Julián Arango y Antonio Sanint se pusieron de ruana el teatro en Bogotá

Los comediantes vuelven al ruedo, pero esta vez como actores de la comedia dramática 'Piedras en los bolsillos'. Una obra irlandesa, con humor a la colombiana.
Julián Arango y Antonio Sanint se pusieron de ruana el teatro en Bogotá

El desencanto de ser un actor extra en el cine. ¿Acaso no habría una manera más divertida de explorar las penurias y los sinsabores del oficio de la actuación? Con este tema de fondo, se presenta en el Teatro Fanny Mikey 'Piedras en los bolsillos', obra original de la irlandesa Mary Jones.

Bajo la adaptación y dirección de Pedro Salazar y con la actuación de Julián Arango y Antonio Sanint, la obra recrea un hipotético escenario en el que una producción de Hollywood llega a un pequeño pueblo cualquiera de Colombia y hace que todos sus habitantes queden absortos por el sueño de la fama y la belleza de la farándula internacional.

La producción, que ha sido un suceso en las tablas de Broadway y Londres, y que recibió el premio Lawrence Oliver a mejor comedia en 2001, representa para Arango y Sanint la primera oportunidad de desmarcarse del género del stand-up comedy y medirse al teatro: “Es un reto buenísimo este de soltar, dejar ir, no controlar… –explica Sanint–, es un juego en el que no eres creador ni director, pero tienes que demostrar que eres capaz de actuar”. “El guion ya está escrito y si nosotros le añadimos algo, lo arruinamos” (risas), anota Arango.

Cuando el proyecto estaba en fase de preproducción, Pedro Salazar pensó en ellos. Quería explorar su capacidad histriónica y de transformación en una obra que pone frente al espejo el oficio del actor: “La obra es una crítica al fenómeno de la figura pública en un país sumamente mediático como Colombia, en el que abundan artistas, vedetes y reinas de belleza… Hemos perdido integridad de contenidos y del oficio del actor por el efecto mediático que se hace de nuestros artistas de televisión”.

Transformándose y asumiendo la personalidad de cuatro personajes diferentes, femeninos y masculinos, a lo largo de la trama, Arango considera que esta ha sido una oportunidad de revisar su oficio de comediante: “Creo que el buen comediante es el que no se da cuenta de lo que está pasando porque es tal el viaje, que se está poseído; eso a mí me parece fascinante”.

En medio de una economía de medios tanto en vestuario como en escena, la música es un personaje clave dentro de la historia: “Para mí todo el teatro es musical, sea de prosa o se trate de ópera, la comedia funciona orquestando el tiempo para que exista ritmo y variación”, comenta Salazar.

Sanint y Arango llevan trabajando 14 años juntos, una larga convivencia que pudiera tornarse absorbente y agotadora, pero de la cual han extraído  el secreto para continuar: “Tratamos realmente de escucharnos entre nosotros, un ejercicio muy difícil”.

Ellos dicen que la experiencia en el escenario les ha enseñado cuándo acelerar y cuándo soltar para que la gente se conecte con su humor. ¿Lo logran? El público podrá verlo hasta el 6 de julio, en el Teatro Nacional Fanny Mikey.