El Nobel de literatura J.M. Coetzee llegó a Colombia

El Nobel de literatura leyó un texto inédito durante la apertura del seminario sobre su obra que organiza la Universidad Central en Bogotá. La historia de un hijo, una madre y sus gatos fascinó a un auditorio que estaba a reventar.
El Nobel de literatura J.M. Coetzee llegó a Colombia

En las pocas entrevistas que ha dado en el transcurso de su vida, el surafricano John Maxwell Coetzee siempre se ha mostrado modesto, de pocas palabras, apático. No le interesan los medios, ni dar reflexivas respuestas que demuestren que es un intelectual brillante. Lo suyo no es exhibirse, sino escribir. Por eso las tres entrevistas que dio en Colombia son frías y poco reveladoras.

Por eso, también, parece lógico que, para la apertura del seminario sobre su obra, decidiera leer un texto en lugar de conversar con alguien en el escenario o de dar un discurso. Para el Nobel, su literatura descubre todo lo que de él puede saberse, no se necesitan más cavilaciones o explicaciones.

Coetzee, el matemático y literato que recibió el Nobel en 2003, está en Colombia gracias a la gestión de Isaías Peña Gutiérrez, director de los programas de creación literaria de la Universidad Central. En un viaje que Peña realizó a Adelaida –donde vive el escritor– le propuso que viniera de visita al país y al Nobel le gustó la idea de inmediato.

El seminario, que va del 8 al 10 de abril, se llama 'Tres días con Coetzee' y en este se encontrarán 26 escritores, lectores, críticos literarios, editores, periodistas, profesores universitarios y ensayistas que reflexionarán sobre su obra. Además, para el cierre del evento, Coetzee leerá otro texto, esta vez sobre la censura.

En la apertura del seminario, después de que Guillermo Páramo Rocha –rector de la Universidad Central– y Roberto Burgos Cantor –director del programa de posgrado de la Facultad de Artes y Letras de la misma institución– le dieran la bienvenida al escritor con unas palabras, Coetzee pasó al frente: “Es un gran placer para mí estar aquí –dijo–. Esta noche les leeré una historia que ha pasado por muchas revisiones en los últimos años y aún no se ha publicado. Aquí está: La anciana con los gatos”.

La protagonista del texto de Coetzee –que tenía la apariencia de un cuento– es Elizabeth Costello, una mujer de más de 70 años que adora los gatos y que vuelve una y otra vez a las páginas del escritor. En esta ocasión, la anciana se reencuentra con su hijo John, a quien cuidó y protegió durante toda su infancia, pero luego abandonó cuando pudo valerse por sí mismo.

En un inglés británico diáfano e invitador, Coetzee empezó su lectura. Su voz sonaba tan amable que parecía que estuviera leyendo un cuento para niños, cuando, en realidad, sus personajes filosofaban sobre la vida, la muerte, el alma y el amor. “El deber hace girar el mundo, no el amor –leyó–. El amor es bonito, pero no siempre fluye”.

El texto, construido con las conversaciones que la madre y el hijo entablaron durante su reencuentro, resultó fascinante para el auditorio. Aunque delicado y sensible, el final provocó carcajadas. Cuando el Nobel terminó de leer, el público no quería dejar de aplaudir. Él, modesto y solemne como siempre, se retiró del atril y volvió a su asiento. Nunca dio a conocer su sonrisa, pero todos la imaginaron mientras leía su cuento. Ahí, en su historia, dejó su risa, su mente, su alma.