Columnista invitado / 21 Dec 2021 - 11:51 p. m.

Primera promesa incumplida del 2021: convertirme en un ateo del fútbol

Admiro a las personas que me detallan como a un bicho raro cuando les hablo de un partido. Quisiera ser como ellas o ser aficionado a los ‘youtubers’, ‘influencers’ o a los escritores de ciencia ficción apocalíptica. Lo digo sin vergüenza, gritando, con un dron grabándome: ¡estoy atrapado y quiero liberarme!
El fifagate estalló en 2015. Esta es una de las imágenes más recordadas del escándalo. El comediante Simon Brodkin lanzó billetes al entonces presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter, durante una rueda de prensa.
Getty Images
Juan Carlos Osorio, el técnico del América.
Juan Carlos Osorio, el técnico del América.
Foto: Dimayor

¿Debería ir al psicólogo? Sé que no es una adicción, es una dependencia que de todos modos tiene el potencial de convertirse en una amenaza capaz de arruinar definitivamente mi intelecto. Las mañanas de mis fines de semana están centradas en el (los) partido (s) de turno y en las noches puede estar la película Watchmen en un canal privado, y yo prefiero ver a los comunicadores del fútbol hablando obviedades y dando análisis que yo podría hacer a los 6 años, cuando le daba puntazos al balón.

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Sí, reconozco que me da pena consumir tanto de eso. Frente al espejo me siento comiendo una hamburguesa de dos carnes en medio de una justificada manifestación de veganos. Y se fue el 2021, me vacuné dos veces, y sigo siendo el autómata de siempre. Si Juan Carlos Osorio no me ha dado razones de peso para apagar e irme, quizás debo abrazar mi afición como un mal que me acompañará hasta el final.

Quisiera que los suizos diseñaran una capsula para que cuando uno salga de ella no le guste más el fútbol. No es que yo haya puesto en práctica un plan para desintoxicarme; estoy seguro que el fútbol aniquiló mis ganas de liberarme. Si no es en el televisor, lo consumo en el computador y, si no es en el celular, de repente me sorprendo hablando con un amigo de X portero o defendiendo a Messi como el mejor de la historia.

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Los fanáticos del fútbol se me hacen como los periodistas deportivos que duermen y se despiertan dentro de un televisor. Me resultan de un básico... de un creyente... de un predecible.... que en definitiva ellos son mi propio reflejo. Lo acepto: termino siendo igual de simple y agitado a los hinchas de manual, lejos de mi ser ateo del fútbol que tanto anhelo. Por suerte llega diciembre, ya no habrá partidos mediocres en el Pascual y por unos días dejaré de burlarme de Millonarios. Pero hay Premier (Davinson está jugando) e inicia el tira y afloje de los fichajes.

El 2022 es de mundial y lo más seguro es que Colombia no clasifique. La tusa que voy a sentir puede ser la oportunidad para poner la primera piedra del antes y el después. Ya le prometí a mi novia lo siguiente: no voy a comprar el álbum Panini; veo los de los mundiales anteriores y quiero quemarlos porque representan mi perenne sensación de culpa. ¿Para qué la plata y el tiempo dedicados a llenar esas páginas? A veces soy nada por dentro y, cuando volteo a mirar la hora, saboreo asco por no haber hecho algo distinto a contemplar a unos atletas que se lucran con mi mediocridad.

Marx o quien sea que lo haya dicho tenía razón: el fútbol es el opio del pueblo.

Autor de la columna: Alberto Ochoa Mackenzie.

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