La gente que cree estar muerta y la importancia de creerles a las enfermedades mentales

La mente aún es un laberinto difícil de descifrar, pero eso no quiere decir que los males que la aquejan sean un invento o una ilusión.

La gente que cree estar muerta y la importancia de creerles a las enfermedades mentales
Foto: Pixabay.

"Escribo esto mientras experimento un tipo de psicosis conocido como síndrome de Cotard, durante el cual el paciente está convencido de que está muerto”. Así arranca, Esmé Weijun Wang, uno de los ensayos que hacen parte de The Collected Schizophrenias (Las esquizofrenias coleccionadas), un libro donde explora con precisa elocuencia lo que ha sido vivir con un diagnóstico de trastorno esquizoide de la personalidad.

Weijun Wang cuenta cómo, durante varias semanas, está convencida de que ha muerto, cómo su mente se acopla a la realidad: ella ve que los otros la ‘ven’ y la perciben como ‘viva’, pero ella sabe que está muerta, por lo que solo puede significar que está experimentando la vida después de la muerte. “Era verdad que estaba muerta, pero concluí que tenía sentido actuar como si todo estuviera normal, porque me encontraba en la vida después de la muerte. Según la lógica de mi espejismo, esta vida después de la muerte me la habían dado porque no había hecho lo suficiente para mostrar compasión en mi vida ‘real’, y aunque ahora estaba muerta, la muerte era una oportunidad optimista”.

Sufrir de trastorno esquizoide es muy inusual. Si a eso se le suman episodios del síndrome de Cotard, significa que Weijun Wang está en terrenos poco transitados. Eso produce una angustia adicional: la ausencia de salidas.

A lo largo del libro, que aún no ha sido traducido al español, pero que recomiendo con los ojos cerrados, Weijun Wang explora cómo los distintos aspectos de su vida se han visto afectados por la esquizofrenia. No he dejado de pensar en sus palabras, porque, aunque su caso, sin duda, tiene una gravedad que muchas personas no podemos comenzar a imaginar, los obstáculos a los que se ha enfrentado son tan comunes para cualquier tipo de enfermedad mental.

Después de mi última columna en Cromos, recibí el correo de una madre. Me decía que su hija de 18 años experimenta síntomas muy parecidos a la depresión, pero que a ella le cuesta creerle. En síntesis, me dice que no quiere permitir que ella arroje su vida por la borda, que no puede entenderla. Me lo dice con frustración y, también, con profundo amor. Yo la entiendo.

Tal vez el reto más grande de las enfermedades mentales es que no son visibles. Y no son ciencia exacta. Un brazo roto es difícil de ignorar. La mente no es tan obvia.

“La medicina es una ciencia inexacta, pero la psiquiatría lo es aún más –escribe Weijun Wang–. Es fácil olvidar que los diagnósticos psiquiátricos son construcciones humanas, no mensajes transmitidos por un Dios que todo lo sabe”. Los mismos pacientes de enfermedades mentales, como lo narra muy bien ella, sufren por no saber si se están ‘inventando’ los síntomas, si están imaginando cosas.

Por eso, empecemos por creer que no es un capricho. Lo escribió mejor Weijun Wang: “En este abismo sombrío, la clave es no tener miedo, porque el miedo, aunque inevitable, solo agrava el horrible sentimiento de estar perdido”.

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