¿En qué tipo de personas nos convierte la maternidad?

La responsabilidad de tener un hijo es abrumadora. No solo porque debemos garantizar que el bebé sobreviva, sino porque la mamá y el papá son, además, el primer ejemplo de humanidad que tienen los niños. ¡Eso asusta!

¿En qué tipo de personas nos convierte la maternidad?
"Ser humano también es perder el norte, encontrarse de frente con la tristeza, sentir un enojo que te consume por completo".Pixabay.

El libro de los porqués. Esa fue mi penúltima compra en una librería. Y no entré con el nombre escrito en mi lista de libros pendientes. Apareció, de repente, y se conectó con una de mis tantas necesidades ahora que soy mamá. Es un libro muy sencillo, con explicaciones de los fenómenos naturales, el planeta, los animales y otras curiosidades.

Quiero leer ese libro con mi hijo cuando tenga la edad para entenderlo, sí, pero tengo que confesar que lo compré pensando en que quiero ser una mamá que pueda responder por qué los cangrejos caminan hacia atrás y por qué los gallos cantan al amanecer. A El libro de los porqués le siguió Del café a la morfina, un compendio sobre todas las drogas, sus efectos en quien las consume y su composición. Ese si lo tenía en mis pendientes. Me lo sugirió un primo sabio y veterano: “Es el libro crucial para un adolescente (y sus papás)”. 

Si no fuera mamá, no me habría interesado comprar el primero. Parece una nimiedad, pero es un síntoma latente de la forma en que la maternidad nos transforma como humanos. Soy la persona con la que mi hijo pasa casi todo el día. Él graba en su cabeza cada uno de mis comportamientos y los imita: un movimiento, una palabra, un gesto... Él observa si saludo con cordialidad y si agradezco a quienes nos sirven en un restaurante. Él oye si lanzo una palabrota cuando estoy hablando por teléfono. Él sigue ahí, siempre, y lo absorbe todo. Eso me hace sentir más responsable de mis acciones.

Ser mamá ha transformado aspectos de mi personalidad que no creía que pudiera modificar. Y esto ha significado un cambio positivo en mi vida. 

Para comenzar, soy menos trascendental con las peleas, con el conflicto. Me he convertido en una mujer más pacífica. Soy más tolerante con la diferencia, lo que me ha hecho una mujer más amable. Soy más agradecida con mis papás, ya que ahora reconozco que lo que hicieron por mí estaba cargado de las mejores intenciones (y lo que dejaron de hacer, sencillamente, no se les cruzó por la cabeza); eso me ha hecho una mejor hija y una menos exigente. 

Ese tránsito, no obstante, llega con momentos tan humanos como perder la paciencia, querer desaparecer de la casa por unas horas y tener muchas ganas de gastarme la plata en algo que no se parezca a una obligación. Y ahí está la parte más jodida de ser la primera persona que mi hijo tiene como referencia. Porque ser humano también es perder el norte y no saber qué hacer, encontrarse de frente con la tristeza, sentir un enojo tan poderoso que te consume por completo. Me imagino que aprender a ser mamá es también aprender a  mantener el control, a encarar los malos ratos y luego corregir.

Ser su ejemplo no garantiza que vaya a copiar todos los valores que quiero inculcarle. Aunque tengo ideas de cómo quisiera que mi hijo se desarrollara, sé que nada asegura que él vaya a transitar exactamente el camino que yo quiero mostrarle. Y está bien. No soy dueña de su destino. No soy dueña de él. Yo solo deseo, honestamente, que logre momentos de felicidad que le alcancen para suplir los de tristeza, que serán inevitables. Y que nos recuerde (a su papá y a mí) como una pareja que se esmeró por darle un buen ejemplo sobre cómo vivir en una sociedad, cómo mitigar el impacto que causamos como especie, y cómo respetar la diferencia en todos los momentos de su vida.

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Mónica Diago - @monicadiago

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