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Columnista invitada / 3 Dec 2022 - 3:29 p. m.

‘Escuchemos de verdad’, una columna de Flavia Dos Santos

Escuchar es mucho más que simplemente oír, ya que implica algo difícil, que es vaciarse a sí mismo para llenarse del otro.
Escuchar es mucho más que simplemente oír, ya que implica algo difícil, que es vaciarse a sí mismo para llenarse del otro.

Durante mucho tiempo, como psicóloga, creí que la palabra era el más grande instrumento de cura, de ayuda y de expresión de los seres humanos. Creí que proveer el espacio para que la persona pudiera hablar varias veces de sus traumas y sus dolores causaría un efecto inmediato de alivio.

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Sobre todo, al poder escucharse es cuando se inicia el proceso de resignificación de los hechos, es decir, una nueva visión de lo que está doliendo. Pero con el pasar de los años veo que más fuerte que la palabra es el enorme poder de la escucha.

Ser escuchados atentamente, con interés real, sin juicios ni prejuicios que suelen llevar a críticas y la sensación de equivocación, puede producir un efecto de bienestar y acogimiento que cada vez es más difícil de encontrar en las personas.

En un mundo afanado, que estimula a competir con el tiempo en una carrera sin fin, se fue perdiendo el espacio que solíamos dar a amigos, hijos, parejas y cualquier otra persona que estuviera en búsqueda de apoyo.

Escuchar es mucho más que simplemente oír, ya que implica algo difícil, que es vaciarse a si mismo para llenarse del otro, es sentir lo que el otro siente y dejarse llevar por el camino que le pidan, por más distinto que pueda ser al de uno.

La escucha, podemos concluir, es la verdadera empatía y quizá la más grande demostración de amor y cuidado con el otro, pues es permitirse sentir en la propia piel lo que el otro nos trae como pedido de acogimiento.

Cada uno de nosotros es único en su forma de sentir, de desear y, sobre todo, de expresar, y por eso aprender a escuchar, abrir ese espacio para otras personas, así como buscar uno para nosotros, posibilita que no nos sofoquemos en nuestras emociones represadas. Esta acción es necesaria, porque es liberadora.

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Autora del texto: Flavia Dos Santos.

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