Columnista invitada / 7 Jan 2022 - 7:40 p. m.

Los peligros de la adicción a la pornografía

En el pasado se necesitaba mucho trabajo y dinero para tener acceso a ella, mientras que hoy está a un clic de distancia.
Los peligros de la adicción a la pornografía
"Exponerme a la pornografía a los 11 años dañó mi vida sexual", dijo recientemente la cantante Billie Eilish.
"Exponerme a la pornografía a los 11 años dañó mi vida sexual", dijo recientemente la cantante Billie Eilish.

El porno es un espacio cada vez más accesible y engañador. Investigaciones recientes afirman que entre el 5% y el 8% de la población mundial es adicta al contenido XXX. Las personas pasan por lo menos 10 horas semanales viéndolo, sin saber que están construyendo un prejuicio en sus relaciones personales y, en algunos casos, también laborales. El placer es bueno y necesario, pero la dependencia no.

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¿Cómo no caer en el facilísimo que nos da el porno? Porque el sexo y el placer es más complejo y hablamos de varias falencias emocionales que se buscan llenar con cualquier fuente de gratificación. El punto del porno es que las imágenes están llevando a un empobrecimiento de la creatividad y a la incapacidad de estimular las fantasías, que son construidas a partir de nuestras experiencias y los deseos personales.

Erotismo es transformar el sexo por medio de pensamientos, y eso, a la larga, en realidad es arte. Cada universo erótico es distinto y está cargado de emociones e historias personales. En vez de estimularnos, el porno abre las puertas de la pereza mental y, al escudriñar en nosotros ese erotismo, ya no lo encontramos.

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Aquí es cuando volvemos al material disponible, lo hacemos hasta la saciedad, sin darnos cuenta del daño que nos estamos haciendo. La sexualidad pasa a depender de esas imágenes no creadas por nosotros, y el vacío emocional, que suele ser el punto de partida de las adicciones, encuentra un lugar que lo satisface al tiempo que lo empobrece.

Analizar nuestro vínculo con el porno es un trabajo largo. No se puede quitar de la vida de las personas el sexo ni tampoco la comida, pero sí se puede entender la función que está ejerciendo ese placer repetido, y buscar una nueva relación con la propia sexualidad, en la que haya comunicación y placer real.

Autora de la columna: Flavia Dos Santos.

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