El colombiano que trazó la ruta a la luna

César ocampo nos cuenta las duras y las maduras por las que tuvo que pasar para convertirse en uno de los científicos más destacados en estados unidos. ahora está empeñado en que los niños colombianos puedan algún día viajar al espacio.
El colombiano que trazó la ruta a la luna

“Quería ser astronauta desde que tenía cinco años, cuando vi en televisión el lanzamiento del Apolo 17, la última misión tripulada a la Luna en 1972. Soñaba con manejar aviones, cohetes y naves espaciales. Al cumplir los 12 años me enteré de que existía la carrera de Ingeniería Aeronáutica e Ingeniería Aeroespacial y decidí que quería estudiar eso. También supe que no había carrera para ser astronauta, que los aspirantes se forman como científicos, médicos, ingenieros y pilotos militares y después piden el ingreso a la NASA.

Así empecé a perseguir mi sueño. Quizá igual al de miles o millones de niños en el mundo, pero en mi caso, y no lo digo a manera de queja, era un poco más lejano: era hijo de inmigrantes colombianos que no terminaron la escuela y que sobrevivían en Estados Unidos.

Mis padres, Naim Ocampo y Eufemia Rodríguez, mi hermana mayor y yo salimos de Armenia hacia Nueva York en mayo de 1969 buscando un futuro mejor para todos. Mi madre limpiaba casas, mi padre limpiaba bancos y laboratorios médicos. A ellos les tocaba llevarnos a sus trabajos de noche porque no tenían con quién dejarnos. Mi hermana y yo les ayudábamos en lo que podíamos. Llegábamos tarde a la casa y teníamos que ir a la escuela al otro día muy temprano. En esos momentos difíciles, mis padres nos aconsejaban que estudiáramos para no pasar tantos trabajos.

Por eso mi mayor logro fue haber conseguido el doctorado en Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Colorado, sin muchos recursos y a pesar de que en la escuela me dejaron varias veces en los cursos remediales por no hablar bien inglés. Lo hice por medio de préstamos y de becas y superando problemas hasta el final de mis estudios.

No pude ser astronauta. Solicité el ingreso en 1998, pero fui descartado en la primera ronda por razones médicas. Yo había tenido un tumor en la glándula pituitaria, fui operado y ahora dependo de medicamentos diarios para controlar el crecimiento del tumor y para reemplazar las hormonas que el cuerpo no produce. Fue un período de duda y preocupación, pero nunca sentí frustración. Siendo científico, entendí y acepté que estas cosas pasan. Sabía que tenía que jugar la mejor mano con las cartas que la naturaleza me había dado.

Y lo hice. Hoy me siento orgulloso de haber sido el inventor de Copérnico, un programa para diseñar y optimizar trayectorias espaciales. Es el resultado de ocho años de trabajo y el producto de toda la experiencia que adquirí desde que estaba en pregrado hasta que llegué a la Universidad de Texas.

El programa está siendo utilizado para estudiar las misiones a la Luna. Lo usé para diseñar la misión de LCROSS, que chocó por diseño con la Luna el pasado 9 de octubre. Fue escogido como mejor software del NASA Johnson Space Center, en Houston, en 2009, y quedó segundo en el concurso nacional. Yo desarrollé el prototipo y la primera versión. Ahora la NASA se encarga de mantenerlo y actualizarlo día a día, porque se seguirá utilizando en misiones futuras.

Muchos me preguntan qué se necesita para trabajar con NASA. Les digo que no hace falta tener plata. En Estados Unidos se requiere lograr un pregrado en ciencia o ingeniería, y haber tenido una buena universidad y muy buenas notas. El estudiante debe destacarse porque así logra conseguir una beca para hacer una especialización, que después lo puede llevar a vincularse a una empresa o a la NASA. Tampoco es necesario tener una gran inteligencia. Eso sí, es indispensable tener ganas, pasión y creatividad. Claro, hay que manejar bien matemáticas, ciencias y programación de computadores. Ese ha sido mi secreto.

A diferencia a muchos otros países, en Estados Unidos uno puede estudiar lo que quiera siempre y cuando sea bueno. En el mejor de los casos, logras conseguir una beca; en el peor de los casos, logras conseguir un préstamo respaldado por el gobierno, es decir, el Estado paga los intereses mientras estés estudiando y te comprometes a pagar la deuda seis meses después de graduarte, si estás empleado. Una persona que quiera estudiar aquí, lo logra.

Yo tenía muchos deseos y en 1985 busqué una beca de la Fuerza Naval de Estados Unidos para estudiar Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Michigan (UM). Me la gané, pero tuve que renunciar a ella porque los trámites para hacerme ciudadano estadounidense no los pude concluir a tiempo. Mis padres me ayudaron a financiar estos primeros estudios. Después de tres semestres, pude ayudarles con los gastos, gracias a que me gané un puesto como CO-OP (Cooperative Eduacation Program) con la McDonnell Douglas Corporation, fabricante de aviones militares, misiles y naves espaciale El estudiante debe destacarse porque así logra conseguir una beca para hacer una especialización, que después lo puede llevar a vincularse a una empresa o a la NASA. Tampoco es necesario tener una gran inteligencia. Eso sí, es indispensable tener ganas, pasión y creatividad. Claro, hay que manejar bien matemáticas, ciencias y programación de computadores. Ese ha sido mi secreto.

