Opinión

Colombia necesita una teoría suficientemente buena

Que sea una terapia de choque. Aceptar que hemos fracasado como sociedad y Estado es un punto de partida.

Pixabay

En las familias funcionales, los padres se hacen responsables de sus hijos y adquieren la obligación de hacer lo posible para que estos tengan las herramientas suficientes al momento de irse del nido. En Colombia -por ejemplo, las abuelas paisas como la mía- usan la manipulación emocional para que hijos y nietos nunca se vayan del todo. Por lo general, estas exigencias van acompañadas de la imposibilidad de cambiar la estructura familiar ya establecida. Si uno les come cuento, termina sacrificando los sueños en nombre de la lealtad familiar ¿Afecta la lealtad la forma en la cual concebimos el mundo?

El año pasado se publicó el libro Travesti/Una teoría lo suficientemente buena, escrito por Marlene Wayar. La autora nació en Córdoba, Argentina, estudió psicología social y continuó su carrera como pedagoga. Es una travesti defensora de los derechos humanos: hizo parte de El Teje, primer periódico travesti de Latinoamérica, y de la Cooperativa Textil de Trabajo Nadia Echazú.   

El libro se llama así porque en el psicoanálisis, Donald Winnicott hizo un aporte sobre la “mamá suficientemente buena”, donde ilusiona a su bebé y después este va creciendo y se va dando cuenta de la realidad: lo desilusiona progresivamente para que aprenda a caminar y a ser libre. En una entrevista para Vos, del 2018, explicó: “Es buscar salir de los binomios hombre y mujer, bueno y malo, y buscar terceras, cuartas, quintas alternativas. Estamos en un círculo vicioso en el que seguimos teniendo las mismas estrategias políticas, sociales y económicas”. 

El primer paso es asumir la realidad social, aceptando que hemos fracasado como sociedad y como Estado: la creciente desigualdad económica, la corrupción, la violencia institucional y la muerte, por acción u omisión, causada por las guerras, la desnutrición, etc. Ese punto de partida, que a su vez es una crítica a la creencia mágica de que todo lo resolvería una Ley de Identidad de Género (Argentina fue pionera en el mundo), permite preguntarse por nuevos y mejores mundos posibles. El eje principal de su teoría es el antidogmatismo y la claridad de que no existe nada indiscutible, porque todo se transforma y nadie, nunca, tiene la verdad absoluta e incuestionable. 

Propone pensar en la nostredad. Siempre que se habla de grupos históricamente discriminados, se hace desde la “otredad”: hay unos normales y otros diferentes, “diversos” y monstruosos. Wayar sugiere, en cambio, que todos somos diferentes y tenemos individualidad identitaria. A este concepto lo denomina la nostredad. En otras palabras, nos invita a preguntarnos ¿cuál es nuestra otredad? ¿Qué es lo travesti, lo raro, lo que queríamos ser y no pudimos, por la lealtad a una idea o grupo?

Para Marlene, las personas trans representan un proyecto de transformación y una ética autoimpuesta: “Creemos que cada niña y niño que nace tiene la obligación de construir un primer objeto de arte que es el yo. La maternidad y paternidad tienen que proteger y posibilitar que ese arte se ejerza con autonomía”. Por eso, esta teoría travesti, no es solo para personas trans, sino para todo el mundo: el arte de construir la mejor versión de nosotros mismos.