Diario de una soltera: ¿Me quedé o lo decidí?

Si estás en los 40, nunca te has casado, ni arrejuntado, ni tienes hijos, puedes generar dos cosas: que algunos piensen que fue tu decisión, y otros que crean que eres una solterona.

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Me encuentro a veces con algunas solteras de 40, para quienes la opción del matrimonio nunca fue, y dizque desde muy jóvenes decidieron que serían solteras para siempre. Muchas rematan con la frase apresurada de: "yo lo decidí", y hasta aclaran que a ellas nadie las dejó, y que cuando es una decisión, se vive muy diferente a las que se sienten solteronas. Entonces un halo de superioridad las inunda, y uno pues no se atreve a indagar un poco más los corazones de esas mujer, porque son unas súper poderosas.

¿Solteras por decisión? Unas berracas, sin duda. Pero debo decir, también con valentía, que no pertenezco a ese grupo de mujeres. Me hubiera encantado decidirlo para salir airosa cuando me indagan sobre mi estado civil.

Hace poco un compañero de trabajo dio por hecho que ya no iba a ser madre: "¿y hace cuánto decidiste no tener hijos?", me dijo. Contesté que la verdad no había sido así, que de pronto un poco, pero tampoco tanto, que del mismo modo y en sentido contrario. No supe decir sí, pero tampoco supe decir no.

A diario, me encuentro con mujeres que como yo, hemos hecho buenas migas con lo que nos ha sucedido. Mujeres que viven en paz y bien con su soledad de no pareja y no hijos, que no se sienten quedadas, solteronas, amargadas, resentidas, frígidas, etc, etc.

Siempre he sido una convencida de que el amor no se busca, y de que hay magia alrededor del encuentro de dos seres, una especie de destello que hace que se conozcan, se gusten, se amen y se casen. A mí eso todavía no me pasa. ‘Ese regalo’, ‘esa jugada del destino’, ‘esa magia’, no sucede aún.

He hecho, en mis 40, las paces con una soltería feliz y sana, en el sentido que no estoy añorando empecinadamente una vida matrimonial ni sufriendo porque el amor no llega. Pero eso no lo decidí, fue llegando. De ahí que no me quede ufanarme de ser una soltera por decisión, una mujer inquebrantable, autosuficiente. Si se quiere creer que me quedé soltera, pues qué se la va hacer.

Ahora, la idea de un buen amor está ahí, pero sin angustia. Mientras llega, vivo una soltería en la que me siento bien conmigo y con la gente que me rodea. Me siento en paz con lo que tengo, me consiento, me doy gusto, hablo con las amigas y amigos que aún quedan, me divierto, ya no frenéticamente, pero si felizmente. Y espero que la vida suceda, que las sorpresas lleguen y que el destino obre.

A veces veo que la diferencia entre un soltera de 40 y una de 30, es que la opción del matrimonio ya no es una urgencia. La opción del amor no tiene calendario, solo que, en estos años, ya se esperó lo mucho, entonces no hay afán. Si llega, que sea del único que debe ser: del bueno y verdadero, y de un hombre, que sea un caballero. No acepto menos.

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