 Aun así, decidí transferirme a la Universidad de Kansas (KU) porque, teniendo la misma calidad en los programas, era más barata. Los últimos tres años del pregrado los hice con préstamos. Allí desarrollé una investigación en astrodinámica y me gané el primer puesto en una competencia estudiantil con este trabajo. Esto me ayudó a ser admitido en la Universidad de Colorado (CU) en agosto de 1990 para hacer la maestría con una beca del Departamento de Educación, mientras trabajaba en el verano con The Jet Propulsion Laboratory (JPL) de NASA en Pasadena, California, que se dedica a la exploración del sistema solar usando naves robóticas.

Para hacer el doctorado busqué otra beca, esta vez directamente con NASA. Con mucho esfuerzo terminé en agosto 1996. El último año fue especialmente duro porque me tocó ver por mi madre y mi hermano menor después de que mis padres se separaron. Tenía una cantidad enorme de trabajo pero recibí mucho apoyo de ellos y le dediqué mi tesis a mi madre, que fue una mujer muy tierna. Ella nunca entendió lo que hacía en mis estudios, pero fue mi admiradora número uno.

Mi trabajo tuvo que ver con la optimización de trayectorias para naves espaciales usando propulsión impulsiva o con empuje bajo y operando en campos gravitacionales complejos. Es un trabajo con el que me siento muy orgulloso porque fue original, yo seleccioné el tema y convencí a la NASA de que me diera la beca para hacerlo. Debido a este trabajo, la Hughes Spacecraft and Communications Company, la fabricante de satélites comerciales y militares más grande del mundo en ese momento, me contrató porque estaban desarrollando un satélite que iba a utilizar propulsión baja para llegar a su órbita final.

Ellos me dieron un bono en dinero en adición al salario para que aceptara firmar el contrato. Con ese dinero pagué los préstamos que estaban pendientes desde la época de mi pregrado en la Universidad de Kansas. Con la tranquilidad de estar al día con mis deudas, seguí concentrado en mis proyectos. En ese momento estaba diseñando las trayectorias para la línea de satélites nuevos de Hughes. Allí también diseñé la órbita de rescate de AsiaSat-3, un satélite de comunicaciones que había quedado en una órbita averiada. Por este trabajo fui nombrado el ingeniero promesa por una importante organización en Estados Unidos.

Todo esto suena apabullante, pero no lo es. Quiero aclarar que soy una persona normal, mi trabajo tiene más visibilidad por lo novedoso, pero hay muchos colombianos haciendo cosas grandes. De hecho hay varios compatriotas trabajando de planta con la NASA. Todo lo que hago es como un reto que logro por ser recursivo, persistente y creativo. Si las puertas se cierran, hago lo que sea para abrirlas sin hacerle daño a nadie. Tengo confianza en mí y conozco bien mis limitaciones. Reconozco que hay personas mucho más capaces y las admiro, pero no compito con ellas. Compito sólo conmigo mismo.

Tal vez por eso tengo el privilegio de tener trabajo garantizado de por vida en este país. Logré un cupo como profesor asociado en la Universidad de Texas (UT) en el departamento de ingeniería aeroespacial, eso significa que ya tengo la permanencia, que es algo muy codiciado y valorado aquí. Actualmente trabajo como investigador principal en varios proyectos para NASA desde la Universidad y soy consultor para empresas y laboratorios que tienen proyectos con esta entidad. En 2011 me postularé para ser profesor titular.

Aquí llevo una vida normal. Estoy casado con Pilar Restrepo y tengo dos hermosas mellizas de 6 años. Con ellas paso el poco tiempo libre que tengo: toco guitarra, leemos, les hago magia y jugamos ajedrez. En medio de mis viajes y de las noches en vela trabajando, me he dedicado a saber más sobre Colombia: historia, política y todo aquello que me ayude a formar una perspectiva de mi país. Quiero entender la situación para ver cómo puedo ayudar.

Con ese propósito me he vinculado a varias actividades que me hacen volver a Colombia. Viajo a Medellín y a Bogotá a dar charlas en el Planetario y en las universidades. Estuve en Pasto en la Universidad de Nariño, en Chocó y en Tiquisio, en el sur de Bolívar, trabajando con una comunidad afectada por el conflicto. Mi objetivo es divulgar la ciencia e incentivar a los estudiantes. La ciencia no puede seguirse viendo como algo inalcanzable. Tenemos que cambiar la percepción de que los que estudian y son dedicados, son ‘nerds’. Yo soy uno de esos y al mismo tiempo quiero que todos los jóvenes se enamoren de la ciencia.

Con mi esposa tengo una fundación que se llama Stare at the Sky Foundation, que se dedica a promover la educación y a facilitar los elementos básicos para que los niños puedan estudiar. Ese será mi proyecto de tiempo completo cuando me retire. Por ahora, he facilitado el ingreso de varios estudiantes colombianos y latinos a la Universidad de Texas a hacer posgrados y todos están becados.

Mi vínculo con América Latina es de corazón. Tenemos la gente y los recursos para aportarle al mundo, es hora de que lo hagamos y no tengamos que depender de nadie. Cada vez que hablo con los niños, los motivo con la idea de que hay que vivir para dejar una huella positiva en la tierra, porque ser neutral no es suficiente. Los impulso a trabajar para combatir todo tipo de injusticias porque así me lo imponen mi ética y mi moral. Soy un defensor de la vida. Me niego a trabajar en cualquier proyecto que produzca un artefacto cuyo objetivo final sea destruir la vida humana. Mis proyectos son científicos y buscan el avance del conocimiento y la ciencia.

¡Qué bueno que un día una persona no tenga que salir de Colombia para trabajar en ciencia y en el desarrollo del conocimiento! En el país hay niños y niñas más brillantes y capaces que yo, que no tienen las oportunidades para lograr sus sueños. Eso es una gran tragedia .

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