Bogotá rinde un homenaje al arte

Da Vinci, Picasso, Degas y Warhol son algunos de los protagonistas de la exposición Museo Imaginario, de la artista Elsa Zambrano, quien se inspira en las obras de ellos para crear las suyas.
Bogotá rinde un homenaje al arte

En una tienda en Florencia, Elsa Zambrano se encontró con una figura de la Venus de Boticcelli de doce centímetros de altura. De Barcelona se llevó una de las Meninas de Velázquez. Paseando por Arlés, vio a Van Gogh en miniatura, y en Chía, el perro de Jeff Koons.

Durante muchos años, Zambrano fue guardando esos objetos. Obsesiva, como buena coleccionista. En un principio lo hizo por puro placer; coleccionar, para ella, también era un arte. Luego, a medida que pasaron los años, surgió un propósito: crear las obras que conforman la exposición Museo Imaginario, que se presenta hasta el 9 de junio en la galería La Cometa. La muestra está conformada por pequeñas cajas, de 30 centímetros de ancho y 30 de largo, que van pegadas a la pared. Son cajas abiertas que sirven de marco para las obras. Dentro de ellas se ubican, estratégicamente, las figuritas de la colección de Zambrano y las postales de piezas famosas, como la Mona Lisa, de Leonardo De Vinci, o El jardín de las delicias, del Bosco, que la artista tuvo guardadas en álbumes hasta 2010, cuando empezó a pensar en este proyecto.

“La artista toma una reproducción común y potencia la relación emocional que se tiene con la postal como evocadora de memorias, recorridos y viajes”, explica María Clara Bernal en el libro de la exposición. A medida que avanza por la exposición, el espectador se conecta cada vez más con ella, pues primero reconoce una de las hermosas bailarinas de Degas, luego se enreda en el romántico beso de Klimt y después se conmueve con los corazones heridos de Frida Kahlo.Esta exposición surgió, en principio, de las postales de obras de arte que Zambrano fue recolectando por todo el mundo. Cuando llegaba de sus viajes las guardaba en álbumes que guardaba como tesoros. En 2010, la artista sacó las postales y decidió dibujarlas; es decir, hizo copias de las copias. Después de terminar los dibujos, Zambrano decidió sacarlos del papel y convertirlos en creaciones tridimensionales, que le dan al público la sensación de que se ha introducido en ellas.

“Alguna vez se ha preguntado, desde su posición de espectador, ¿cómo es la vida de las obras que admira en las paredes del museo? ¿Qué sucedería si en lugar de ser estático el retrato que observa cobrara vida e iniciara una conversación con usted?”, se pregunta Bernal, y esa es una de las posibilidades que da Zambrano en su museo imaginario. Pero las obras de Zambrano no solo cobran vida, y despiertan la memoria y las emociones, también reflexionan sobre el arte y la historia. En una de sus cajas se pueden ver, reunidas, un par de postales de Jackson Pollock, la Estatua de la Libertad y Godzilla, una atractiva puesta en escena en la que aparecen tres de los grandes íconos de la cultura estadounidense, que hablan de la historia de Norteamérica y de la identidad de su pueblo.