¿Cómo logra una mujer convertirse en decana de una Facultad de minas?

Verónica Botero es la primera mujer en convertirse en decana de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, la más importante del país. Así lo logró.

Cortesía Universidad Nacional

Es la segunda vez que Verónica Botero hace historia en Colombia. En la primera oportunidad no estuvo sola. Lo hizo junto a su esposa, Ana Elisa, Leiderman. Durante cinco años, dio la pelea para adoptar a su hija, quien había nacido por inseminación artificial del vientre de Leiderman.

Las batallas no fueron fáciles. En Colombia, Leiderman era una madre soltera a los ojos de la ley. Por lo tanto, solo ella tenía responsabilidades sobre la niña, a pesar de estar casada formalmente con Botero. Eso significa que, si se divorciaban, legalmente Botero no tendría que cumplir con ninguna responsabilidad, arriesgando así el bienestar de la niña, pues el ICBF le negó la solicitud de adopción. “Nos discriminan por ser homosexuales”, contaron ambas en su momento.

Y ganaron en un fallo que toda la prensa calificó como histórico en el 2014. Ahora, por razones distintas, aunque tal vez ni tanto, Botero vuelve a los libros de historia.

Desde su creación, la Facultad de Minas más importante de Colombia, la de la Universidad Nacional, en su sede de Medellín, solo había tenido decanos. Botero es la primera mujer en llegar a ese cargo. Por eso las razones no son tan distintas, porque ella, de nuevo vence los prejuicios y los estereotipos.

Y aunque Botero asegura que ha sido una mujer afortunada, pues nunca se ha sentido discriminada dentro de la institución, reconoce que sí existen retos para ellas. “No es fácil vernos en posiciones académicas o administrativas, sobre todo porque somos muy poquitas. Solo somos el 20% de todos los docentes”.

En efecto, cuando Botero era una estudiante de Ingeniería Civil y luego de Geología, era una de las pocas mujeres del salón de clase, pues su carrera es estudiada por hombres en su mayoría. Como luego le pasaría en su vida profesional, tuvo el privilegio de no verse particularmente afectada por esa situación. Siempre sintió que la trataban como al resto de sus compañeros.

Ahora bien, eso no le quita la perspectiva. “Por algunas estudiantes me he enterado de que todavía hay profesores misóginos que hacen comentarios en donde buscan que las estudiantes sientan que no tienen las capacidades para estudiar Ingeniería Geológica, o Mecánica, por ejemplo”.

“Todavía” es una palabra importante, pues para Botero, estas son las secuelas de una historia donde las mujeres han tenido que esforzarse mucho para abrirse paso. “Las mujeres empezaron a llegar en los años 40 a la Facultad. A ellas sí que les tocó difícil, les tocó pelear hasta para tener un baño y para que los profesores no las estuvieran mandando a la casa, diciendo que ese no era su lugar, sino ser esposas y cuidar niños”.

Botero cree que en su facultad existe ahora una “discriminación sutil” que debe develarse. Por eso, quiere que su facultad se convierta en un laboratorio para hablar de género. “Hay muchos comentarios sobre el acoso sexual, pero pocas denuncias”, así que se propone desarrollar un programa que permita que el tema se adueñe de los pasillos de la universidad y crear instancias que hagan posible que las estudiantes se sientan acompañadas. “Yo no creo que el problema fundamental sean las normas, sino la cultura”, comenta.  

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