La lucha social y política de Keith Haring agitan París

El Museo de Arte Moderno y el centro multidisciplinar CentQuatre de París recuerdan el arte subversivo y militante de Keith Haring con la exposición 'The political line'.
La lucha social y política de Keith Haring agitan París

Icono de la generación pop y de la cultura callejera del East Village de Manhattan, el artista estadounidense ideó un lenguaje de códigos sociales internacionales para combatir el racismo, la violencia, el capitalismo y la homofobia.

Por primera vez, el Museo de Arte Moderno de París y CentQuatre han unido sus fuerzas para presentar una de las retrospectivas más completas de Keith Haring, con más de 250 obras, de las cuales las más monumentales se encuentran en las inmediaciones de la segunda, una joven institución conocida como "Le104".

"Tenía la profunda convicción de que un solo individuo era capaz de movilizar al resto y además temía que las grandes instituciones trataran de adoctrinar a la población. Por eso intentó dialogar con los ciudadanos de todo el mundo, estableciendo la relación más simple y directa", explicó el director de CentQuatre, José Manuel Gonçalves.

Keith Haring (Pensilvania, 1958 - Nueva York, 1990) inauguró, deliberadamente, su producción artística en los muros de las estaciones del metro de Nueva York.

Anhelaba que el arte dejara de ser un privilegio burgués y se convirtiera en una práctica popular. Además sabía que sus "subway drawings" eran el mejor medio de expresión y oposición al "establishment", ya que alcanzarían las miradas de todas las capas sociales.

"Mis dibujos no pretenden imitar la vida, sino crear una nueva vida, inventarla", aseguraba Haring. "Es imposible separar la acción, mi creación, del resultado, vuestra reacción", concretaba.

"Su deseo era que todo el mundo tuviera acceso a sus obras y que éste fuera gratuito, por eso la mayoría de sus proyectos estaban destinados al espacio público", confirmó la comisaria de la muestra, Odile Burluraux.

Haring fue un creador incesante y frenético, concibió casi 10.000 dibujos entre 1980 y 1985, así como un genio de la línea negra y gruesa para acabar trazando formas coloreadas, a veces fluorescentes, sobre un contorno nítido.

Combinaba el arte, la moda y la música -dicen que como mejor trabajaba era escuchando hip hop-, bajo la marca de la cultura demótica, como también lo hizo Andy Warhol, y sobre todo tipo de soportes, desde el papel, la fibra de vidrio, el lienzo, el acero esmaltado o las camisetas.

En sus graffitis utilizaba la técnica "all-over", también manejada por Mark Tobey, que consistía en repartir uniformemente los elementos pictóricos sobre toda la superficie, llevando el "horror vacui" al extremo.

Este pionero sospechaba que las imágenes podían funcionar como palabras, por eso su iconografía -corazones rojos, perros ladradores o "miserables hombres blancos" opresores del resto de pueblos- es, desde entonces, universalmente conocida.

En uno de sus dibujos más famosos Haring denunció con vehemencia el apartheid en Sudáfrica, presentando un inmenso personaje negro inmovilizado por la cadena que sujeta una diminuta figura blanca y a la que el primero da una patada para liberarse.

"Estoy convencido de que no soy blanco. Estoy orgulloso de tener amigos y amantes de todos los colores. Me avergüenzo de mis antepasados", declaraba el joven pintor.

Haring se interesó también por las "contradicciones" históricas y las representó como un gran pene de color rosa donde emplazó la cruz católica, el símbolo del dólar, unos diamantes tallados o una corona, emblemas del "despotismo más exacerbado".

En 1987 el artista manifestó que la "mayor parte del mal que existe sobre la Tierra, se ha hecho en nombre del bien".

Consideró, además, a los medios de comunicación de masas y a la informática una amenaza capaz de manipular y sustituir nuestra realidad por la de las nuevas tecnologías, por eso en algunas de sus pinturas colocó una televisión o un ordenador reemplazando a la cabeza y el cerebro.

"Nos estaba invitando a alzarnos contra la identidad de masas y los estereotipos y a romper la unidad de las fuerzas del orden", observó José Manuel Gonçalves.

Homosexual reconocido y reivindicado, supo que era seropositivo en 1988 y decidió representar el virus del sida como un enorme espermatozoide trepando por el exterior de un huevo, sobre un fondo negro. El artista moriría en 1990, con 31 años.