Catalina Rubio, la primera fan de Andrés Cepeda

La diseñadora de modas aún conserva su credencial del club de fans de Andrés Cepeda. Fue emitido en 1999 por el sello FM Discos.

Foto: Daniel Álvarez

Una tarde de 1993, la adolescente Catalina Rubio recibió de su amiga Esther Venegas unos audífonos de diadema, cuyo cable conducía a un walkman. En una suerte de ritual de iniciación, Esther le preguntó si estaba lista para conocer su reciente descubrimiento musical. Catalina asintió y, tras el clic del botón play, sonó Desvanecer, una balada de la agrupación Poligamia. Sin saber que detrás del tema estaban los jóvenes Andrés Cepeda, César López, Juan Gabriel Turbay, Freddy Camelo y Gustavo Gordillo, la conexión de Catalina fue inmediata. La letra y el piano tenían la fuerza de lo indescifrable y la atracción de lo misterioso.

“En esa época, Esther, otra amiga que se llama Astrid Fajardo y yo nos la pasábamos pegadas al teléfono. Llamábamos a las estaciones de radio para pedir canciones como Beverly Hills y Búscame. Hubo un momento en que los locutores ya nos reconocían la voz”, cuenta Catalina. A los 14 años tomó un bus desde su casa hacia un Blockbuster, ubicado en la carrera 7 con 57, en Bogotá. Se trataba de la inauguración de la videotienda y Poligamia era el grupo invitado. “Fue mi primer concierto,
mi primera montada en bus, mi primera vez saliendo sola. Los conocí personalmente y desde allí establecimos una relación muy bonita”, dice. 

Ese recital inauguró una seguidilla de muchos. Su acercamiento involucró a los papás, que se turnaban los fines de semana para acompañarla. Su debilidad por la banda fue creciente, la potente atracción era algo que nunca le había sucedido con otros músicos. Su amor no se quedó en los gritos eufóricos de cada show. Obedeciendo a una extraña vocación, un día Catalina, Esther y Astrid contactaron a la disquera para integrar el club de fans.

“Era tanta la fiebre, que el staff de la banda nos empezó a identificar. Entrábamos gratis a los eventos, a veces teníamos las puertas abiertas para ir a los ensayos, firmaban nuestros discos y afiches. Siempre fueron amables con nosotras”.

No obstante, en 1998, el sueño de Catalina y sus amigas llegó a su fin. Luis Miguel Olivar, el mánager, las citó para decirles que el grupo se despedía de los estudios y los escenarios. En el concierto del adiós, llamado Buenas gracias, muchas noches, que se convirtió en el último disco de la banda, las amigas ocuparon las sillas de adelante. 

Un año después, Andrés Cepeda decidió lanzarse como solista con el álbum Sé morir. Angélica Ariza, su jefe de prensa, buscó a Catalina Rubio, que entonces ya tenía 18 años. Le pidió ser la presidenta de 'Un poco más', el club de fans oficial del cantante que regresó a las tarimas con los éxitos Embrujo y Me voy. “Fue una sorpresa. Dejé de ser parte del grupo de niñitas que dejaban entrar gratis a los conciertos. Esta vez estuve respaldada por la disquera. A las fans nos dieron carnés”.

En su nuevo rol, que ejerció mientras estudiaba diseño de modas, contactaba las emisoras para pedir canciones de Cepeda, iba a las firmas de autógrafo, invitaba a más personas para que se unieran a la causa. En los cinco años que Catalina duró liderando el club, fortaleció su admiración y amistad con el que más tarde grabaría los discos El carpintero, Canción rota y Para amarte mejor, entre otros.

“Con Andrés hay un vínculo bonito y respetuoso. Lo admiro como artista y persona. Tener la posibilidad de seguir a tu ídolo de cerca, te permite conocerlo y compartir instantes muy lindos, como en mis 15 años. Mi hermano se encargó de darme la sorpresa, ese día cantó Sé morir, en mi aniversario”, confiesa.

Ser fan no es solo ir a sus conciertos y conocer de memoria cada letra. Para Catalina este trabajo trae consigo el compromiso de ser incondicional, a pesar de que no recibas honorarios. En el lustro que duró en el cargo voluntario también terminó su carrera y, posteriormente, se especializó en diseño de espectáculos, en Buenos Aires. Antes de viajar a Argentina renunció al club de fans.

Actualmente es directora de vestuario de artes escénicas. A menos de un mes de tener a su hijo Tomás, mantiene intacta su admiración por Poligamia. Aunque ya no es su fan número uno, asegura que Andrés Cepeda será para siempre su ídolo. En ocasiones chatean por Whatsapp, y mantiene la amistad con Esther y Astrid, con quienes no escatima memoria para retornar a los días de Poligamia. Las tres recuerdan con nostalgia esas épocas de inocencia atrevida, impulsadas por una banda bogotana que hizo de su juventud un periodo inolvidable, digno de revivir.

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