El arte colombiano pisa fuerte en el exterior

La escena artística nacional está más viva que nunca. El trabajo de los colombianos pisa fuerte en el exterior y en los primeros seis meses del año se exhibe en dos importantes muestras: una en Oslo y otra en Río de Janeiro.
El arte colombiano pisa fuerte en el exterior

Hace unos años el arte colombiano era un misterio para el mundo, un secreto bien guardado. “Nadie sabe que en Colombia no solo crecen flores, sino que también florecen las artes –escribió en 2005 Hans-Michael Herzog, el curador de Daros, una de las colecciones de arte más importantes del planeta–. Y cómo saberlo, cuando se evita visitar el país por miedo a sufrir agresiones físicas. Así, este extraordinario lugar sigue siendo un espacio en blanco en el mapa”.

Herzog describía un panorama desolador, después de que la colección Daros Latinoamérica presentara en Zurich la muestra de arte colombiano más grande que se había exhibido hasta ese entonces en el exterior: Cantos cuentos colombianos. Allí se mostraron obras de artistas como Doris Salcedo, Óscar Muñoz y María Fernanda Cardoso. Ahora, el 23 de marzo, la Colección Daros, que siempre había funcionado desde Suiza, abrirá la Casa Daros en Río de Janeiro y la inaugurará con esa muestra que se presentó en Zurich y que estará en Brasil durante seis meses. 

La exposición vuelve a exhibirse en un contexto muy diferente y en medio de un boyante panorama internacional para el arte colombiano. “El medio artístico de Colombia se ha desarrollado de manera tremenda en los últimos diez años –asegura a CROMOS el ahora entusiasta Herzog–. Está en el nivel de Ciudad de México, São Paulo o Buenos Aires”.

Cuando se abran las puertas de la Casa Daros, otra muestra de 17 colombianos estará en Oslo. La han titulado Colomborama y presenta hasta junio el trabajo de artistas consagrados como José Alejandro Restrepo, Wilson Díaz y Humberto Junca, y otros más jóvenes como Carlos Castro, Angélica Teuta y Andrés Felipe Uribe que se abren espacio a pasos agigantados. En este proceso de internacionalización también es relevante la visita de la baronesa Francesca von Habsburg, directora de la Fundación Thyssen Bornemisza de Arte Contemporáneo, quien hizo un recorrido por Bogotá, Cali y Cartagena en enero, interesada en conocer las joyas del arte colombiano actual, entre las cuales había trabajos de Nicolás París, Mateo López y Johanna Calle, entre otros. “La visita de Francesca surge de su admiración por Colombia –explica Igor Ramírez, vocero de la fundación–. No hay un artista o un curador que no haya visitado el país, el movimiento artístico es tan vital que nosotros teníamos que venir”.

La revolución

Hace veinte años, pocos pensaban en la posibilidad de que se diera este despertar. Durante los 80, los artistas colombianos experimentaron un momento de bonanza económica; pero pronto el mercado del arte tuvo que aceptar que buena parte de ese boom tenía que ver con el narcotráfico y la facilidad que brindaba el arte para lavar activos. Pero luego hubo una revolución interna en el campo artístico y varios factores contribuyeron a que las cosas empezaran a cambiar.

“Los grandes artistas que dejaron de vender en los años 90 se volvieron profesores y dieron la mejor formación posible a la siguiente generación –explica Jaime Cerón, crítico de arte y director de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura–. Además, se crearon más facultades de arte, se replantearon los currículos universitarios y se impulsó el mercado con la creación de artBO. Todo esto llevó a que empezáramos a dialogar con avidez entre nosotros, tanta que los de afuera quisieron hacer parte del juego”.

A estas circunstancias se sumó el apoyo del Ministerio de Cultura, que este año dará 180 millones de pesos para apoyar la circulación del arte nacional por el mundo, y de organizaciones como Colombia es pasión. “Con la ayuda de Colombia es pasión trajimos al país a uno de los curadores más importantes de la esfera artística internacional, Hans Ulrich Obrist –explica Catalina Casas, directora de la Galería Casas-Riegner–. Eso tuvo un efecto multiplicador inmediato y la gente más influyente del medio empezó a interesarse por Colombia. Pero hay que sacarse de la cabeza la idea de que existimos porque los de afuera empezaron a fijarse en nosotros. Siempre hemos tenido buen arte, el asunto es que ellos hasta ahora lo descubren”.

Y es que los artistas colombianos se destacan por ser muy refinados en su técnica y muy sólidos conceptualmente. “Aquí hay una posición más crítica y comprometida con la práctica del arte que en otras latitudes –cuenta Cerón–. Las obras tienen sentidos profundamente complejos y críticos con la realidad y eso ha llamado la atención de curadores internacionales, que ven que esa intensidad artística se ha agotado en otros lugares del planeta”.

Ahora es común ver que el arte colombiano se pasee por los eventos artísticos más importantes del mundo, de São Paulo a Milán, pasando por Venecia y Estambul. Doris Salcedo ya tiene una sala permanente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El mercado interno crece con nuevas ferias de arte en Barranquilla y Cartagena. Y, para rematar, curadores colombianos como José Roca, Juan Andrés Gaitán y María Inés Rodríguez están a la cabeza en centros artísticos claves en México, Londres y Berlín, respectivamente.