Diario de una soltera: "tú lo tienes que atraer"

Algunas solteras de 40, a veces podemos parecer una especie distinta de mujeres. Y llamamos la atención cuando no demostramos urgencia por el amor, entonces ¿estamos mal?

Foto: iStock.

Me suele suceder, que alrededor mío, hombres y mujeres, genuinamente y con la mejor intención (de eso no tengo duda), les inquieta mi soledad. No sonríen precisamente cuando me indagan sobre si tengo novio, o amigovio, o amante, no. Al contrario, siento que decir que no tengo nada de eso, les genera una honda preocupación, y no lo celebran; algunos cambian la mirada y otros se atreven a aconsejarme. Entonces a veces me enfrento a un vendaval de información, y ante las preguntas de ¿ya no te interesa el amor? ¿ya no quieres casarte? ¿ya no te interesan los hombres? ¿renunciaste? ¿no te hace falta alguien? etc, etc, pues frente a todo eso, no queda más que abrumarse un poco, y muchas veces no sé qué responder.

Quedar como una mujer para quien el amor murió, tampoco es mi fin. Pero entonces una avalancha de consignas, que insisto, seguro son con buena intención, inundan mi cabeza. Recuerdo una vez, que en una reunión de amigos, la dueña de casa me regaló el DVD de El secreto, esa corriente tan de modé, que se viralizó y que le decía a la gente que todo podía conseguirlo con solo visualizarlo. Esta persona me advirtió que debía verlo y hacer lo que allí se decía para atraer pareja: “rodéate de imágenes de pareja”, “tú lo tienes que atraer”, “escribe en un papel cómo es el hombre de tus sueños y léelo todas las noches antes de dormir,”, “desea, pero en serio”, “pide con fe”, “visualízate con alguien”, “haz un mapa de los sueños y pon a un hombre que se acerque a lo que buscas”.

Hice caso, compré el libro y leí El secreto con juicio, hice un mapa de los sueños, pero le perdí pronto la fe cuando en una entrevista una celebridad, que no recuerdo quién era, decía que en sus peticiones había deseado a un buen hombre, lo vio en un aviso de revista y lo recortó, pues le pareció un atractivo ejecutivo, un hombre que denotaba poder con sonrisa amable y al que el estrato alto se le notaba por encima. Efectivamente así le llegó, pero pronto se dio cuenta que su deseo salió tal cual a su recorte. El hombre del aviso publicitario tenía una copa en la mano, y entonces el príncipe azul de la vida real, también la tenía y no la soltaba. Un borrachín profesional. Rápidamente empecé a ver el recorte del hombre de mis sueños y le encontré todos los defectos del mundo, ósea ahí no fue, y mi visualización se esfumó.

“Escribe, dibuja, desea, pide, que así te llegará”, “no te cierres al amor”, suelo oír. Yo trato, seguro, pero algo debo estar haciendo mal, y no sé qué es, en serio. A ratos puedo parecer un bicho raro, porque he tenido que escuchar a muchas de mi género, casi con tono de regaño: ‘Es que en el fondo usted no le pone fe, a lo bien’. ‘Es que hay que ser constante’ ‘es que tiene que desearlo de verdad’. Después de intentarlo y fracasar, entendí que esos ‘trucos’ y esas hazañas un tanto esotéricas y ‘epsóticas’ no son conmigo. Aquí yace una romántica que espera, así esté en los 40, y qué.

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