Opinión

La maldita manía de algunos periodistas de vincular a Lionel Messi al fracaso

Estaban esperando la eliminación de la selección argentina para sacar el diccionario del matoneo, como si a estas alturas lo hecho por el jugador del Barcelona no fuera suficiente para disfrutar de su existencia más allá de los resultados.

Imagen de la semifinal entre Brasil y Argentina en la Copa América 2019.AFP

Somos esclavos del reconocimiento. Todos somos algo y, al mismo tiempo, nos creemos algo. Con las redes sociales el exceso del yo pesa toneladas de basura espacial. Nos creemos únicos e irrepetibles, una pieza de varios quilates, hallada por un buscatesoros en las entrañas de la tierra.

Creerse y soñar no cuesta nada. Pero la verdad es el día en que ya no estemos aquí, solo le haremos falta a nuestras mamás y a uno que otro ser querido. Los números de seguidores y 'likes' nos enseñaron a medir a las personas. Si antes se discriminaba por apellido, color de piel o estudios, hoy se hace por la cantidad de “followers”. Y bien para el que le guste esa dinámica. A Silicon Valley le hacía falta crear algo así para llenar de sentido la vida de muchas personas.

Con la vara de ¿qué te has ganado? y ¿cuántos seguidores tienes? (de los mismos creadores de ¿usted no sabe quién soy yo?), medimos a nuestros ídolos. El mismo fútbol nos ha enseñado que para existir hay que ganar, idea que me recuerda el libro de Trump llamado El secreto del éxito en el trabajo y en la vida.

Estaba esperando el resultado de ayer del partido Brasil vs. Argentina para ver encendida la hoguera. Los contadores de éxitos tenían listo el gatillo para disparar con saña al que “lo gana todo en Europa, pierde todo con su país”. Tras la eliminación de Argentina, algunos portales titularon lo siguiente: “"Le quedó grande la selección. Fue un Messi venido a menos, triste, cansado, muy preocupado", "Los rostros de Lionel Messi en la derrota de Argentina" y “Se ríen de Messi con un videojuego”.   

Ver perder al futbolista que marcó una época se convirtió en el deporte favorito de millones. A ellos les digo que Messi no necesita ganar más premios porque sus gestas serán difíciles de igualar en las próximas décadas.  Dejemos al genio ser genio, dejemos de pedirle resultados (no somos sus jefes), dejémoslo vivir en paz, que vino a descomprimir nuestro agobio rutinario, a susurrarnos que, como mortales, nunca perdamos la sensibilidad para apreciar los bellos accidentes de la naturaleza.

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