Columnista Cromos

Roja muy roja

Homenaje a María Cano, una de las activistas más potentes de la historia de Colombia. La artista Gabriela Pinilla escribió su biografía.

María Cano.Foto: El Espectador.

"¡Soy mujer y mis entrañas tiemblan de dolor al pensar que puedo concebir un hijo que será un esclavo!”. Esta es una de esas frases que nos  pone la carne de gallina. La escribió María Cano, hace casi un siglo, una dama liberal de Medellín nacida en 1887, que tuvo el privilegio de ser hija de un entusiasta de la educación laica.

Vivió con sus dos hermanas mayores en la casa familiar. Allí empezó a hacer tertulias con los intelectuales más importantes de la época. 

En 1923 escribió para el periódico El Correo Liberal y creó un círculo lector para que los y las obreras analfabetas pudieran acercarse a escuchar. Ese gesto le permitió conocerlos de una forma en que muchas señoritas burguesas jamás hubiesen podido. 

Cano empezó a luchar por los derechos de las mujeres trabajadoras, como cuenta Gabriela Pinilla en su libro María Cano, Roja, muy roja: “Su pelea era en contra del gobierno que se llenaba los bolsillos con el producto de la mano de obra femenina. No permitía que las mujeres tuvieran derechos como ciudadanas, no las dejaba manejar sus bienes o actuar en puestos políticos”. 

En 1925 Cano fue nombrada “La flor del trabajo”, un reconocimiento que era una remembranza entre las luchas de los y las trabajadoras y un reinado de belleza. Lo aprovechó para hacer que su nombramiento se convirtiera en algo político. Empezó a arengar, a dar discursos en público con una elocuencia que fue el motor de arranque del movimiento obrero en Colombia. 

Cuenta Pinilla que “a mediados de 1926, la Confederación Obrera Nacional quiso que hiciera una campaña de preparación para el Tercer Congreso Obrero que se haría en noviembre de ese año en Bogotá, que incluía viajar por diferentes lugares del país.

A Ibagué fue su primera visita, donde el concejo municipal tuvo la intención de homenajearla con una copa de champaña. Se les olvidó que no iba a verlos a ellos sino a los obreros. Cuando los asistentes quisieron brindar, estalló la copa contra el suelo y salió al balcón a incitar a la multitud que esperaba afuera.

El pueblo la amó. Le pareció que ese gesto rebelde demostraba la fuerza de su líder".

Pero como todos los partidos, el socialista era machista y, luego de que sus principales dirigentes fueran a la cárcel, fue cooptado por otros mandos. Se convirtió en el partido comunista y les dio la espalda a sus antiguos líderes, incluida María Cano, que en 1929 fue a la cárcel de mujeres acusada de rebelión. Supuestamente instigó la huelga de las bananeras. Cuando salió de allí estaba aislada y deprimida, y pasó sus últimos días como bibliotecaria en su ciudad, guardando silencio, como si su catarata de palabras se hubiese secado. Pero las palabras son poderosas.

En una de esas tardes en las que se sentaba a leer, una de las personas que se acercó a escucharla fue mi bisabuela. No la vio nunca más, pero pocas palabras bastaron para que pasara de la resignación a la rabia, al descubrir mil injusticias.  Así llegaron sus letras hasta mí, y hoy se las regreso llena de gratitud en esta columna. 

A muchas generaciones de mujeres en Colombia las amenazaron con que no fueran a volverse una “Mariacano”, pero ya es hora de que reclamemos su nombre como un cumplido.