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Redacción Cromos / 22 Mar 2022 - 11:15 p. m.

El peligro de la positividad tóxica

En la sociedad del éxito se siente culpa cada vez que llegan los sentimientos asociados con la tristeza y el dolor.
Los peligros de la positividad tóxica
Foto: Pexels
La positividad tóxica nos aleja de quiénes somos en realidad.
La positividad tóxica nos aleja de quiénes somos en realidad.

Todos los que estamos en las redes sociales hemos recibido consejos valiosos, grandes frases y mucho positivismo para vivir mejor. ¿Esos mensajes sirven o son falsos y vacíos?

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Somos una sociedad obsesionada con la felicidad y, paradójicamente, aumentan los casos de depresión, el uso de drogas y una constante sensación de infelicidad. Es hora de preguntarnos si esas fórmulas positivas son la raíz de la intoxicación que estamos sintiendo cada vez más.

La expresión positividad tóxica se refiere a la tendencia a ignorar, anular y tratar de olvidar cualquier pensamiento malo, trauma o momento de tristeza. En otras palabras, es como tratar de sustituir la realidad de la propia existencia por una imagen idealizada de sí mismo y de la vida que uno quisiera llevar.

Muchos terminan por creer que no hablar, no pensar ni sentir lo que no se gusta hará que todo desaparezca mágicamente, y así los días se tornarán rosados y perfectos. El problema es que el pensamiento no tiene poder de acción, por más que uno quiera la magia no existe, y sentir, pensar y elaborar los hechos de la vida es parte del crecimiento humano. En la sociedad del éxito que vivimos se siente la culpa cada vez que llegan los sentimientos normales, como la tristeza y el dolor.

En ese afán de siempre parecer -y no ser- se busca anestesiar la realidad con una lluvia de posibilidades. La vida no es euforia constante ni tampoco es justa para nadie, pero sí es didáctica para todos. Permitirse sentir tristeza, vivir los fracasos y poder experimentar las emociones que nos constituyen es parte de la experiencia, y nos dará la posibilidad de sentir verdaderamente los momentos de felicidad. La euforia algunos la confunden con felicidad, y por eso terminan siendo víctimas tristes de la peligrosa positividad tóxica.

Autora de la columna: Flavia Dos Santos

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