'Signapura' cuando los pies de los bailarines se vuelven pinceles

Luis Casanova es el artista que le traza la huella al ballet. Este peruano pone a los bailarines a ejecutar improvisaciones y coreografías de grandes piezas musicales sobre pigmentos de varios colores, esparcidos sobre hojas de papel que luego se convierten en obras abstractas.  
'Signapura' cuando los pies de los bailarines se vuelven pinceles

por: Juan Pablo García/@DaddyWells

El resultado final depende de muchas variables, pero el arte de Casanova Sorolla depende más que todo del espacio. La atmósfera donde el bailarín oirá la música y se moverá sobre el papel cubierto en una fina capa de pigmento, determina qué energía queda grabada: la luz que cae del techo, el silencio de las columnas, la vanidad del bailarín frente a las cámaras. Todo esto yace, aunque no parezca, en los rectángulos de 1,5 por 3 metros que sirven de soporte.

 

Signapura 2013 from CasanovaSorolla on Vimeo.

 

Casanova usa dos líneas diferentes para SIGNAPURA, el nombre que lleva este concepto artístico. En una, el bailarín recibe la orden de perderse en el movimiento, de improvisar el baile. Casanova le agrega el buen humor para que el bailarín verdaderamente sienta el ritmo del espacio, y les compra el instante con su atención total.    La otra línea es más metódica. Casanova colabora con el bailarín y, juntos, eligen diferentes pasos de ballet teniendo en cuenta la cantidad, la dirección y el tiempo. Mientras que la estética de la improvisación es orgánica, la de la composición es más controlada. Las dos producen la firma de un momento efímero, cada paso queda marcado como trazos de una obra abstracta, todo mezclado en un caos organizado.   En el momento de bailar, el bailarín entra en otro estado mental, puede moverse sin pensar en las estrictas reglas de la coreografía. En lugar de las cientos de personas que generalmente presencian el ballet, en este instante los observadores son solo el papel y el artista.    SIGNAPURA surge de la admiración que Casanova le tiene al ballet. “Me deleitaba verlos entrenar, el reflejo de los movimientos que se plasmaban en el piso gracias a las luces de los escenarios me hacían ver muchas líneas y colores”, concedió en una entrevista al diario argentino La Nación. El ballet clásico es ideal para la técnica porque simboliza lo más sofisticado que el ser humano ha logrado en términos de movimiento corporal. Es el bello arte del baile, y cuando Casanova llegó a Viena a los 15 años, se identificó con su estética.       

Kirill Kurlaev from CasanovaSorolla on Vimeo.

 

El nombre artístico Casanova Sorolla es la culminación de una vida de preparación para Luis, el hijo menor de una familia de Lima. Su mamá era costurera, hacía vestidos en la casa mientras lo cuidaba a él y a sus dos hermanas. A los ocho años su papá, que era vendedor, encontró una escuela de pintura clásica privada donde decidió matricularlo.   En la prueba de admisión, Luis demostró que tenía una habilidad natural para el dibujo, y la profesora y pintora española Teresa Mestres lo recomendó para la clase de adultos. “Fue ahí donde aprendí todas las técnicas clásicas de la pintura. En lugar de témperas y crayolas, a una temprana edad ya usaba carboncillo y acuarelas”, recuerda Luis.    Creció en un barrio de clase media en el Distrito de Santiago de Surco, siempre rodeado de muchos amigos. Sus más gratos recuerdos son esos, los que pasaba en las fiestas de cumpleaños comiendo torta de chirimoya y jugando con pistolas de plástico. Era un mundo cómodo, pero Luis se sentía inquieto, quería más.    A los 15 años viajó a Viena, donde sus hermanas lo recibieron y lo cuidaron hasta los 18 años. “Ellas siempre se preocuparon de que yo estudiara, trabajara y continuara una vida correcta”, cuenta Luis. Ingresó a la Universidad de Artes Visuales (Akademie der Bildende Kuenste), donde pulió no solo su ojo artístico, sino su mundo. Su familia se había esforzado tremendamente para que él tuviera la experiencia académica que ellos no alcanzaron a tener.   Para llegar a SIGNAPURA, Casanova Sorolla primero pasó por otros proyectos. En Ein Maler pintaba en presencia de otros artistas, con público, dejando que el ambiente de la reunión afectara la obra final. Después exploró las posibilidades del vino como pintura, y creaba paisajes y retratos usando botellas de Malbec y Carménère, entre otras variedades.   SIGNAPURA ocurrió como un siguiente paso natural. En su técnica, las posibilidades son infinitas. La idea de capturar la huella, la pura firma de un paso, algo que solo existe momentáneamente, se puede llevar a lugares inesperados. Incluso, ya ha experimentado con la fotografía que traza el movimiento del músico en plena creación. Uno de sus colaboradores ha sido el director de orquesta colombiano Andrés García, al lado de la marimbista Aleksandra Suklar y el violinista Boris Kuschnir. En sus propias palabras: “el ballet marca un inicio para mí en este trayecto artístico”. Un proyecto que promete dejar huella.       

Fernando Montano from CasanovaSorolla on Vimeo.