Maternidad exclusiva en tiempos feministas

Renunciar al trabajo para dedicarse al cuidado de un bebé es una decisión compleja que muchas mujeres toman para entregarse a sus hijos, en los primeros años de vida. En estos tiempos es una elección polémica y llena de matices.

El mismo feminismo me dio la valentía para decidir lo que en estos momentos es lo mejor para mí y para mi bebé.Foto: iStock.

No fue nada fácil renunciar. Me costó. Me costó mi salario mensual, mis vacaciones pagas, mis ahorros, mis almuerzos con mis amigos, mis jornadas inventando estrategias para proteger el planeta, mi rutina como la conocía y la dominaba desde hace 10 años.

Me costó varios meses de incertidumbre, pensando cómo dejar un lugar que amaba y cómo definirme si ya no iba a ser empleada. No es una decisión fácil de tomar en estos tiempos de mujeres empoderadas y profesionales, pero el mismo feminismo me dio la valentía para decidir lo que en estos momentos es lo mejor para mí y para mi bebé, porque el feminismo es, precisamente eso, libertad.

Claro, no falta la mujer que me confronta, me mira a los ojos desafiante y me dice: “El mercado laboral te va a cobrar tu ausencia, ojo, no deberías hacerlo, los hijos se van”. Por fortuna, y aquí no sé si agradecerles a los millennials, el mundo laboral ya dejó de ser solo una oficina donde marcas tu entrada a las 8:00 de la mañana y la salida a las 5:00 de la tarde.

Mi hijo ahora me acompaña a trabajar. He tenido que llevarlo a reuniones, grabaciones, entrevistas y no es fácil. Hay que empacar los tres alimentos que lo hipnotizan para que me dé unos minutos de silencio (rosquillas, galletas y banano). Hay que llevar coche y portabebés, porque no sé si necesito transportarme de manera ágil (con el portabebés) o si tengo suficiente tiempo para ir más cómoda y llevarlo en el coche. Y hay que advertir a las personas con las que me voy a encontrar que voy con mi hijo y eso siempre me genera inquietudes, pues no sé cómo lo puedan percibir. Pero no tengo más opción, hoy soy esta mujer que trabaja con su hijo en las piernas, porque decidí hacer lo que me genera tranquilidad y felicidad. 

Y sí, los hijos se van. Y no lo veo como un karma, un desplante o un castigo, lo veo como parte del proceso de crecimiento del ser humano, como una decisión que todos los hijos tomamos en algún punto de nuestra vida. Y por eso mismo, porque los hijos se van es que hoy quiero disfrutar enteramente sus primeros años a mi lado. 

Hoy con la mente despejada, con tiempo para aprenderme canciones y para jugar toda una tarde con él, valoro mi valentía. Valoro cada minuto que paso con mi hijo sin preocuparme por el correo que no he enviado, el cuadro de excel que tengo incompleto, los textos que no he revisado, la presentación de la reunión de mañana; por mi mente atiborrada de tareas. Y, seguramente, en un par de años ya estaré de nuevo añorando tener un cuaderno lleno de actividades, ponerme mis aretes de reunión y salir a una oficina mientras mi hijo va al jardín y empieza su inmersión en otros grupos sociales donde su papá y su mamá ya no son lo único importante. Pero mientras eso pasa, quiero disfrutar las mañanas a su lado jugando a asustarnos por toda la casa, bañándonos con calma todos los días y haciendo maromas económicas para que el dinero le alcance a esta familia.