Los Habladores, la literatura interpretada por el arte

Los libros de Vargas Llosa, Joyce y García Márquez, entre otros escritores, inspiraron interesantes obras plásticas que pueden verse en la exposición Los habladores, organizada por el Banco de la República, en Bogotá. Para disfrutarla, la paciencia es clave. Hasta el 15 de julio.
Los Habladores, la literatura interpretada por el arte

Varias mujeres se pasean desnudas por las ventanas de un edificio en una ciudad incierta. Una besa a un hombre, otra se deja acariciar. Son provocadoras y peligrosas, hacen parte de una obra de la artista estadounidense Tracey Snelling y están inspiradas en la novela Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. La pieza es una escultura de unos 70 centímetros de altura, que se parece a la minuciosa maqueta de un arquitecto, en la que se ubican tres edificios por cuyas ventanas se ven videos con chicas malas en acción. Frente a esta obra, el espectador se convierte en ansioso voyerista, obligado a espiar a esas mujeres que son reinterpretaciones de la niña perversa y seductora que el nobel peruano describió así: “Con su fachita de modelo, unos ojos oscuros y pícaros y una boquita de labios carnosos, la niña mala era la coquetería hecha mujer”.

Esta obra hace parte de la exposición Los habladores, una muestra en la que el arte contemporáneo le rinde un homenaje a la literatura y que estará hasta el 15 de julio en la Casa Republicana del Banco de la República, en Bogotá. Diecisiete artistas de Colombia, Brasil, Chile, Corea y Suráfrica, entre otros países, dan a conocer su punto de vista sobre obras de García Márquez, Neruda, Joyce, Marx, Calvino o Rimbaud, a través de instalaciones, videos, esculturas, dibujos y fotografías. Algunas de las obras, además, celebran las letras en general, como una pieza que reúne 500 obras literarias que contienen la palabra amor en su título, o la que convierte al libro en un objeto con la capacidad de metamorfosearse en una mariposa .Historias dentro de una historiaLa noruega Selene Wendt, curadora de la exposición, viajó por toda Latinoamérica durante su proceso de investigación. Su gusto particular por Borges, García Márquez, Guimarães Rosa y Octavio Paz la trajo hasta este lado del océano, a donde vino a buscar obras que se relacionaran con la literatura de manera metafórica. Es decir, no buscaba retratos de Aureliano Buendía, sino obras más complejas que le aportaran nuevos significados a esos mundos literarios. “Estos artistas cuentan muchas historias que van más allá de lo que se puede decir con el lenguaje escrito –explica Selene a CROMOS–, y cuanto más tiempo tomemos para leer entre líneas, más ricas son”.   

Esto ocurre con la instalación Dubling, de la brasilera Elida Tessler, que está inspirada en Ulises, de James Joyce. La idea detrás de la obra surgió en una situación surrealista en medio de un café en París, donde un mesero bibliófilo citó a Joyce mientras le servía a la artista una copa de vino: “El hombre y la mujer, el amor, ¿qué son? Un corcho y una botella”. Inspirada por esa experiencia, Tessler leyó la novela seis veces y marcó cada verbo que encontró: 4.311 en total. Luegoconsiguió 4.311 corchos y en ellos estampó cada uno de los verbos en gerundio: soñando, amando, esperando… Para terminar, insertó esos corchos en botellas de vino vacías que ubicó una al lado de la otra. A simple vista el espectador podría pensar que se encuentra en una embotelladora, pero luego Joyce se revela. “La idea del hombre y la mujer como un corcho y una botella me llevó a pensar en la noción de encajar que, en términos físicos, es un encaje perfecto –cuenta Tessler–. Repetir el movimiento de introducir el corcho en la botella, un gesto tan erótico, fue esencial para entender a Joyce. También es clave pensar que todo romance puede considerarse una botella lanzada al mar. ¿A quién llegará el mensaje que va adentro?”.  

Es una exposición para ver con calma. Nada en esta muestra es evidente, todo se esconde y se descubre lentamente. Y cada hallazgo es estimulante y poético. Así que está pensada para espectadores pacientes y curiosos, dispuestos a esperar.La mezcla perfectaEn Los habladores los artistas se enfrentan a la literatura desde distintos puntos de vista. En el caso de la video-instalación de la colombiana Monika Bravo, Landscapes of belief, las palabras funcionan como material para construir ciudades. Sobre tres vidrios transparentes, ubicados uno detrás de otro, se proyectan textos del libro Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, que, a medida que aparecen, delinean los horizontes de reconocidas ciudades como Londres, París y Nueva York. “El espectador toma conciencia sobre el poder que tienen las ideas y las creencias para definir el paisaje de sus vidas”, cuenta Bravo.

Para ella, las palabras son materia prima; para Tessner, la literatura es inspiración. Snelling, por su parte, considera que el encanto de la relación entre el arte y las letras radica en que juntas producen más emociones: “Si a un poema de Octavio Paz le agrego color, humedad, video y el sonido de un piano, se convierte en algo parecido a una canción de amor o a una hermosa mujer”.  

Otros artistas buscan la relación del lenguaje con la historia, como la colombiana Liliana Arango, quien reflexiona sobre la raza negra: “Me interesa la palabra escrita para pensar en la posibilidad de la libertad o para entender una historia de opresión”.

Ya sea para plantear asuntos políticos, metafísicos o románticos, Los habladores es una muestra poética que lleva a que la literatura no solo se lea, sino que se vea, se viva, se sienta.