Espermatozoides y metáforas

Siempre hemos pensado que la fertilización de un óvulo depende de un cardumen de guerreros que compiten para llegar de primero. Pero no.

Cuando salió la película ¡Mira quién habla!, mi mamá no me dejó verla en cine, ni mucho después, cuando una vecina amiga la alquiló. Yo tenía 7 años y decidí que no era posible que yo no hubiese visto la película de la que hablaban todas mis amigas. Finalmente la vi y no entendí, al menos no en ese momento, cuál era el problema con ver la película. Claro, en ese entonces era demasiado explícita la memorable escena con la que inicia la película: una animación –muy avanzada para la época– de espermatozoides en una carrera por alcanzar el óvulo de Kristie Alley. Cuando, años después, me enteré de los conceptos básicos de la reproducción humana, esa escena ya estaba conmigo para ayudarme a imaginar cómo era eso de los óvulos y los espermatozoides. 

 

Emily Martin –antropóloga cultural de 47 años e investigadora del hospital Johns Hopkins– ha dedicado su vida a estudiar la manera en que usamos metáforas para hablar del cuerpo. Se dio cuenta de que hablábamos de los óvulos como unas células pasivas que ‘esperan’ al espermatozoide más rápido, y de los espermatozoides como guerreros en una carrera espartana. Desde 1987, Martin siguió a médicos del Johns Hopkins que estudiaban la movilidad del esperma. “Se dieron cuenta de que los espermatozoides eran terribles nadando, sus cabezas rebotaban de lado a lado. Y tiene sentido, si los espermas fueran buenos enterrándose en tejidos, terminarían incrustados a lo largo del camino, es más efectivo un esperma que se escape de las cosas”, dijo Martin a la revista Discovery Science. Luego, el equipo se dio cuenta de que los espermatozoides intentan escapar incluso del óvulo, pero son atrapados por moléculas en la superficie del óvulo que agarran el esperma hasta engullirlo. Lejos de tener un papel pasivo en la reproducción, el óvulo, una célula que es tan grande que puede ser vista por el ojo humano, tiene un papel activo y asertivo. “La ironía –dice Martin– es que la metáfora de que los espermatozoides compiten uno con otro para llegar al óvulo es totalmente errada. De hecho, a los espermatozoides les cuesta mucho trabajo hacerse camino entre la mucosa, así que toman turnos, como los ciclistas, para avanzar. En este sentido, los espermatozoides ‘colaboran’ entre sí. El óvulo, en cambio, es un solitario, solo uno madura cada mes y la maduración de uno inhibe la maduración de los demás. La idea de ‘macho’ aplicada al esperma, no solo no nos deja ver bien la realidad, la altera por completo”. 

 

Por supuesto, el óvulo no ‘elige’ un espermatozoide de la misma manera que una mujer elige a su pareja. De entrada está mal antropomorfizar de esa manera a una célula. Pero el ejemplo sirve para mostrar cómo esas metáforas sobre lo masculino y lo femenino, construidas socialmente, alteran lo que entendemos por ‘natural’. Ah, y también muestra lo absurda e irracional que es esa insistencia con que lo femenino es igual a lo pasivo. Nada más alejado de la realidad. 

 

Foto: Getty. 

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2018-03-23T16:06:00-05:00

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Catalina Ruiz-Navarro

Columnistas

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