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hace 11 horas

Es que las trans son muy conflictivas

Todavía falta mucho camino por recorrer para que seamos respetadas y valoradas en los medios de comunicación donde trabajamos.

Es que las trans son muy conflictivas
Michelle Valencia y Endry Cardeño. Foto: Archivo Cromos/El Espectador

Contacté a Michelle Valencia (periodista, presentadora y portada de esta revista en el 2012) y a Endry Cardeño (conocida por su papel de Laisa en la telenovela Los Reyes) para hablar de nuestra relación con los medios de comunicación.

Las tres compartimos un amor profundo por nuestro trabajo y por nuestra audiencia. Sin embargo, a ninguna le ha parecido fácil ser la única trans, la primera trans, ‘la trans’ de moda. Aunque esa etiqueta hace parte de nosotras, nos hemos sentido minimizadas o reducidas, cuando en realidad es por nuestro talento, trabajo y dedicación por lo que queremos ser reconocidas. Compartimos una narrativa –enunciada desde unos medios compuestos mayoritariamente por hombres en posiciones de poder y por personas heterosexuales y que no son trans–: nuestras peticiones para mejorar o sentirnos cómodas en nuestros ambientes laborales han sido leídas como irracionales e irreconciliables. Nos hemos sentido retratadas, de forma desproporcionada e injusta, como divas prepotentes que piden demasiado.

Ver: Se busca trans para subir rating

Sentimos la exigencia de mostrarnos como personas alegres y simpáticas. Hemos enfrentado cambios abruptos de trato, una vez decidimos mostrarnos como somos en realidad: mujeres con carácteres fuertes que nos hemos guerreado y ganado a pulso y trabajo el lugar que ocupamos en el mundo profesional. También sentimos que se nos impone una carga de ser ejemplos de vida y modelos a seguir positivos, es decir, se nos quita la posibilidad de la imperfección y la maldad.

Cuando reaccionamos a enfoques creativos o de prensa que nos parecen limitados y discriminatorios se nos juzga de victimizarnos y se nos aconseja ser más mansitas.

Endry me cuenta que le tocó “ser punta de lanza y abrir brechas”, lo cual implicaba un riesgo latente. Eran los años 90, cuando no había tanta visibilidad, no teníamos ningún derecho reconocido y “la sociedad nos consideraba de segunda categoría y solo nos percibía como delincuentes”. Cruzarse por un medio –que hace parte de una cultura transfóbica y machista–, implicó mucha resistencia y enfrentarse a situaciones incómodas: “Al momento de hacer valer mi dignidad, se me calificó como una persona inmanejable, difícil y como una diva problemática”.

En una entrevista, a Endry le preguntan si a ella le libretean las respuestas. Cuestionaban, evidentemente, sus capacidades intelectuales. Ella se molesta por tal insinuación y es presentada como una furiosa que “pela el cobre”.

A Michelle le decían que no caminaba, sino que levitaba. En los programas de chismes salieron rumores sobre ella en su ambiente laboral: “A mí me dolió mucho y me adelgacé 15 kilos. Nunca me sentí en familia en el canal… Nos tildan de locas, que no nos aguantan, malgeniadas”.

Si estos estereotipos surgen en medio de disputas laborales, hay que sospechar de este tipo de argumentos, por la carga histórica y el contexto en el que ocurren. Particularmente, en ambientes en donde no hay personas trans en lugares de poder.

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Matilda González Gil

Columnistas

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