Opinión

¿Es posible construir una relación para toda la vida?

Me hice esta pregunta en tiempos de altas tasas de divorcios, de poliamor y desapego. Concluí que el amor bonito es para valientes.

¿Es posible construir una relación para toda la vida?
"Reposo en el aquí y en el ahora. Disfruto de esto y no sé cuánto dure, porque nadie es dueño de nadie".Getty

A mis treinta y tantos años he pasado por varios tipos de re­laciones. Pruebas de ensayo y error que me costaron lágri­mas. En algunos casos, fui yo el elemento nocivo; en otros, me convertí en la víctima de una relación tóxica. Luego transité una etapa de soltería crónica, en la que predominó el miedo a repetir his­torias pasadas.
Tuve una época de contrabandista de besos. Me conecté con seres apasionados e interesantes, que se iban pronto, debido al acuerdo mutuo de solo placer y nada de sentimientos. Disfruté esta situación por un tiempo, pero después perdió el sabor.

Años más tarde, en un intento por sa­nar aquellos dolores añejos, empecé a es­cribir sobre el amor para ver si algún día llegaba a entenderlo… Fui ilusa al embar­carme en esta titánica tarea; sin embargo, he aprendido mucho desde aquel enton­ces. Me encontré a mí misma y esa es la mejor ganancia.

Cuando me sentía plena con la vida que había labrado en solitario, apareció alguien especial que me tentó lo suficiente como para dejar la soltería. Con miedo, me lancé, porque intuí que valía la pena.

Aunque me conocen como la Soltera DeBotas, por mi blog, la verdad es que desde hace rato estoy acompañada en lo emocional, en lo físico y en lo espiritual. Suena lindo, ¿no? Pero debo confesarles que no ha sido un cuento de hadas, porque soy más bruja que princesa y él carece de títulos nobiliarios. Ha sido, más bien, la historia de dos personas un poco rotas que vieron potencial en el otro, que car­gaban la sabiduría de la experiencia y que se comprometieron a transitar un camino juntos.

Fue un acto de intrepidez en estos tiempos de turismo emocional, en los que cada vez es más complejo cimen­tar algo duradero. Las relaciones se han vuelto un producto de consumo con una fecha de caducidad muy corta.

Cada cabeza es un universo, por eso existen diferentes tipos de relaciones. Hay quienes no tienen madera para el ma­trimonio y quienes no estarían cómodos con el poliamor. Y es que las vainas no son blancas o negras, hay toda una escala de grises. Existen muchas formas de amar y tenemos la libertad para elegir la que más se ajusta a nosotros.
¿Se puede construir un amor bonito? La respuesta es sí, pero nadie dice que sea fácil. Soy romántica y realista; es decir, no uso lentes rosados ni grises, he decidido ver las relaciones sin filtros, pero eso no les quita lo encantadoras. Y aunque todavía no he descifrado el amor, al menos cuento con herramientas prácticas para afrontarlo.

Entender la transitoriedad

Está bien tener planes a largo plazo. No obstante, hay que tener claro que el “para toda la vida” es un concepto relativo. Mu­chas veces nos reinventamos y resulta que esa persona ya no encaja. Todo es cí­clico, con un comienzo y un final, así que las situaciones y los sentimientos pueden transformarse. Solo basta con ver los fe­nómenos de la naturaleza para concluir que lo único constante es el cambio. No se trata de rendirse fácilmente ante los obs­táculos, pero tampoco es bueno mantener una relación si la felicidad se fue hace rato. Hay que saber cuándo luchar y también cuándo retirarse.

Conocer las etapas del amor

La primera es el enamoramiento. En ella idealizamos al ser amado y el deseo nos mueve las fibras. Puede durar algunos años o varios meses, ¿y luego qué? Cuando pasa la efervescencia empieza el proceso de aceptar las virtudes y los defectos, de consolidar acuerdos, generar compromi­sos, hacer planes juntos... Más adelante, cuando la pasión disminuye, viene la tarea de combatir la rutina. Cuando se agota el enamoramiento, mucha gente cree que el amor se fue, porque ya que no siente lo mismo que antes. No comprenden que es un proceso natural, que hace parte de la llegada de la estabilidad. ¡Ojo! Esto no quie­re decir que deba ser aburrida.

¿Fidelidad o lealtad?

Estudios aseguran que los seres hu­manos no nacimos para tener una sola pareja. La fidelidad es un cons­tructo de nuestra sociedad y una de­cisión propia; por tanto, es posible amar a alguien y que nos atraigan otras personas. No somos de palo. Sin embargo, esto no significa que deba­mos quebrar la confianza e irrespe­tar los acuerdos de fidelidad, tácitos o explícitos, que se tienen en una re­lación cerrada. Por otro lado, dichos convenios no son inamovibles por­que, de mutuo acuerdo, pueden re­plantearse. Hay quienes inician con relaciones abiertas y luego se van por la exclusividad, y otras parejas que, con los años, deciden flexibilizar sus tratos. Ya sea que los pactos sean rígi­dos o laxos, es importante que siem­pre haya transparencia.

Mantener la motivación

Tenemos que ser conscientes de la voluntad que se requiere para cons­truir algo que perdure más allá de las maripositas en el estómago. Así como te propones ir tres veces por semana al gimnasio, se pueden im­plementar hábitos saludables para fortalecer la relación, como expresar el afecto con hechos, apoyar a la pa­reja en momentos difíciles, cultivar la comunicación asertiva y la erótica, prepararse para las épocas de crisis y buscar posibles soluciones. Sacar tiempo de calidad para estar juntos y darse un respiro para las actividades individuales.


***

Por experiencia les digo que el amor no riñe con la tranquilidad. Me siento libre y no he dejado de ser yo, estoy con alguien que me com­plementa. Así haya días duros, en los que andamos de malas pulgas, allí estamos el uno para el otro. Cuando me pongo ansiosa e insoportable, él es quien me da un abrazo y deja cho­colates debajo de mi almohada.
Reposo en el aquí y en el ahora. Disfruto de esto y no sé cuánto dure, porque nadie es dueño de nadie. Solo creo en la belleza imperfecta de los amores que no son eternos.

Sé que las ideas del amor han cambiado. Las nuevas generacio­nes tienen otras prioridades y con­sideran que es demasiado trabajo invertir en una relación. Se volvió más práctico soltar. Por eso me pare­cen muy valientes aquellas personas que se abren y que, a pesar de todo, le apuestan al amor bonito.

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