Revista Cromos

¡Que empiece la Copa América para olvidarme del país en el que vivo!

El fútbol lo veo como una droga que sirve para extraerme del lugar en el que estoy, sin necesidad de gastar plata en viajes. Hoy, más que nunca, celebro que este deporte sea el opio del pueblo.

Foto tomada de la cuenta de Instagram 'matheus_uribe'

La paciencia se agota. El debut de Colombia contra Argentina se torna lejano, se aleja en el calendario, siento que se aplaza. Mientras tanto, ‘Santrich’ se posiciona en el Congreso, Duque viaja a Buenos Aires para reunirse con Macri y la sensación de inseguridad y violencia incrementa en el transporte público, en la calle, en las redes sociales.

Me despierto a las 5:30 p.m. y lo primero que hago en prender la radio. Cuando oigo las palabras “congreso”, “polarización”, “Marlon Marín” y “Duque”, me dan ganas de salir corriendo, porque Netflix ya no es refugio y los libros sanan, pero no por mucho tiempo en una realidad que satura y empalaga.

Partamos de algo: en Colombia nada cambiar. Aquí la realidad se recicla, se mueve como si fuera un personaje de X-Men: tiene la capacidad de rehacerse por más bajo que caiga, solo para superarse. Este país puede ser visto como un capítulo noventero de los Power Rangers: uno sabe cómo arrancan las cosas y cómo terminan. Esta característica, por un lado, es positiva, pues uno desarrolla una intuición para vivir a pesar de saber los finales malos. Por otro lado, es negativa porque cansa el guión de siempre. Agota que las noticias de la radio no sean distintas, que los noticieros del mediodía reproduzcan el boletín de la policía, que a estas alturas se siga discutiendo a la JEP y que el poco tiempo del que uno dispone para el ocio, termine reducido en unas intensas ganas de dormir, producto de las largas jornadas laborales, paralizantes trancones, la zozobra de ir en Transmilenio y la convicción de que esto no lo cambia ni una revolución.

Si Fidel Castro, en vez de conquistar a La Habana, hubiera conquistado Bogotá (o Cali, Medellín, Barranquilla, Palmira, Pasto) en 1959, estoy seguro de que a los dos días Colombia seguiría siendo la de siempre. Por eso contra nuestra inercia está el fútbol, dinámica de lo impensado. Por eso la Copa América es una oportunidad para escapar a través del full HD de este sirirí inaguantable.

Pido a los astros para que Colombia llegue a la final. Que James la rompa para que los clubes se disputen su fichaje. Estoy ávido de ver a esta generación brillante de jugadores, ávido de buenas nuevas, de ver a Yerry anotar como contra Inglaterra, estoy ávido de estudiar los movimientos precisos e inteligentes de Davinson Sánchez en defensa. En esta Copa voy a confirmar que Duván Zapata será el delantero titular de los próximos cuatro años, mientras Falcao, el mejor jugador que ha dado la reciclada Colombia, hace lo posible por estar en condiciones en el mundial de Catar 2022. Lo puedo ver alentando desde el banco como Faryd Mondragón en Brasil 2014, pero con más minutos.

 Sí, quiero que la historia se repita. Y que nazcan más Falcaos, James, Ospinas y Yepes.

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2019-06-11T17:08:50-05:00

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Alberto Ochoa Mackenzie

Columnistas

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