentoso. El tipo que nos atendió fue muy transaccional, con su ayudante me revisó rápido y programó el aborto para las próximas 24 horas. 

Sucedió. A mi novio no lo dejaron subir. Sonaba música clásica. El ayudante del médico tenía zapatos de piel de culebra, pelo rubio, pintadísimo, y sus brazos estaban tatuados. No era un enfermero. Al despertarme estaba desorientada, me ardía, sentía como si me hubieran arrancado el ombligo. Me preguntaba “¿Qué hice?”. A mi derecha estaba una niña llorando. Pedía que se lo dejaran ver. Yo quería salir corriendo. Me paré y me desmayé. Vino el médico. Lo último que me dijeron fue de un control en una semana. (Puedes leer: ¿Qué dijeron los senadores argentinos en el debate por la legalización del aborto?)

Al bajar las escaleras, eres tú sola la que está ahí, improvisando. Pudo haber salido peor, estaba muy débil. Había perdido litros de sangre. Era de noche. Abordamos un taxi y yo me sentía pésimo. Lo que siguió fue deprimente para los dos, duramos mal largo tiempo, el aborto nos cerró la relación.

 

*Por petición de la fuente cambiamos su nombre. Ella actualmente tiene 31 años y abortó a los 23.