Carta para el hijo de una mamá y un papá trans

Un amigo y una amiga trans están en embarazo. Decidimos construir parte de la historia de su embarazo para que el bebé siempre la recuerde.

Un día, Mario, tu papá, empezó a sangrar por su vagina. Se asustó mucho porque no menstruaba desde que había iniciado su tratamiento hormonal, hacía ya varios años. Después de avisarle a Laura, tu mamá, salieron 'pitados' para urgencias. 

 

Cuando llegaron al hospital se encontraron con una carrera de obstáculos. Nadie lograba entender que tu mamá fuera trans y tu papá también. Ninguno entendía cómo era posible que un hombre tuviera un problema ginecológico o que una mujer con pene pudiera “dejar embarazado” a un hombre con vagina. Cada vez que tus papás explicaban la situación, la mente de la persona que escuchaba cambiaba para siempre. Claro, desde chiquitos, a todos ellos les habían echado otro cuento distinto a este: que las princesas vestidas de rosa siempre quedaban embarazadas de los príncipes azules. 

 

Les dijeron que no tenían que preocuparse por quedar en embarazo, ya que, por la testosterona que había tomado tu papá, durante su transición, el útero estaba demasiado débil. Unos meses después, tu papá empieza a tener vómitos y a sentirse mal, y decide hacerse una prueba de embarazo que resulta positiva. 

 

Desde ese momento, las vidas de Laura y Mario se han venido transformando. Nunca creyeron que tendrían más de una metamorfosis en sus vidas. Antes de convertirse en mariposas, las orugas tienen un estado que se llama pupa. Aunque parece un estado quieto y tranquilo, es cuando se desarrollan las patas, las alas, la cabeza, el tórax y el abdomen de la mariposa. Una vez finalizada esa etapa, las mariposas vuelan por unos cuantos meses, días u horas. 

 

Como las personas trans en América, que tienen una expectativa de vida de 35 años, las mariposas mueren rápido. Sin embargo, la idea de tener un hijo ahora tiene a Mario y a Laura, y a todas las personas trans que los rodeamos,con la ilusión de más vida. Queremos vencer esa estadística a toda costa. 
Laura dice que nunca se había imaginado cómo iba a ser cuando fuera viejita. Cuenta que es como si las personas trans no pudieran plantearse un proyecto de vida más allá de los 35 años. Mario me explica que él se imagina comprando una casa para que vivan los tres y que eso lo pone ansioso, porque tienen que empezar a planear un futuro. Saber que en unos cuantos meses tú vas a nacer, nos ha puesto a todos como en un segundo estado de pupa: nos está transformando por dentro. Nunca se nos pasó por la cabeza que tener hijos, conformar familias y sentirnos amados era posible. 

 

¿Podrá el amor de nuestras familias y comunidades ser el motor que inspire una transformación social, cultural, política y económica, lo suficientemente profunda como para que las personas trans no se mueran tan jóvenes y puedan disfrutar y responder por sus hijos? Lo único que sabemos con certeza es que las situaciones en el mundo son susceptibles de transformarse y que hasta lo más improbable puede ser posible. 

 

***Es una historia de la vida real. A petición de los entrevistados, todos los nombres fueron cambiados.  

 

Foto: Getty.

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Matilda González Gil

Columnistas

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