Opinión

¿Cómo saber si un niño está sufriendo?

Hay señales que dan, sin necesidad de hablar, que nos dan luces acerca de cómo se sienten. Solo hay que poner atención.

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Hace un tiempo empecé a notar que Francisco, un estudiante de 11 años, había empezado a escribir con letra más pequeña que antes. Le pregunté si se había dado cuenta de esto, ya que algunos estudiantes disminuyen el tamaño de su letra porque les parece más bonita, pero él no lo había notado. Fuimos algunas páginas atrás en su cuaderno para que pudiera ver la diferencia entre su caligrafía a actual y la anterior. En el colegio donde trabajo no tenemos un particular interés por la estética de la letra de nuestros estudiantes, pero sí sabemos que los procesos de escritura pueden reflejar situaciones emocionales que están atravesando.

Por ese motivo empecé a hacerle un seguimiento especial a Francisco. Me di cuenta de que estaba participando menos en clase y de que en sus descansos no estaba jugando fútbol, como normalmente lo hacía. Así supe que mi estudiante pasaba por una situación particular.

No sabía qué podía pasarle, así que hablé con él, pero me dijo que todo estaba normal. Entonces cité a sus padres. Cuando les conté lo que percibía, ellos me contaron que su hijo había empezado a comerse las uñas. Yo no ma había dado cuenta, pero reforzaba mi hipótesis. Empezamos a hablar sobre las posibles razones detrás de su cambio y, de repente, surgió una frase reveladora: "Es posible que tengamos que cambiar a Francisco de colegio", dijo la madre. Cuando les pregunté cómo lo estaba tomando su hijo, ellos comentaron que habían hablado varias veces del tema y que él se había mostrado comprensivo y tranquilo. Sin embargo, acordamos que yo indagaría un poco al respecto, ya que me llamaba la atención que no hubiera mencionado nada en el colegio.

 Al otro día le pregunté por su posible partida. Me miró con angustia y extrañeza. Estaba sorprendido de que yo lo supiera, se veía en sus ojos. Inmediatamente bajó la cabeza, se tapó la cara con las dos manos y empezó a llorar. Le puse la mano en el hombro. "¿Eso te pone triste?", le pregunté. Él asintió con la cabeza mientras lloraba. "Claro, debe ser difícil para ti", fue lo único que agregué. Continué consintiendo su hombro para contenerlo, para calmarlo. Creo que a veces los niños no necesitan que los adultos normalicemos sus situaciones, solo desean que los acompañen y los comprendan. Eso fue lo que intenté hacer.

Ya que Francisco no quiere contarle a nadie de su posible partida, empezamos a tener 'conversaciones secretas' para que pueda depurar sus emociones al respecto. Todavía no sabemos si a final de año se irá, pero sus padres y yo estamos pendientes de la contención de sus emociones.

Pienso que muchos de nuestros niños cargan con más peso del que creemos y muchas veces lo imponen los adultos. En ocasiones, ellos se comportan como ilusionistas y nos ocultan la carga que llevan. Depende de nosotros estar atentos a las señales.

*El nombre de mi estudiante ha sido cambiado para proteger su identidad y guardar su secreto.

 

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