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Columnista invitada / 25 May 2022 - 8:06 p. m.

Dos rayitas o la palabra “positivo” en una prueba de embarazo es lo más hermoso

Significa una maravillosa sorpresa, un regalo inesperado, o el equivalente a ganar la medalla de oro luego de correr una carrera de obstáculos.
Si tienes sospechas de estar embarazada, lo mejor es hacer un test para confirmarlo. Descubre aquí los tipos de prueba de embarazo.
Foto: Pexels
Te contamos lo que sucede durante el primer mes de embarazo
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En mi experiencia personal, la confirmación del embarazo de mi hijo Ayan, que hoy tiene 18 meses, se pareció más a lo último. Cada vez que se celebra el Día de la Madre, no puedo evitar pensar en todos los planetas que tuvieron que alinearse para que él esté con nosotros y se haya convertido en el tesoro más grande de mi vida.

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Siempre damos por hecho que el cuerpo femenino está listo y dispuesto para concebir al primer intento. Yo lo pensaba así: mi mamá es de esas mujeres que siempre se embarazó sin dificultades, en cada uno de sus cuatro embarazos. Por eso, estaba convencida de que mi camino también estaría despejado.

Sin embargo, cuando mi esposo y yo tomamos la decisión de tener un hijo, las cosas no fluyeron como esperaba. Luego de meses de tener relaciones sin protección, venía la decepción. Nos recomendaron de todo: exámenes médicos (que siempre indicaban que no había problemas de fertilidad), comprar kits de ovulación, intentar tener sexo cada día de por medio.

En medio de estos intentos, frustraciones y conversaciones difíciles con mi pareja, no podía dejar de sentirme culpable: me reprochaba haber esperado tanto (ya tenía más de 35 años) y llegué a pensar que tal vez ser mamá no estaba escrito en las cartas de mi destino. Incluso comencé a cuestionarme si realmente lo quería, en parte porque si no se iba a dar, era más fácil convencerme que en realidad no lo quería y no que no podía.

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Después de más de dos años (en el camino para que llegara mi hijo Ayan) en los que pasé por una fractura de pie, una crisis de pareja, la felicidad de un embarazo y la tristeza de perderlo, tuve la lucidez de reconocer que el camino hacia la maternidad no tiene por qué ser uno solo. Y, aunque la adopción para mi siempre estuvo en la mesa, mi esposo quería tener un hijo genéticamente de él, y yo en el fondo también.

La ciencia ha permitido que muchas mujeres logren hacer realidad su sueño de ser madres a través de la reproducción asistida. Mi esposo y yo llegamos a considerarla como una opción absolutamente válida y maravillosa, que debería estar al alcance de todas las parejas, no ser un lujo reservado para quienes pueden pagarlo. También me parece que hablar de las ayudas médicas para llegar a realizar el sueño de maternar no tendría que ser tabú: que estas alternativas deberían estar en la agenda de políticas de salud pública y hacer parte de los servicios que ofrecen todos los planes de salud.

Mi determinación por defender los derechos reproductivos de las mujeres tiene un concepto como ancla: que la maternidad sea deseada. Sueño con el día en que se pueda hablar de las dificultades que a veces conlleva llegar a ser madres, de que no todos los embarazos son deseados, y que la interrupción de un embarazo es una opción tan válida como su continuación. Sueño con poder tener estas conversaciones sin temor al estigma o al rechazo social.

Por eso, hoy quiero celebrar a aquellas que no fuimos mamás al primer intento, a las que lloramos atravesando tormentas emocionales con el anhelo intacto. Pero sobre todo quiero honrar a todas las que, a pesar de las decepciones y las dudas, siguen buscando en el camino de la asistencia médica una prueba positiva, dos rayitas de felicidad que las acerquen al día en el que por fin las puedan llamar mamás.

A todas les deseo una maternidad deseada, plena y feliz.

Autora de la columna: Paula Ávila Guillen, directora ejecutiva de The Women’s Equality Center.

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