Diario de una soltera: No seré feliz, pero ¡qué carajo!, tengo marido

Sorprende y es triste escuchar mujeres que no comulgan con la sabia frase de: ‘es mejor estar solo, que mal acompañado”. Suena más llevadero lo segundo.

Foto: Getty.

Si, así se llama, sin el carajo, una obra de teatro. La vi hace algunos años y debo confesar que pensé por el título, que allí se iba a sustentar la tesis de que es mejor tener marido, a estar sola, y que es mejor estar casada, a sufrir de soledad, y que es mejor el bulto al lado, que dormir sin compañía, y que es mejor tener a alguien, así sea pa’ pelear. Es mejor, mejor, mejor… tener marido. Pero no. La obra, en síntesis, es un recorderis de lo que viven algunas mujeres casadas con un marido que ve todo el tiempo fútbol en la tele, que perdió el romanticismo, y que se porta necio en la calle.

Pero volviendo al título, lamento informar que hay mujeres convencidas de que no importa no ser feliz, pero tener marido sí que lo es. Las he escuchado y las he visto: solteras desesperadas que buscan en Tinder alguien que quizá pueda transformarse en algo parecido a un esposo o a una pareja que les dé amor; mujeres casadas con un nivel de aguante admirable. (Ver: Diario de una soltera: ellos sí son sexys)

Hace un tiempo quedé pasmada con una compañera a la que el novio le había roto el corazón, estaba desecha, pues no era su primera decepción amorosa. Ella venía de un matrimonio que le duró apenas seis meses, y seis después, ya estaba lidiando en el mercado de la soltería, estaba lista para emprender otra contienda nupcial. Así que las citas no le faltaban y los novios tampoco. Pero las tusas eran en la misma proporción que los candidatos que veía. Quise animarla en una de esas tristezas. Atiné a decirle que mañana lo iba a agradecer, que seguro el hombre no le convenía, que ‘a lo bien’ era mejor estar sola que mal acompañada. La última frase fue una lápida para ella, le sonó a cuento de terror, porque contestó, sin sonrojarse: “¡Ay no! Yo si prefiero estar, mal acompañada, pero ¡sola! No, mija”.

A menudo mi soltería en los 40, es un tema que le preocupa más a los demás, que a mí. Noto que muchos me instigan a hacer ‘algo’ para solucionarlo, entonces las propuestas y las ideas llueven en cada charla: que salga más, que me proponga decir ‘SI’ a todo lo que me inviten, porque nunca se sabe dónde va a estar el príncipe azul, que haga cambios en mi vida para atraer ‘la transformación en el área amorosa’, que me meta a Tinder, así sea para tirar, porque ¡tanto tiempo sin sexo! ¿cómo hace?. Entonces que haga algo ya.

He entendido desde entonces, que el tema del marido parece un tema urgente, que es preciso sofocar, para no terminar haciendo una pataleta, como la niña brasilera del video viral, que llora porque quiere un marido y le exige a su mamá que se lo traiga. ¿Cuántas mujeres no son esa pequeña? Y ¿cuántas no se comportan en su vida adulta con la misma necedad?

Gran parte de mi género, debo decir, no se ha modernizado. La soltería no la agradecen, la maldicen. Muchas no son felices si están solas, prefieren vivir con la zozobra de estar en una permanente búsqueda, en una constante pesca, o con un marido que solo sirve para otorgar el título de casadas. No son pocas las que prefieren un mal matrimonio a estar solas.

Ese afán, en mis 40, no lo tengo. No sé si sea bueno o malo, pero así es. No voy a decir que fue mi elección para dármelas de autosuficiente, pero el destino está aceptado, y felizmente. No colecciono fracasos amorosos, pero tal vez por eso, no me rompen el corazón. Y hoy lo tengo sano, calmado y apacible. Sin duda, un estado que me gusta.

 

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