Opinión

¡Qué viva el colecho!

Una mamá, cuyos hijos durmieron solos y de corrido desde sus primeros meses de vida, escribe sobre su nueva pasión: arruncharse con ellos, que ya tienen 3 y 6 años, debajo de las cobijas.

Puse mi brazo debajo de su cabeza y a los cinco minutos el único que estaba dormido era mi brazo.Getty

Estaba dormida, arrullada por los ronquidos de mi esposo, y pasada la media noche siento que algo me respira en la cara. Abro un ojo y veo la silueta de un niño, parado muy cerca de mi cama. Me arranca un preinfarto del susto. Abro el otro ojo para terminar de definir la imagen y  siento una manito fría en mi cara. Luego, una voz suave me dice: “Mamá”. Pensé que era un mensaje del más allá. Mientras temblaba de pánico, recordé: ¡Es mi hijo!

Tengo dos –el que casi me mata cumplió 3 años–, ¡pero nunca, nunca, nunca se han pasado a mi cama! Por eso mi sorpresa al ver un niño en la oscuridad.

Medio dormida y sin saber muy bien qué hacer, lo alcé y lo metí debajo de las cobijas conmigo. Traté de imitar los comerciales de colchones El Dorado y lo puse frente a mí. Quedamos cara a cara. No soportamos la respirada del uno encima del otro, así que él dio la vuelta. Puse mi brazo debajo de su cabeza y a los cinco minutos el único que estaba dormido era mi brazo, así que lo saqué y nos volvimos a acomodar. Él se ubicó sobre mi hombro, pero su pelo me hacia cosquillas en la nariz, así que lo giré otra vez. Después de ganarme una tortícolis y de contorsionarnos un poco más, como si formáramos parte del Circo del Sol, él levantó su cabeza y me dijo: “Mamá, ¿por qué dormir contigo es tan difícil?”. Quise explicarle que era algo nuevo para los dos. Yo no sé lo que es dormir con niños en la cama o eso que se llama colecho. Al final no le dije nada para no espantarle el sueño, pero le di la espalda para ver si por fin encontraba la posición ideal.  Él, sentido,  me reclamó: “Pero no tienes que voltearte”... Mi hijo  tampoco sabía qué estaba pasando, a ellos no se les da con naturalidad el arrunche. Aparentemente, debieron haberlo aprendido cuando estaban más pequeños.

Finalmente, todavía no sé cómo, nos quedamos dormidos. Desperté con la espalda tiesa, la tortícolis agudizada y una costilla golpeada, ¡pero feliz! Toda la noche sentí sus pies calientitos sobre mi espalda. Su mano buscaba la mía y se sentía seguro. Oí sus suspiros de tranquilidad. Durmió  en paz, acompañado de mamá.

Mis hijos duermen toda la noche desde los 3 y los 6 meses, en sus propios cuartos. No sé lo que es trasnocharse con un hijo. Pero hoy les quiero decir: mamás, ¡duerman con sus hijos!

Esta noche, vayan a sus camitas y métanse con ellos debajo de las cobijas.  Las que practican colecho, ¡no paren! No saquen a sus hijos de la cama hasta que cumplan 18. ¡No sabía de lo que me estaba perdiendo!

Ahora, bienvenidos los consejos: ¿tienen posiciones de arrunche?, ¿Desde qué hora, después de dormido, es prudente llevarlo a mi cama?, ¿O yo pasarme para la él?, ¿Cómo no lo traumatizo o me traumatizo? Y, sobre todo, ¿cómo convenzo a mi hija de 6 años para que también se pase?, ¿Cómo saco a mi esposo del cuarto para que quepan mis dos hijos?

¡Aprovechen! ¡Qué carajos! ¡Qué viva el colecho! ¡Casi me lo pierdo!

 

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Lisa Pereira

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