Juan Guillermo Cuadrado y Lionel Messi, las máximas estrellas de los dos equipos.
Juan Guillermo Cuadrado y Lionel Messi, las máximas estrellas de los dos equipos.
Agencia AFP
6 Jul 2021 - 3:34 p. m.

¿Nacer en un país satélite nos obliga a resignarnos a apoyar a su selección?

Así como hay miles de bogotanos hinchas del América de Cali, ¿por qué no puede haber cientos de colombianos que nacionalicen su amor por Argentina?

Alberto Ochoa Mackenzie

A veces imagino qué se sentirá ser hincha de un país que siempre es candidato a ganar. Aprendí a esperar lo peor de la tricolor, aunque un día alguien me dijo que todas y todos tenemos derecho a apoyar a quien queramos. Y tiene razón, estamos hablando de fútbol, no de macroeconomía ni de votar por los mismos de siempre.

Si fuéramos el sueño de Bolívar (la Gran Colombia), quizás seríamos la tercera selección suramericana, detrás de Brasil y Argentina. Pero no somos la Gran ni sabemos bien para qué estamos porque la competición regional está muy pareja.

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En el equilibrio no entran Brasil ni Argentina (perdón que me repita tanto). Hoy Colombia puede ganarle a Perú, perder a los ocho días con Perú (otra vez perdón por repetirme), sacarle un empate valioso a Chile en Santiago y caer goleada en Quito con los hermanos ecuatorianos.

O imponerse en penales a la bicampeona Uruguay. El partido del sábado demuestra la madurez de un equipo que sobrevive a las críticas de los ‘Jamesbelievers’ (los hinchas y periodistas) y a la falta de gol. Nadie sabe a dónde va a llegar con su nadado cansino y silencioso. Si la Copa América y la eliminatoria terminaran hoy, en los libros de historia se leerá que los de Reinaldo Rueda son semifinalistas de un certamen continental lleno de figuras (y de árbitros de accionar sospechoso) y disputarán el repechaje para asistir al siguiente mundial.

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El presente de Colombia es positivo, con sus números actuales si se presentara ante un cónsul le darían la visa a donde quisiera. No es la mejor selección ni tampoco es del montón. Ojalá fuéramos Bélgica, Brasil y Francia, a los que les sobran jugadores para convocar.

Argentina no es la misma de hace 20 o 15 años, que se daba el lujo de escoger entre Batistuta y Crespo, Aimar y Riquelme, Tevez y Saviola. El de Messi es un onceno más modesto, pero con lo que tiene le alcanza para ser favorito. Por eso, por su presente y su pasado, sigue cautivando a grandes y chicos. No sé qué pasará cuando no esté su capitán, quizás esta Copa América sea la última de Messi, razón por la que el aprecio debe ser incondicional por más que Colombia sea su rival.

Como ciudadano de país satélite, déjenme ir por otra bandera, al menos por hoy. La libertad es un derecho indiscutible, blindado porque vinimos a este mundo a hacer lo que queramos sin molestar ni poner en peligro la integridad de los demás.

Cuadrado vs. Messi, Ospina vs. Martínez. Dudoso, me pongo en el anden auriceleste. Es una apuesta arriesgada, porque de nada servirá elegir a Argentina si en la final cae ante Brasil. En ese caso, me arrepentiré por largo rato. Igual permítanme gritar lo siguiente mientras pueda: ¡Que gane Messi! Cierro los ojos y ahí lo puedo ver levantando la copa que le falta. Brindo por ese futuro.

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