Ni una menos, ¡vivas nos queremos!

Por: Carolina Dueñas Orozco, Women’s Link Worldwide.

 

Basta con abrir un periódico, en cualquier momento del año, para darse cuenta de las graves violencias que a diario padecen las niñas y las mujeres en cualquier parte del mundo.

 

Esta semana nos enteramos de que en Colombia, cada 48 horas se reporta un caso de abuso sexual en contra de las niñas y adolescentes; de que este delito se ha incrementado en casi un 11 por ciento; y de que los victimarios son principalmente sus familiares, amigos, conocidos, parejas o exparejas, según datos revelados por el Instituto de Medicina Legal.  

 

A comienzos de noviembre, el Observatorio de Medios y Género de la Universidad Central reveló un informe que muestra que hasta septiembre de 2017 la prensa colombiana registró 252 feminicidios (asesinatos de mujeres, por el hecho de ser mujeres), es decir, por lo menos uno al día.

 

En marzo de este año, en plena celebración del día internacional de la mujer, supimos del asesinato de 40 niñas guatemaltecas que murieron incineradas en un centro de menores, tras protestar por los abusos físicos, psicológicos y sexuales a los que eran sometidas en este lugar en donde debían estar protegidas por el Estado.

 

Apenas dos días después, medios internacionales revelaban la historia de una víctima de trata de personas, explotada sexualmente, a quien sus tratantes permitieron que violaran mientras paría. Y a finales de abril, salió a la luz pública el caso de una niña de tan solo tres años que fue violada y asesinada por sus cuidadores en el municipio colombiano de Armero, departamento del Tolima.   

 

Demasiado horror para ser asimilado en un mismo escrito, ¿verdad? Sin embargo, ¿a alguien le queda duda de que hay un patrón de violencia generalizado en contra de las niñas y de las mujeres y de que el tipo de violencia que sufren es diferente al que le ocurre a los hombres?  

 

Esta violencia que se ensaña con el cuerpo de las mujeres, que se ejerce para controlarlas, humillarlas o amedrentarlas es la que debemos frenar si queremos construir sociedades en paz. Porque la paz, la tranquilidad y la seguridad no vienen dadas solamente a través de acuerdos políticos, sino que se construyen también en las esferas más básicas de la sociedad.

 

Por eso hoy 25 de noviembre, día de la no violencia contra la mujer, es importante alentar a que las familias, los vecinos, los amigos y en general el círculo más cercano esté atento a las situaciones y relaciones que ponen en riesgo a las niñas y a las mujeres.

 

Algunas medidas básicas para hacerlo son:

 

  • Enseñar en general pero especialmente a los niños, jóvenes y adultos varones a no violentar de ninguna manera ni en ninguna circunstancia, el cuerpo de las mujeres.
  • Atendiendo a que el 86% de las valoraciones por abuso sexual se hacen en niñas menores de 17 años, según Instituto de Medicina Legal, es importante enseñarles medidas de autocuidado, incluso a las más pequeñas, que siguen siendo las más vulnerables. Deben aprender a reaccionar ante cualquier tocamiento indeseado, y que genere incomodidad, por parte cualquier persona, incluso de su círculo cercano; y deberían podérselo contar inmediatamente a una persona adulta en la que confíen.
  • En relación con casos de violencia intrafamiliar, es importante evitar juzgar las actuaciones de las mujeres que desisten de denunciar la violencia de la que son víctimas, las que regresan con el agresor o aquellas que no pueden salir del círculo de violencia. Dado que es muy probable que su relación esté mediada por el miedo, la dominación o la manipulación, comentarios como “por qué volvió con él si le pega tanto, es una bruta” solo contribuyen a hundir aún más a la víctima.

 

Pero más allá del papel que desde lo cotidiano podemos jugar para frenar la violencia contra las mujeres y las niñas, son las autoridades las llamadas a responder por este problema que ha adquirido desproporcionadas dimensiones. Para comenzar, hay que exigirles que cumplan el mandato de disponer de cifras oficiales precisas y públicas sobre el feminicidio en el país, de modo que se pueda conocer la magnitud y características del problema y tomar las medidas adecuadas para enfrentarlo.

 

Y tan importante como las cifras, las autoridades tienen la obligación de ofrecer mecanismos de protección efectivos para las mujeres que han denunciado ser víctimas de violencia o estar en riesgo a causa de relaciones violentas y desiguales. De esta manera, se evitaría lo que lamenta Carlos Valdés, director del Instituto Nacional de Medicina Legal, quien aseguró ante un medio de comunicación que “…a muchas de las mujeres valoradas por nuestra institución no se les ha prestado la real atención que ameritan. Y de esas muchas, algunas regresaron como cadáveres porque nadie les puso atención a la valoración del riesgo”.

 

Es urgente tomar medidas para hacerle frente a esta cruda realidad que enfrentan las mujeres y las niñas. No queremos más mujeres asesinadas, violentadas ni abusadas. Por eso hoy, en el día internacional de la no violencia contra las mujeres, nos sumamos a las voces que piden #NiUnaMenos #VivasNosQueremos

 

Foto: iStock.

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