Las mujeres sobreviviendo al acoso sexual

“Entiendo que por miedo muchas veces no podemos reaccionar ante la violencia y el acoso sexual. Pero otras veces sí, otras veces somos muy valientes y tomamos acción como Martha Isabel Bolaños, que tuvo el coraje de enfrentar a ese depredador”.

Tomada de Instagram/@marthaisabelii.

Esta semana se hizo viral en redes sociales un video de un hombre que agredió y acosó a la actriz Martha Isabel Bolaños gritándole unas palabras tan violentas y desagradables que realmente no vale la pena repetirlas aquí. Cuando me encontré con el video recordé inmediatamente las veces en las que yo también he sido acosada. En las que he sentido inseguridad y miedo. (Ver: Martha Isabel Bolaños fue víctima de acoso callejero)

Los actos de acoso sexual hacia las mujeres no solo suceden en la calle. Muchas veces tampoco son visibles, pero al final, tienen como resultado mujeres incómodas que sobrevivimos día a día con miedo, y con la necesidad de pensar todo el tiempo en rutas más seguras, lugares más seguros, horarios más seguros, personas más seguras y hasta en ropa más segura.

Hace varios años trabajé con un periodista, él siempre fue muy amable y caballeroso, actitudes que con el pasar de los meses subieron de tono. Pasó de ser mi jefe a un pretendiente. Comenzaron las cenas de trabajo y las llamadas en horas inapropiadas, hasta que un día me habló de sus sentimientos. Yo le dije que me sentía halagada pero que no lo veía del mismo modo. Fue entonces cuando la situación se puso intensa y decidí renunciar. Ahí empezó mi pesadilla.

Me seguía, me acosaba. Tuve que mudarme, cambiar de teléfono varias veces, él me enviaba correos amenazándome y enviaba correos a conocidos desacreditándome. Lo denuncié, pero el proceso para que este señor se alejara duró meses, meses en los que no dormí, viví con psicosis y hasta tuve pesadillas. Por mi trabajo, he tenido que cruzármelo en varios eventos durante estos años, he tenido que verlo a la cara y he tenido tambièn que recordarle que ya no le tengo miedo y que no voy a permitir que se vuelva a robar mi tranquilidad.

Otro caso de acoso fue en el 2017. Para ese año yo trabajaba para una entidad distrital. En una de las alcaldías locales con las que trabajaba, le solicité al referente una cita con el alcalde local, pero este me comunicó que para poder reunirme con él primero debía ver a su asesor, algo a lo que no le vi ningún inconveniente porque estaba acostumbrada a ese tipo de burocracias. Cuando llegué a la reunión, el asesor me hizo seguir a su oficina y me pidió que le informara lo que quería hablar con el alcalde. Yo trabajaba con la coordinación de la Política Pública Distrital LGBT y procedí a presentarle el tema. Él se comenzó a acercar hasta que intentó tocarme las manos. Quedé paralizada y no pude continuar con la presentación. Estaba bloqueada. No reaccioné, ni dije nada, solo trate de retomar mi discurso, entonces él me hizo preguntas sobre las mujeres trans en un contexto sexual. Le pedí que paráramos la reunión y al salir de su oficina me dijo: “la próxima vez que nos veamos, te vienes en mini falda”.

Una vez fuera de ese lugar caminé varias cuadras. Llamé a mi novio para contarle lo sucedido. Lloré de frustración, impotencia y rabia. Estuve deprimida varias semanas. Me preguntaba por qué no lo puse en su sitio, por qué no grité, por qué no hice algo. Al final aprendí que fue por miedo. Miedo al poder de su cargo. ¿Quién le iba a creer a una referente y transgénero? Era su palabra contra la mía. No había evidencias ni testigos. Por esta razón, solo le conté a unas pocas personas y no lo denuncié. No quise dar esa batalla.

Entiendo que es por miedo que muchas veces no podemos reaccionar ante la violencia y el acoso sexual. Pero otras veces sí, otras veces somos muy valientes y tomamos acción como Martha Isabel, que tuvo el coraje de enfrentar a ese depredador. Tenemos que saber que cada mujer maneja estas situaciones de un modo distinto, desde las herramientas a las que puede acceder. Por mi experiencia comprendo que lo mejor es denunciar, pero también creo que hay una enorme falta de empatía en las mujeres que dicen “si fue verdad por qué no denunció antes”, seguramente estas mujeres nunca han vivido una experiencia de acoso sexual que las aterrorizó, que las paralizó.

Seremos más solidarias entre nosotras si entendemos que cada una vive su propio proceso, un proceso autónomo, construido desde las experiencias y libre de prejuicios.